Testimonios para los Ministros

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Responsabilidad individual y unidad cristiana*

Sanatorio, California,

16 de enero de 1907

Vivimos en una época cuando todo verdadero cristiano debe mantener una relación viva con Dios. El mundo está lleno de los sofismas del enemigo y estamos seguros solamente cuando aprendemos las lecciones de la verdad del mismo gran Maestro. La obra solemne en que estamos empeñados demanda de nosotros un esfuerzo poderoso y unido bajo la dirección divina. TM 485.1

El Señor desea que sus obreros se aconsejen mutuamente; no que avancen en forma independiente. Los que han sido hechos ministros y guías del pueblo deben orar mucho cuando se reúnen. Eso les brindará una ayuda y un ánimo maravillosos, vinculará corazón con corazón y alma con alma, induciendo a cada hombre a la unidad, a la paz y al poder en sus esfuerzos. TM 485.2

Nuestra fuerza reside en llevar nuestras cargas al gran Portador de cargas. Dios honra a los que acuden a él y le piden ayuda, creyendo con fe que la recibirán. TM 485.3

La ayuda humana es débil. Pero podemos unirnos para buscar ayuda y gracia de Aquel que ha dicho: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. El poder divino es infalible. Vayamos entonces a Dios, implorando la dirección de su Espíritu Santo. Asciendan unidas nuestras oraciones al trono de la gracia. Mezclemos nuestros ruegos con alabanza y expresiones de gratitud. TM 485.4

Responsabilidad individual

Cristo, nuestro Abogado ante el Padre, sabe cómo simpatizar con cada alma. A los que lo reciben como Salvador, les da poder para ser hijos e hijas de Dios. Su vida de perfecta libertad del pecado nos ha preparado el camino; por medio de él se manifiesta la entrada al lugar santísimo. TM 485.5

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. “El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz. Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. El padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. TM 486.1

Todos los que desempeñan una parte en la obra de Jesucristo necesitan una gran medida de educación religiosa. Han de ser colaboradores de Dios, empeñados en una obra sagrada y solemne. Todos deben tener una experiencia personal como alumnos del gran Maestro: Una comunión individual con Dios. Tiene que impartirse nueva vida, y esa vida debe ser alimentada por el Espíritu Santo. Cuando haya una unión espiritual con el Señor Jesús, él moverá e impresionará el corazón. El será el guía, y se desarrollará en la vida una creciente comunión con Cristo. TM 486.2

Jesús es nuestra única esperanza. Podemos contemplarlo: Es nuestro Salvador. Podemos confiar en su palabra y depender de él. Sabe exactamente qué clase de ayuda necesitamos, y podemos confiar seguramente en él. Si dependemos únicamente de la sabiduría humana para conducirnos, nos hallaremos en el bando de los perdedores. Pero podemos acudir directamente al Señor Jesús, pues él ha dicho: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Tenemos el privilegio de aprender de Aquel que dijo: “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”. TM 486.3

Tenemos un auditorio divino al cual presentar nuestras peticiones. Nada nos impida, pues, ofrecer nuestras súplicas en el nombre de Jesús, creyendo con fe inquebrantable que Dios nos escucha y que nos responderá. Llevemos nuestras dificultades a Dios, humillándonos delante de él. Hay una gran obra que hacer; y aunque tenemos el privilegio de reunirnos para aconsejarnos mutuamente, debemos estar bien seguros, en cada asunto que tratemos, de recibir el consejo de Dios, porque él nunca nos desviará del camino recto. No debemos hacer de la carne nuestro brazo. Si lo hacemos, si dependemos mayormente de la ayuda y la dirección humanas, la incredulidad se infiltrará entre nosotros y nuestra fe morirá. TM 487.1

Frecuentemente recibo cartas de personas que me hablan de sus problemas y perplejidades, y que me piden consulte a Dios acerca de cuál es su deber. A aquellos acerca de los cuales el Señor no me ha dado luz, a menudo les he contestado: “No he sido comisionada por Dios para hacer la obra que ustedes me solicitan. El Señor Jesús los ha invitado a llevar sus dificultades a Alguien que comprende toda circunstancia de la vida”. TM 487.2

“Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”. TM 487.3

No deshonraré a mi Señor animando a la gente a venir a mí para pedir consejo, cuando tienen una invitación permanente para ir al que es capaz de llevarlos en peso a ellos junto con todas sus cargas. TM 487.4

“Escrito está en los profetas: y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí... Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo”. TM 488.1

Dios trata con los hombres como individuos, y le da a cada uno su obra. Todos han de ser enseñados por Dios. Por medio de la gracia de Cristo toda alma debe lograr su propia justicia, manteniendo una relación viva con el Padre y el Hijo. Esta es una experiencia genuina que tiene su valor. TM 488.2

La necesidad de una acción armoniosa

Aunque es cierto que el Señor guía a los individuos, también es verdad que está guiando a su pueblo; no a unos pocos individuos aislados por aquí y por allá, que creen una cosa u otra. Los ángeles de Dios están haciendo la obra que se les ha confiado. El tercer ángel está guiando y purificando a un pueblo, y sus miembros deben avanzanr junto con él en forma unida. TM 488.3

Los que estaban en nuestra obra al comienzo ya están desapareciendo. Sólo unos pocos de los pioneros de la causa permanecen ahora entre nosotros. Muchas de las pesadas cargas que antes llevaban algunos hombres de gran experiencia, están recayendo ahora sobre hombres más jóvenes. TM 488.4

Esta transferencia de responsabilidades a obreros cuya experiencia es más o menos limitada, implica algunos peligros contra los cuales necesitamos estar en guardia. El mundo está lleno de contiendas en procura de la supremacía. El espíritu que nos impulsa a separarnos de nuestros colaboradores, el espíritu de desorganización, está en el mismo aire que respiramos. Algunos consideran peligroso todo esfuerzo realizado para poner orden, como si fuera una restricción de su libertad personal, y por lo tanto tan temible como al papado. Declaran que no aceptarán indicaciones de nadie; que no son responsables ante nadie. Se me ha instruido en el sentido de que Satanás realiza esfuerzos especiales para inducir a los hombres a creer que Dios se agrada cuando ellos escogen su propio camino, independientemente del consejo de sus hermanos. TM 488.5

Esta actitud implica un grave peligro para la prosperidad de nuestra obra. Debemos avanzar con cordura y discreción, en armonía con el criterio de consejeros temerosos de Dios, porque sólo si procedemos de esa manera tendremos seguridad y fuerza. De otro modo Dios no puede obrar con nosotros, por medio de nosotros y en favor de nosotros. TM 489.1

¡Oh, cómo se regocijaría Satanás si tuviera éxito en sus esfuerzos por infiltrarse en medio de este pueblo y desorganizar la obra en un momento cuando la organización completa es esencial, puesto que será el mayor poder para impedir la entrada de movimientos espurios, y para refutar pretensiones que no tienen apoyo en la Palabra de Dios! Necesitamos sujetar las riendas en forma pareja, para que no se destruya el sistema de organización y orden que se ha levantado gracias a una labor sabia y cuidadosa. No se debe permitir la acción de ciertos elementos desordenados que desean manejar la obra en este tiempo. TM 489.2

Unidad de esfuerzo

Algunos han adelantado la idea de que, a medida que nos acerquemos al fin del tiempo, cada hijo de Dios actuará independientemente de toda organización religiosa. Pero he sido instruida por el Señor en el sentido de que en esta obra no existe tal cosa como que cada hombre puede ser independiente. Todas las estrellas del cielo están sujetas a la ley, y cada una influye sobre las demás para que hagan la voluntad de Dios, sometiendo su obediencia común a la ley que gobierna sus movimientos. Y para que la obra de Dios* pueda progresar con salud y firmeza, su pueblo debe avanzar unido. TM 489.3

Los movimientos espasmódicos y caprichosos de algunos que pretenden ser cristianos, están bien representados por la forma en que se mueven los caballos fuertes pero no domados. Cuando uno tira hacia adelante, el otro tira hacia atrás; y a la voz del amo uno avanza y el otro se queda inmóvil. Si los hombres no van a avanzar de común acuerdo para llevar a cabo la grandiosa obra que hay que hacer en este tiempo, habrá confusión. No es buena señal que los hombres rehúsen unirse a sus hermanos y prefieran actuar solos. En lugar de aislarse, avancen en armonía con sus colaboradores. A menos que lo hagan, actuarán a destiempo y en dirección equivocada. Obrarán a menudo en contra de la voluntad de Dios, de manera que su trabajo será peor que desperdiciado. TM 490.1

Consejeros, no déspotas

“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón”. Esperemos todos en el Señor, y él nos enseñará cómo trabajar. Nos revelará la obra para la que estamos mejor adaptados. Esto no inducirá a los hombres a iniciar algo con espíritu independiente, a predicar nuevas teorías. En este tiempo, cuando Satanás está tratando de anular la ley de Dios por medio de la exaltación de la falsa ciencia, necesitamos guardarnos muy cuidadosamente de todo lo que tienda a disminuir nuestra fe y a dispersar nuestras fuerzas. Como colaboradores de Dios debemos estar en armonía con la verdad y con nuestros hermanos. Debe haber consultas y cooperación. TM 490.2

Aun en medio de los mayores engaños de los últimos días, cuando se están por realizar milagros engañosos a la vista de los hombres en apoyo de teorías satánicas, tenemos el privilegio de escondernos en Cristo Jesús. Es posible que busquemos y obtengamos salvación. Y en este tiempo extraordinariamente peligroso debemos aprender a permanecer solos, con nuestra fe fija, no en la palabra del hombre, sino en las seguras promesas de Dios. TM 490.3

Entre todos los obreros de Dios debe haber un espíritu de armonía. El Señor ha bendecido especialmente a algunos con una experiencia que los ha capacitado para ser sabios consejeros. En nuestras diversas vocaciones debe haber una dependencia que nos induzca a ayudarnos el uno al otro. Acerca de esto Pedro dice: “Igualmente jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”. TM 491.1

Pero esto no autoriza a nadie a asumir la tarea de ordenar arbitrariamente a sus hermanos que actúen como él cree conveniente, sin tomar en cuenta las convicciones personales que ellos tienen acerca de su deber. Ni han de creer los obreros escogidos por Dios que a cada paso deben esperar para preguntar a alguna autoridad superior si pueden hacer esto o aquello. Mientras colaboran de todo corazón con sus hermanos en la ejecución de los planes generales que han sido trazados para la prosecución de la obra, han de mirar constantemente al Dios de Israel para recibir dirección personal. TM 491.2

A veces alguien a quien se ha conferido responsabilidad como dirigente, concibe la idea de que está en un puesto de suprema autoridad y que todos sus hermanos, antes de avanzar, deben ir primeramente a pedirle permiso para hacer lo que creen que se debe hacer. Esa persona se encuentra en posición peligrosa. Ha perdido de vista la obra del verdadero dirigente del pueblo de Dios. En lugar de actuar como sabio consejero, asume las prerrogativas de un gobernante exigente. Se deshonra a Dios cada vez que se exhibe semejante autoridad y exaltación propia. Nadie que confíe en su propia fuerza ha de erigirse jamás en mente y juicio de alguien a quien Dios está usando en su obra. Nadie debe trazar pautas y reglamentos humanos para gobernar arbitrariamente a sus colaboradores que tienen una experiencia viva en la verdad. TM 491.3

Dios invita a los que han ejercido indebida autoridad que aparten de sus obreros su mano dominadora. Trate toda persona a quien han sido confiadas sagradas responsabilidades de comprender su deber individual ante Dios, y cumplirlo con humildad y fidelidad. Nadie se considere un amo que puede ejercer su poder dominante sobre sus hermanos. Los principios de la Palabra de Dios deben ser enseñados y practicados. TM 492.1

Responsables ante Dios

Aunque debe respetar la autoridad y trabajar de acuerdo con planes sabiamente trazados, todo obrero es responsable ante el gran Maestro por el uso correcto del juicio que Dios le ha dado y de su derecho de esperar sabiduría y dirección del Dios del cielo. Dios es el Comandante y Gobernante supremo. Tenemos un Salvador personal, y no hemos de cambiar su palabra por la palabra de ningún hombre. En las Escrituras el Señor ha dado instrucciones para todo obrero. Las palabras del Obrero maestro deben ser estudiadas con diligencia porque son espíritu y son vida. Los obreros que procuran actuar en armonía con esas instrucciones son dirigidos y guiados por el Espíritu Santo y no necesitan pedir permiso primero a alguien cada vez que tienen que avanzar. No se deben trazar pautas estrictas. Permitid que el Espíritu Santo dirija a los obreros. Mientras sigan contemplando a Jesús, el Autor y Consumador de la fe, los dones de la gracia aumentarán gracias a su sabio uso. TM 492.2

Dios desea que entremos en la debida relación con él. Desea que toda voz sea santificada. Quiere que nuestro ser entero: alma, cuerpo y espíritu, sea plenamente santificado para hacer su voluntad. Ya es tiempo de que comencemos a darnos cuenta de que estamos unidos al Señor Jesucristo por una fe viva y activa; ya es tiempo de que echemos mano de la ayuda que ofrece el Espíritu Santo, y que nuestras palabras revelen que estamos dirigidos por Dios. Creamos en Dios y confiemos en él, y veremos su grandioso poder actuando entre nosotros. TM 492.3

En 1895 escribí lo siguiente a mis hermanos en el ministerio: “Debo hablar a mis hermanos de cerca y de lejos. No puedo guardar silencio. No están actuando de acuerdo con principios correctos. Los que ocupan puestos de responsabilidad no deben pensar que su importante cargo los convierte en hombres de juicio infalible. TM 493.1

“Todas las obras de los hombres están bajo la supervigilancia del Señor. Los hombres estarán completamente seguros si consideran que hay sabiduría en el Altísimo. Los que confían en Dios y en su sabiduría, y no en su propia prudencia, andan por sendas seguras. Nunca se sentirán autorizados a poner bozal al buey que trilla; y cuán ofensivo es que los hombres dominen al instrumento humano que trabaja en sociedad con Dios y a quien el Señor Jesús ha dicho: ‘Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga’. ‘Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios’. TM 493.2

“El Señor no ha puesto a ninguno de sus agentes humanos bajo las órdenes y el control de los que no son sino mortales sujetos a error. No ha conferido a nadie el poder de decir: ‘Tú vas a hacer esto, y tú aquello’... TM 493.3

“Nadie es juez competente del deber de otro. El hombre es responsable ante Dios, y cuando los hombres finitos y sujetos a error se arrogan el derecho de someter a sus semejantes, como si el Señor les hubiera encargado hacer y deshacer, todo el cielo se llena de indignación. Se están aplicando algunos extraños principios con respecto al gobierno de las mentes y obras de los hombres, por parte de jueces humanos, como si esos hombres finitos fueran dioses... TM 493.4

“Las organizaciones e instituciones, a menos que sean protegidas por el poder de Dios, actuarán a las órdenes de Satanás, para poner a los hombres bajo el dominio de los hombres; y entonces el fraude y el engaño asumirán la semejanza del celo por la verdad y por el progreso del reino de Dios... TM 494.1

“El Señor no apoyará ninguna estratagema por medio de la cual el hombre pueda regir u oprimir en lo más mínimo a sus semejantes. La única esperanza de los hombres caídos consiste en mirar a Jesús y recibirlo como el único Salvador. Tan pronto como el hombre comienza a forjar una regla de hierro para sus semejantes, tan pronto como comienza a enjaezar y a guiar a los hombres según su propia opinión, deshonra a Dios, y pone en peligro su propia alma y la de sus hermanos. El hombre pecador puede hallar esperanza y justicia solamente en Dios; y ningún ser humano sigue siendo justo cuando deja de tener fe en Dios y no mantiene una relación vital con él. La flor del campo debe estar arraigada en el suelo; debe tener aire, rocío, lluvia y sol. Florecerá solamente si recibe esos beneficios, y todos proceden de Dios. Así ocurre también con los hombres. Recibimos de Dios lo que sostiene la vida del alma. Se nos amonesta a no confiar en el hombre, ni hacer de la carne nuestro brazo”. TM 494.2

Lo que antecede se publicó en Special Testimonies to Ministers and Workers, No 9. TM 494.3

En 1903 escribí al presidente de una asociación lo siguiente: TM 494.4

“Por medio de un solo agente, Cristo Jesús, Dios ha vinculado misteriosamente a todos los hombres entre sí. A cada hombre le ha asignado algún tipo especial de servicio; y debemos ser rápidos para comprender que hemos de guardarnos de abandonar la obra que nos ha sido asignada para estorbar a otros agentes humanos que están haciendo una obra que no es precisamente la nuestra. A nadie se le ha asignado la tarea de interferir en la obra de uno de sus colaboradores, para tratar de hacerla él mismo, porque la manejaría de tal manera que la echaría a perder. Dios le da a cada uno una tarea diferente de la de otro. TM 494.5

“Recordemos todos que no estamos tratando con hombres ideales, sino con hombres reales elegidos por Dios, hombres precisamente semejantes a nosotros, hombres que caen en los mismos errores en que caemos nosotros, hombres de ambiciones y debilidades semejantes a las nuestras. A nadie se le ha pedido que sea amo, para que gobierne la mente y la conciencia de sus semejantes. Seamos muy cuidadosos en el trato que damos a la herencia que Dios ha comprado con sangre. TM 495.1

“A nadie se le ha asignado la tarea de gobernar a sus semejantes. Cada hombre debe asumir su propia responsabilidad. Puede dirigir palabras de ánimo, fe y esperanza a sus colaboradores; puede ayudarles a cumplir sus propios deberes sugiriéndoles mejores métodos de trabajo; pero en ningún caso ha de desanimarlos y debilitarlos, no sea que el enemigo logre una ventaja sobre sus mentes, ventaja que a su debido tiempo recaerá sobre él mismo. TM 495.2

“El Señor vinculó a todos los hombres consigo mismo mediante cuerdas de tierno amor y simpatía. Acerca de nosotros dice: ‘Somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios’. Debemos reconocer esta relación. Si estamos unidos con Cristo, constantemente manifestaremos una simpatía y una tolerancia semejantes a las de Cristo, hacia los que están luchando con todas las fuerzas que Dios les da para cumplir su responsabilidad, así como nosotros nos esforzamos para llevar nuestras propias cargas. TM 495.3

“En nuestras distintas vocaciones debe existir una mutua dependencia, para ayudarnos el uno al otro. No debe ejercerse un espíritu autoritario, ni siquiera por parte del presidente de la asociación, porque el cargo no convierte a un hombre en un ser infalible. Todo obrero encargado de la administración de una asociación debe trabajar como Cristo trabajó, llevando su yugo y aprendiendo de él su mansedumbre y humildad. El espíritu de un presidente de asociación y su conducta en palabra y en hechos revelan si se da cuenta de su debilidad y pone su confianza en Dios, o si cree que su posición de influencia le da una sabiduría superior. Si ama y teme a Dios, si comprende el valor de las almas, si aprecia cada porción de ayuda que puede prestar un colaborador, habilitado por el Señor, será capaz de vincular corazón con corazón por medio del amor que Cristo manifestó durante su ministerio. Dirigirá palabras de consuelo a los enfermos y dolientes. Si no cultiva modales dominantes, sino que recuerda siempre que Uno es su Señor, es a saber, Cristo Jesús, podrá dar consejo a los inexpertos y podrá animarlos para que sean la mano ayudadora de Dios. TM 496.1

“No se debe impedir que las manos débiles hagan algo por el Maestro. No se debe poner tropiezos frente a los que tienen las rodillas endebles. Dios quiere que animemos a los de manos debilitadas para que se tomen más firmemente de la mano de Cristo y puedan trabajar con esperanza. Toda mano se debe extender para ayudar a la que está haciendo algo por el Maestro. Puede llegar el momento cuando las manos que han sostenido a los débiles, sean sostenidas a su vez por las de aquellos a quienes ministraron. Dios ha ordenado las cosas de tal manera que nadie es totalmente independiente de sus semejantes”. TM 496.2

Para los que ocupan cargos de responsabilidad

Entre los miembros del pueblo de Dios hay algunos que han tenido una dilatada experiencia en su obra, hombres que no se han apartado de la fe. A pesar de las grandes pruebas por las que han pasado, han permanecido fieles. Deben ser tenidos por consejeros probados y escogidos. Deben ser respetados, y su juicio debe ser honrado por los más jóvenes o menos experimentados, aunque estén ocupando cargos de responsabilidad. TM 497.1

Estamos empeñados en una gran tarea y hay muchas oportunidades de servicio en los diversos aspectos de la obra. Oren todos fervientemente para que Dios los conduzca hacia las debidas vocaciones de servicio. Los obreros de Dios no deben desperdiciar ninguna oportunidad de ayudar a otros en toda forma posible. Si piden consejo a Dios, sin egoísmo, su Palabra, que trae salvación, los guiará. Trabajarán a la derecha y a la izquierda, haciendo todo lo que se puede para eliminar de las mentes toda duda y toda dificultad que impidan la comprensión de la verdad. El Espíritu de Dios dará eficacia a sus labores. TM 497.2

El Señor llama a voluntarios, que estén preparados para pronunciar palabras a tiempo y fuera de tiempo, que llamen la atención y convenzan el corazón. El reino de Dios no consiste en ostentación. La luz no se recibirá si se siguen planes egoístas, sino mirando a Jesús, siguiendo las indicaciones de Cristo y no las suposiciones de los hombres. El reino de Dios es justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo. TM 497.3

A menudo ocurre que surgen circunstancias que exigen una acción rápida y a veces se han perdido oportunidades preciosas debido a la demora. El que debió haber actuado rápidamente creyó que debía consultar primero a alguien que estaba muy lejos y que no estaba al tanto de las condiciones reales. Se ha perdido mucho tiempo en pedir la opinión de hombres que no estaban en situación de dar un consejo sabio. Sean guiados por la Palabra de verdad, que señala su deber, todos los obreros de Dios, y sigan sin vacilar las indicaciones que Cristo ha dado. TM 497.4

En 1883 dije a nuestros hermanos reunidos en el Congreso de la Asociación General: TM 498.1

“Satanás se regocija cuando los hombres acuden al hombre y confían en él. El hombre que es objeto de esta confianza indebida está expuesto a tremendas tentaciones. Satanás lo inducirá, si es posible, a tener confianza en sí mismo a fin de que los defectos humanos malogren la obra. Correrá peligro de animar a sus hermanos a depender de él, y a creer que todo lo que tiene que ver con el movimiento de la obra debe ser sometido a su consideración. De ese modo la obra llevará la impronta del hombre y no la de Dios. Pero si todos quisieran aprender a depender de Dios, se evitarían muchos de los peligros que asedian al que está al frente de la obra. Si yerra, si permite que la influencia humana desvíe su juicio, o si cede a la tentación, podrá ser corregido y ayudado por sus hermanos. Y los que aprenden a ir a Dios por sí mismos para recibir ayuda y consejo, están aprendiendo lecciones que les serán de sumo valor. TM 498.2

“Pero si los administradores de una asociación llevan con éxito las responsabilidades que se les han impuesto, deben orar, deben creer, deben esperar que Dios los use como instrumentos suyos para mantener a las iglesias de la asociación en buenas condiciones de trabajo. Esta es la parte de la viña que ellos tienen que cultivar. Debe haber mucha más responsabilidad personal, mucha más meditación y planificación, mucho más poder mental dedicados al Maestro. Esto ampliará la capacidad de la mente, y agudizará las percepciones para saber qué hacer y cómo hacerlo. Hermanos, tendréis que luchar con dificultades, asumir responsabilidades, dar consejos, hacer planes y ejecutarlos, buscando constantemente la ayuda de Dios. Orad y trabajad, trabajad y orad; como alumnos de la escuela de Cristo, aprended de Jesús. TM 498.3

“El Señor nos ha dado la promesa: ‘Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada’. Es el plan de Dios que los que llevan responsabilidades se reúnan a menudo para consultarse mutuamente y para orar con fervor por la sabiduría que sólo él puede impartir. Unidos presentad vuestros problemas a Dios. Hablad menos; se pierde mucho tiempo precioso en conversaciones que no producen luz. Unanse los hermanos en ayuno y oración por la sabiduría que Dios ha prometido dar generosamente. TM 499.1

“Id a Dios y decidle como Moisés: ‘No puedo conducir a este pueblo a menos que tu presencia vaya conmigo’. Luego pedid aún más; orad con Moisés: ‘Te ruego que me muestres tu gloria’. ¿Qué es esta gloria? El carácter de Dios. Así lo proclamó el Señor a Moisés. Aférrese el alma con fe viviente a Dios. Cante la lengua sus alabanzas. Cuando os halléis reunidos, dedicad vuestra mente con reverencia a la contemplación de las realidades eternas. Así os ayudaréis mutuamente a ser espirituales. Cuando vuestra voluntad esté en armonía con la voluntad divina, estaréis en armonía unos con otros; tendréis a Cristo a vuestro lado como consejero”.1 TM 499.2

Independencia no santificada

El Señor no ha calificado a ninguno de nosotros para llevar solo la carga de la obra. Ha relacionado a hombres de diferentes mentalidades para que puedan consultarse y ayudarse mutuamente. De esta manera lo que falta en la experiencia y las habilidades de uno es suplida por la experiencia y las habilidades de otro. Todos debemos estudiar con cuidado la instrucción dada en Corintios y Efesios con respecto a nuestra relación mutua como miembros del cuerpo de Cristo. TM 499.3

En nuestra obra debemos considerar la relación que cada cual tiene con los otros obreros relacionados con la causa de Dios. Debemos recordar que hay otros que como nosotros tienen una tarea que cumplir en relación con esta causa. No debemos cerrar la mente para no recibir consejo. En nuestros planes para impulsar la obra, nuestra mente debe combinarse con otras mentes. TM 500.1

Dispuestos a recibir consejo

Alberguemos un espíritu de confianza en la sabiduría de nuestros hermanos. Debemos estar dispuestos a recibir consejo y palabras de cautela de nuestros colaboradores. Al estar relacionados con el servicio a Dios, debemos comprender individualmente que somos parte de un gran todo. Debemos pedir sabiduría al Señor, y aprender qué significa manifestar un espíritu paciente y vigilante, y acudir a nuestro Salvador cuando estamos cansados y deprimidos. TM 500.2

Es un error apartarnos de los que no concuerdan con nuestras ideas. Esta actitud no inspirará a nuestros hermanos a tener confianza en nuestro juicio. Tenemos el deber de consultarlos y escuchar su consejo. Tenemos que pedirles consejo, y cuando lo den, no debemos desecharlo como si proviniera de enemigos. A menos que humillemos nuestros corazones ante Dios, no conoceremos su voluntad. TM 500.3

Decidámonos a marchar unidos con nuestros hermanos. Dios nos ha impuesto este deber. Alegraremos sus corazones al seguir su consejo, y nos fortaleceremos gracias a la influencia que recibiremos. Además, si creemos que no necesitamos el consejo de nuestros hermanos, cerraremos la puerta a nuestra posibilidad de aconsejarlos. TM 500.4

Quisiera transmitir a cada iglesia este mensaje: El hombre no debe exaltar su propio juicio. La mansedumbre y la humildad de corazón inducirán a los hombres a desear recibir consejo a cada paso. Y el Señor dirá: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí”. Tenemos el privilegio de aprender de Jesús. Pero cuando los hombres llenos de confianza propia piensan que su obra consiste en dar consejo en lugar de desear recibir el de sus hermanos de experiencia, van a escuchar voces que los conducirán por senderos extraños. TM 501.1

Los ángeles de Dios están en nuestro mundo y los agentes satánicos también. Se me ha permitido ver la inclinación que tienen ciertas personas a seguir sus propios fuertes rasgos de carácter. Si rehúsan ponerse en el yugo junto con otros que han tenido vasta experiencia en la obra, la confianza propia los enceguecerá y no distinguirán lo falso de lo verdadero. No es conveniente que tales personas ocupen cargos directivos, pues van a seguir su propio juicio y sus planes. TM 501.2

Los que aceptan las amonestaciones y advertencias que se les dan, andarán por caminos seguros. No cedan los hombres al anhelo de llegar a ser grandes dirigentes, o al deseo de trazar planes independientes para sí mismos y para la obra de Dios. Es fácil para el enemigo actuar por medio de algunos que, a pesar de que ellos mismos necesitan consejo a cada paso, asumen la tarea de custodiar las almas sin haber adquirido la humildad de Cristo. Necesitan consejo del que dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados”. TM 501.3

Nuestros pastores y dirigentes deben comprender la necesidad de consultar a sus hermanos que han estado mucho tiempo en la obra y que han logrado una profunda experiencia en los caminos del Señor. La tendencia de algunos a ensimismarse, y a creerse competentes para planear y ejecutar de acuerdo con su propio juicio y sus preferencias, los pone en dificultades. Esa forma independiente de actuar no es correcta, y no se debe seguir. Los pastores y docentes de nuestras asociaciones deben trabajar unidos con sus hermanos de experiencia, pidiéndoles consejo y acatándolo. TM 501.4

Me siento libre de decir a nuestros hermanos que con humildad de corazón están siguiendo al Señor: Si sabéis que Dios quiere que os ocupéis en cierta obra, adelante. Los que tienen la luz y la conciencia de que Dios los está guiando, no necesitan depender de ningún elemento humano para definir su tarea. Van a recibir consejo de la más alta Autoridad. Encontrarán seguridad, paz y calma solamente si siguen el consejo del mayor Maestro que haya vivido alguna vez en nuestro mundo. No nos apartemos de su consejo infalible. TM 502.1

Pero nuestras impresiones no son siempre una guía segura para determinar nuestro deber. El impulso humano tratará de hacernos creer que es Dios el que nos está guiando, cuando estamos siguiendo nuestro propio parecer. Pero si velamos con cuidado y pedimos consejo a nuestros hermanos, comprenderemos, pues la promesa es: “Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera”. No debemos permitir que las ideas humanas y las inclinaciones naturales obtengan el predominio. TM 502.2

Una exhortación a la unidad

Los obreros de Cristo deben luchar por la unidad. Somos miembros de una misma familia y tenemos un solo Padre celestial. No nos vistamos con mantos de angustia, ni alberguemos dudas y falta de confianza en nuestros hermanos. No debemos herir nuestras almas juntando los cardos y las espinas; en cambio, debemos recoger las rosas, los lirios y los claveles, y exhalar su fragancia mediante nuestros dichos y hechos. TM 502.3

Lo siguiente forma parte de una disertación dirigida a los pastores reunidos en el Congreso de la Asociación General de 1883: TM 503.1

“‘Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad’. TM 503.2

“La forma en que Dios trata a su pueblo a menudo parece misteriosa. Sus caminos no son nuestros caminos ni sus pensamientos nuestros pensamientos. Muchas veces su forma de obrar es tan contraria a nuestros planes y expectativas que nos asombra y confunde. No entendemos nuestra naturaleza perversa; y a menudo, cuando estamos complaciendo el yo, siguiendo nuestras propias inclinaciones, nos congratulamos con la idea de que estamos llevando a cabo el pensamiento de Dios. Por eso necesitamos escudriñar las Escrituras y orar mucho para que, de acuerdo con su promesa, el Señor nos dé sabiduría. TM 503.3

“Aunque cada uno de nosotros tiene su obra y su responsabilidad personales delante de Dios, no debemos seguir nuestro propio juicio sin tomar en cuenta las opiniones y los sentimientos de nuestros hermanos, porque este proceder conduciría al desorden en la iglesia. Los pastores tienen el deber de respetar el juicio de sus hermanos; pero sus relaciones mutuas y las doctrinas que enseñan deben ser probadas por la ley y el testimonio; en ese caso, si los corazones son dóciles, no habrá divisiones entre nosotros. Algunos tienden a ser desordenados y se están apartando de los grandes hitos de la fe; pero Dios está guiando a sus ministros para que sean uno en doctrina y en espíritu. TM 503.4

“A veces algunos hermanos trabajan juntos por muchos años, y creen que pueden confiar en los que conocen tanto como si fueran miembros de su propia familia. Hay en esa relación una libertad y una confianza que no podrían existir entre personas que no fueran de la misma fe. Esto es muy agradable mientras perdura el amor fraternal; pero si se deja que el acusador de los hermanos logre acceso al corazón de uno de estos hombres para controlar su mente y su imaginación, surgirán los celos, se albergarán la suspicacia y la envidia; y el que se creía seguro en el amor y la amistad de su hermano, descubre que se desconfía de él y que se tergiversan sus motivos. El falso hermano se olvida de sus propia debilidades, se olvida de que tiene el deber de no pensar ni hablar mal para no deshonrar a Dios ni herir a Cristo en la persona de sus santos; y todo defecto en que se pueda pensar o que se pueda imaginar es objeto de comentarios inmisericordes, y se presenta el carácter del hermano como oscuro y objetable. TM 503.5

“Se traicionan así cometidos sagrados. Las cosas que se dijeron en hermanable confianza se repiten tergiversándolas; y cada palabra, cada acto, por inocentes y bien intencionados que sean, son sometidos a escrutinio mediante la crítica fría y celosa de personas a quienes se consideraba demasiado nobles, demasiado honorables para aprovecharse en lo más mínimo de esa relación de amistad o de confianza fraternal. Los corazones se cierran en este caso a la misericordia, el juicio y el amor de Dios, y se revela el espíritu frío, escarnecedor y lleno de desprecio que manifiesta Satanás hacia sus víctimas. TM 504.1

“Si el enemigo puede emplear a los profesos creyentes como acusadores de los hermanos, se sentirá muy complacido, porque los que lo hacen lo están sirviendo tan ciertamente como Judas cuando traicionó a Cristo, aunque lo hagan sin saberlo. Satanás no está menos activo ahora que en los días de Cristo, y los que se prestan para hacer su obra manifestarán su espíritu. TM 504.2

“Los rumores que circulan por allí a menudo destruyen la unidad entre los hermanos. Hay quienes observan con mente alerta y oídos atentos para captar al vuelo cualquier escándalo. Reúnen pequeños incidentes que pueden ser insignificantes en sí mismos, pero que se repiten y exageran hasta que se convierte a un hombre en culpable sobre la base de una sola palabra. Su lema parece ser: ‘Infórmennos, e informaremos’. Esos maldicientes hacen la obra de Satanás con sorprendente fidelidad, sin saber cuán ofensiva es su conducta para Dios... La puerta de la mente debe estar cerrada para el ‘Dicen que’, o ‘He oído decir que’. ¿Por qué, en lugar de permitir que los celos o las malas sospechas entren en nuestro corazón, no vamos a nuestros hermanos, y después de presentarles en forma franca, pero bondadosa, las cosas que hemos oído decir en detrimento de su carácter y su influencia, oramos con ellos y por ellos? Aunque no podemos mantener comunión con los acerbos enemigos de Cristo, debemos cultivar el espíritu de mansedumbre y amor que caracterizó a nuestro Maestro: Que no piensa el mal ni se deja provocar... TM 504.3

“Cultivemos diligentemente los puros principios del Evangelio de Cristo: La religión que proviene, no de la estima propia, sino del amor, la mansedumbre y la humildad de corazón. Entonces amaremos a nuestros hermanos y los estimaremos más que a nosotros mismos. Nuestra mente no se espaciará en escándalos ni rumores. Sino que ‘todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad’”. TM 505.1

Como pueblo, hemos sido reprobados por Dios por lo poco que hemos hecho. Cuán importante es, pues, que nos guardemos cuidadosamente de todo lo que pudiera desanimar o debilitar la influencia de un alma que está haciendo una obra que Dios quiere que se haga. Hay victorias que ganar si presentamos un frente unido y buscamos individualmente al Señor. TM 505.2