Testimonios para los Ministros

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Presidentes de asociaciones

2 de agosto de 1896

Se me ha llamado la atención a la instrucción que el Señor se ha dignado dar en Obreros Evangélicos. Me he levantado a las tres de la mañana, y he leído el material contenido en el librito titulado Conference Presidents (Presidentes de Asociaciones), página 232. Las mismas cosas me han sido presentadas una y otra vez. ¿Prestarán atención nuestros hermanos a estas cosas, o se apartarán de la luz? El presidente de la Asociación General debe proceder de acuerdo con la luz dada, no contrariamente a la misma. Si los hombres cierran sus ojos a los testimonios que Dios se ha dignado dar, y creen que es sabiduría andar a la luz de las teas que ellos mismos encendieron, esto echará a perder la iglesia. Tales hombres no están calificados para ser pastores o presidentes de asociaciones; no han tomado consejo de la Fuente de toda sabiduría. TM 327.1

El que sea ubicado en el puesto de presidente de una asociación, debe aprender que el corazón humano es díscolo, y que necesita ser guardado estrictamente por un espíritu vigilante y por la oración. Al buscar al Señor en forma concienzuda y constante, será enseñado por Dios de modo que se convierta en un hombre representativo, y pueda confiarse en él como Dios confió en Abrahán. Necesita toda la armadura de Dios porque tiene que pelear la buena batalla de la fe y permanecer firme, habiendo hecho todo lo que el Espíritu de Dios le ha enseñado a hacer. Sus enemigos pueden ser los de su propia casa, su esposa y sus hijos, o pueden ser sus propias tendencias heredadas y cultivadas, que continuamente tratan de imponerse. El hombre es humano y defectuoso en carácter, y debe batallar por la victoria. Para empezar bien, cada uno debe comenzar en su propio corazón. Ascienda de labios sinceros la oración ferviente. “Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio”, y vendrá la respuesta: “Os daré corazón nuevo”. TM 327.2

Hay lecciones que necesitan aprender todos los que han de ocupar lugares donde serán probados por Dios para que se vea si han de ser anotados día tras día como fieles mayordomos de los talentos confiados por Dios. ¿Han demostrado que tienen el temor de Dios ante ellos, ora sea que traten con superiores, inferiores o iguales? Necesitan albergar la verdad como un principio permanente para que pueda santificar el alma. El poder creador y transformador del Espíritu Santo de Dios hará de ellos partícipes con Jesucristo. Unidos en el yugo con Cristo, pueden ser más que vencedores por medio de él. TM 328.1

El hombre que es plenamente consciente de que está al servicio de Jesucristo, aspirará a la amistad con Dios. Será humilde bajo la mano de Dios, para que no sea nada, y Dios lo sea todo. Un hombre tal es un socio con Cristo, apto para presidir sobre una asociación. Si revela ser circunspecto, está preparado para cualquier posición, de acuerdo con su experiencia y calificaciones. Comprendan las iglesias que ha de ponerse confianza en un hombre tal, y ha de sostenérselo. Ellas pueden ir a él, y hablar con él. Un nombre tal nunca se sentirá suficiente para llevar la obra, aun la de una asociación, sin la gracia constante que Dios le da. No decidirá hacer la obra y llevar la responsabilidad solo. Por medio de una administración sabia, tendrá el tacto para reconocer el talento en los demás. Usará a aquellos que tienen ese talento, y los ayudará, mientras ellos lo ayudarán a compartir sus cargas. TM 328.2

Uníos con los hermanos

Los hombres que sienten que tienen algún servicio que realizar en favor del Maestro, actúan en forma egoísta cuando desean estar solos en su obra y se niegan a relacionarse con aquellos que serían una ayuda para ellos, porque temen que no obtendrán todo el crédito por hacer la buena obra que se jactan de hacer. Esto ha obstaculizado grandemente la obra de Dios. Que un hermano se una a otro hermano. Unid a un Pedro con un Juan. Que cada uno anime a su hermano a estar a su lado, sirviendo con celo e interés, como socios en la gran obra. Dos o tres pueden orar juntos, cantar las alabanzas de Dios juntos, y crecer hasta la plena estatura de colaboradores de Dios. Debe mantenerse una armonía perfecta. Todos deben servir al Señor como niños, sintiendo que son sarmientos de la misma vid. TM 329.1

Anden humildemente con Dios los presidentes de asociaciones, y no tendrán ocasión de escribir al presidente de la Asociación General para que deje su trabajo y arregle los asuntos menudos de ellos. Hasta muchos asuntos de importancia pueden ser llevados a Dios, y él dará consejo en toda asociación. Todos pueden acercarse al Señor. El es mucho más accesible que el presidente de la Asociación General. Eduque el presidente de la Asociación General a los presidentes de las asociaciones a usar de sabiduría en el cuidado de su porción de la viña donde están situados, sin echar sus cargas sobre él. Inducid a esos hombres que tienen capacidad y talento a mirar a Dios, para ser enseñados por él. Enseñadles a ir a la Fuente original para instruir en justicia. Escudriñad las Escrituras. “Toda Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. ¿Cuál es, pues, vuestra excusa para no buscar consejo de Aquel que es infinito en sabiduría, para ir a los hombres finitos, que son tan débiles como vosotros? Hay Uno que ha sufrido por vosotros, el Justo por los injustos. TM 329.2

¡Cuántos pequeños agravios traza el hombre sobre el papel y vuelca en el alma de sus semejantes! ¡Cuán insensato es perpetuar y comunicar a otros aquellas cosas que habría sido mejor que guardarais para vosotros mismos! Nunca escribáis una línea de desánimo. Si hacéis precisamente como Jesús os ha dicho que hagáis, encontraréis ayuda. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. El Señor Dios ha dado abundante evidencia de su disposición a llevar nuestras cargas. Al llevar las cargas de él, él os lleva a vosotros, y también las cargas. El invita a todos los que están trabajados y cargados: “Venid a mí”. No se os dice que debéis recorrer el mundo para contar vuestras dificultades y para depositar vuestras cargas sobre vuestros semejantes. “He aquí yo estoy con vosotros todos los días—dice Cristo—, hasta el fin del mundo”. TM 330.1