Testimonios para los Ministros

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Instrucción práctica para el trabajo

Cooranbong, Australia,

14 de junio de 1896

Queridos Hno. y Hna.-----,

El viernes pasado de noche estuve conversando con ustedes, diciéndoles algo con respecto a sus métodos de trabajo. El Vigilante celestial estaba a mi lado, y me gustaría poder escribir cada palabra que pronunció; pero temo no poder hacerlo. Usted dijo: “Me gustaría saber algo con respecto a mi deber. De alguna manera no me siento satisfecho con el resultado de mi trabajo”. La voz del que estaba junto a nosotros se oyó entonces diciendo: “Ten fe en Dios; aprende de Cristo Jesús. Cuando presentas las verdades sagradas de la Palabra de Dios, exalta a Cristo. Tu gran necesidad consiste en aprender de qué manera enseñaba Cristo. Cuando enseñes a la gente, presenta sólo unos pocos puntos vitales y mantén tu mente concentrada en ellos. Tú introduces en tus discursos ideas sin importancia. No son siempre un sabor de vida para vida, y no tienen verdadera relación con tu texto. Al apartarte de la línea recta, al presentar lo que distrae las mentes del tema, debilitas todo lo que has dicho antes”. TM 309.1

Una presentación incoherente de la verdad

Dios no quiere que usted llegue a la conclusión de que el Espíritu lo impresiona cuando se aleja de su tema, e incluye asuntos ajenos con el propósito de reprender, que no debieran mencionarse en relación con las solemnes y sagradas palabras de verdad. Al hacerlo, usted se desorienta y debilita el efecto de lo que es útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia. Le ha quitado eficacia a muchas ideas preciosas al mezclarlas con otros pensamientos que acuden a su mente pero que no tienen relación con el tema. Lo que no tiene nada que ver con el asunto que está tratando, no debe hallar cabida en sus discursos. TM 309.2

Hay corazones en este mundo que claman en voz alta por el Dios vivo. Pero la desvalida naturaleza humana ha recibido alimento sin sabor; se han dado discursos en las iglesias que no satisfacen a las almas hambrientas. No hay en ellos la presencia divina que toca la mente y rodea el alma de una aureola. Los oyentes no pueden decir: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” La gente recibe paja en abundancia, pero ésta no puede despertar al transgresor ni convencer a las almas de pecado. Las almas que vienen a escuchar necesitan una presentación clara y directa de la verdad. Los que han probado la Palabra de Dios han vivido por mucho tiempo en una atmósfera sin Dios y anhelan la presencia divina. TM 310.1

Ciña los lomos de su entendimiento para que pueda presentar en forma aceptable la verdad de Dios. Predique la verdad con sencillez, pero que sus discursos sean cortos. Espáciese definidamente en unos pocos puntos importantes. Comprenda a cada momento que debe contar con la presencia del Espíritu Santo, porque él puede realizar la obra que usted no puede hacer por sí mismo. Si alguna preocupación desagradable embarga su mente, líbrese de ella mediante esfuerzo personal o por medio de la oración fervorosa, antes de presentarse delante de la gente. Ruegue con sinceridad a Dios para que le quite esa preocupación. Limítese definidamente a unos pocos puntos. Dé a la gente trigo puro, debidamente aventado de todo el tamo. No permita que sus discursos abarquen tanto que se vea debilidad donde debieran verse argumentos sólidos. Presente la verdad tal cual es en Jesús, para que los oyentes reciban la mejor impresión. TM 310.2

Los sermones largos

Hable brevemente. Sus discursos duran por lo general el doble de lo que debieran durar. Es posible tratar de tal manera algo bueno que pierda su sabor. Cuando un discurso es demasiado largo, la última parte de la predicación debilita lo precedente y disminuye el interés en ello. No divague; vaya directamente al grano. Dé a la gente el verdadero maná del cielo, y el Espíritu Santo dará testimonio a su espíritu de que no es usted el que habla, sino que el Espíritu Santo habla por medio de usted. El maestro de la Palabra de Dios debe hablar primeramente con Dios, y entonces puede presentarse ante la congregación mientras el Espíritu Santo obra en su entendimiento. Si coopera fielmente con Cristo, se cumplirá la promesa: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días”. TM 311.1

Cuide de no perder nunca la sensación de la presencia del divino Vigilante. Recuerde que está hablando no sólo ante una concurrencia entenebrecida, sino a Alguien a quien siempre debe tener en cuenta. Hable como si todo el universo del cielo estuviera ante usted, junto con el grupo de ovejas y corderos de Dios que debe alimentar. TM 311.2

Predique la palabra

Los que pretenden predicar la Palabra deben hacerlo recordando siempre que son obreros juntamente con Dios. De él procede su eficiencia y, si se le da la oportunidad, obrará por medio de ellos. Si son humildes, si no confían en su propia supuesta sabiduría y capacidad, Dios pondrá argumentos en su mente y hablará a través de sus labios. También impresionará las mentes de los oyentes, para preparar sus corazones a fin de recibir la simiente que se siembra. TM 311.3

Hermano mío, el poder de Dios debe hacer una obra diaria en favor de usted, porque si no, en lugar del Espíritu Santo, el enemigo de Dios y del hombres estará a su lado. Bajo su influencia, su obra manifestará debilidad. Los más preciosos puntos de fe que se relacionan con la salvación del alma serán malogrados y mutilados en sus manos. TM 312.1

A menos que cambie su forma de trabajar, dará una formación deficiente a los que se relacionan con usted en la obra. Ojalá que su corazón luche y se quebrante gracias a su sed de Dios, del Dios vivo. No permita que nada desvíe su mente de la obra de Dios y la encamine hacia asuntos sin importancia. Con todas las energías que Dios le ha dado, trabaje fervientemente y con oración, pidiendo a la iglesia que coopere con usted. No confíe en sí mismo; por el contrario, descanse en la seguridad de que Dios es el Obrero Jefe. Usted es sólo su siervo y su obra debe proclamar estas palabras: “Somos colaboradores de Dios”. TM 312.2

La negación del yo

De ninguna manera se atribuya gloria. No trabaje con la mente dividida, tratando de servir al yo y a Dios al mismo tiempo. Mantenga el yo fuera de la vista. Guíen sus palabras a los cansados y trabajados para que lleven sus cargas a Jesús. Trabaje como viendo al que está a su mano derecha, listo para impartirle su eficiencia y su poder omnipotente en toda emergencia. TM 312.3

El Señor es su Consejero, su guía, el Capitán de su salvación. Va delante de su rostro, venciendo y para vencer. Conságrese a sí mismo a él, en alma y cuerpo, eliminando toda complacencia propia. Niéguese a sí mismo; tome su cruz y trabaje con fervor por el Maestro. No gaste innecesariamente su fuerza dando largos discursos. Esto consume la vitalidad, de manera que no queda fuerza suficiente para realizar la parte más importante de la obra: el ministerio de casa en casa. TM 312.4

La obra del evangelista

Enseñar las Escrituras, orar con las familias, ésta es la obra del evangelista y debe combinar ese trabajo con la predicación. Si deja de hacerlo, la predicación será en gran medida un fracaso. Debe ser celoso de sí mismo. Usted y su esposa deben hacer un esfuerzo personal para acercarse a la gente. Enséñenles que el amor de Dios debe llegar al santuario íntimo de la vida del hogar. Si lo desean, pueden poseer el poder interior del Espíritu Santo para ayudarlos en su tarea. TM 313.1

Estamos dando el último mensaje de misericordia a un mundo que perece, y Dios nos pide que le demos frescura y poder a su obra. Podemos hacerlo sólo con la ayuda del Espíritu Santo. Las tendencias heredadas y los malos hábitos deben ser disciplinados y crucificados a menudo. Humíllense bajo la mano de Dios, porque sus caminos no son los de Dios, y ustedes dos tienen mucho que aprender en la escuela de Cristo. TM 313.2

Anoche se les dirigieron estas palabras de instrucción: “Busquen el consejo de sus hermanos. Sus planes necesitan la cuidadosa consideración de otras mentes”. Se han dado advertencias acerca de depender de los hombres y confiar en su sabiduría. El tentador se propone desviar a los hombres persuadiéndolos a que dejen de mirar a Jesús en procura de fuerza y eficiencia, para que hagan de la carne su brazo. Esto se ha hecho en muchas oportunidades. Satanás ha armado su trampa para cazar a los hombres y ponerlos de su parte, tratando de prevalecer sobre ellos induciéndolos a depender de sus semejantes finitos y descarriados. TM 313.3

Los extremos y sus peligros

Pero cuando se da una reprensión acerca de este asunto, el enemigo toma el consejo dado y lo presenta en forma tan pervertida que los que desean seguir su propio juicio se sienten libres de trazar planes y proyectos relativos a importantes medidas, sin solicitar el consejo de sus hermanos. De esa manera otro error pugna por obtener reconocimiento. Los hombres se van a un extremo, y si se los corrige, se van al otro opuesto. TM 314.1

Ustedes están en peligro de cometer errores si actúan según su propia supuesta sabiduría. Necesitan consejo. No disponen de la eficiencia necesaria para realizar toda clase de trabajos, y no deben comenzar obra en lugares importantes si existe el peligro de que coloquen un fundamento que no puedan terminar. Dios debe darnos su luz en forma definida, y el deber tiene que ser claro e inconfudible antes que uno o dos hombres entren en campos nuevos e importantes. Necesitan consultar con sus hermanos porque hay peligro de que se apresuren a trazar planes e idear métodos. TM 314.2

Se han dicho con respecto a los hermanos algunas palabras que nunca debieran haberse pronunciado. Se les han comunicado los conceptos equivocados que existían en otras mentes, de manera que las mentes de ustedes han entrado en una corriente de pensamiento especulativo que no es segura ni correcta. Vigilen sus pensamientos. Guarden celosamente los impulsos de la mente y el corazón. Se han pronunciado palabras que los han inducido a poner más confianza que la conveniente en sus propios métodos y planes. Surgen de los labios de ustedes palabras que Dios no ha ordenado ni sancionado. Presten atención a esto, no sea que cuando llegue el tiempo en que puedan manifestar amistad y desempeñar el papel de un amigo, mediante un consejo sano, no estén preparados para darlo. TM 314.3

La importancia de consultar con otros

No deben independizarse de todo consejo. Es deber de ustedes consultar con sus hermanos. Esto puede afectar el orgullo, pero la mente humilde, enseñada por el Espíritu Santo, escuchará el consejo y descartará toda confianza propia. Cuando reciban un consejo que no esté de acuerdo con sus deseos personales, no deben pensar que poseen suficiente sabiduría como para aconsejar a otros, o que se pueden permitir el desoír ese consejo. TM 315.1

Dondequiera trabajen, será necesario que combinen sus esfuerzos con los de otros obreros eficientes. Nadie es completo en sí mismo; nadie es capaz de terminar con éxito una serie de reuniones; pero puede hacer su parte junto con otros obreros. Esto tal vez parezca humillante, pero no debe serlo, porque Dios ha concedido diversidad de dones y desea que se combinen en perfecta armonía. TM 315.2

Ustedes necesitan comprender el peligro que implica examinar los asuntos desde su punto de vista, solamente con sus propios ojos o discernimiento. Sería bueno que explicaran francamente sus planes a sus hermanos, para que sepan cómo los ven ellos desde su punto de vista, porque las circunstancias pueden impresionar tan vívidamente la mente de ustedes que les resulte imposible emitir un juicio cabal acerca del asunto. Sus planes deben ser minuciosamente examinados y, con ferviente oración, encomienden su caso al que lo sabe todo. Consúltense mutuamente. No permitan que los susurros de su propia mente o la de otros cierren la puerta del corazón al consejo de los siervos del Señor. TM 315.3

9 de agoto de 1896. Le estoy escribiendo esto porque es un asunto serio que implica graves consecuencias y que afectará el futuro de la obra en otras localidades. El Hno.-----no necesita palabras de adulación de parte suya, porque ya tiene en gran estima sus propios talentos y los saca a relucir desmereciendo a los demás. No se da cuenta de que quiere ser el primero. No está preparado para asumir las responsabilidades de un ministro del Evangelio, porque necesita un espíritu humilde y contrito. Necesita seguir dando estudios bíblicos y, cuando sus hermanos vean que está en condiciones de ser un predicador del Evangelio, tal cosa será evidente. Tenga cuidado. TM 315.4

La obra del colportaje

No veo por qué el colportaje no puede ser una obra tan buena y de tanto éxito como cualquier otra que se haga para el Señor. Los colportores pueden llegar a familiarizarse con las personas, pueden orar con ellas y entender sus verdaderas necesidades. Por la luz que Dios me ha dado, afirmo que sobre los colportores descansa una gran responsabilidad. Debieran ir a su trabajo preparados para explicar las Escrituras y nada debe decirse o hacerse para atarles las manos. Si ponen su confianza en el Señor mientras viajan de un lugar a otro, los ángeles de Dios los rodearán, dándoles palabras que proporcionen luz, esperanza y valor a muchas almas. Si no fuera por la obra del colportor, muchos nunca oirían la verdad. TM 316.1

El colportor debiera llevar consigo libros chicos y folletos para los que no pueden comprar libros grandes. De esa manera la verdad puede penetrar en muchos hogares. TM 316.2

De todos los dones que Dios ha dado al hombre, ninguno es una bendición más noble o más grande que el don del habla, si está santificado por el Espíritu Santo. Con la lengua convencemos y persuadimos; con ella ofrecemos oración y alabanza a Dios y con ella transmitimos ricos pensamientos acerca del amor del Redentor. Por medio de su obra el colportor puede esparcir la simiente de la verdad, de manera que la luz de la Palabra de Dios llegue a brillar en muchas mentes. TM 316.3

No desmerece al ministro evangélico

Espero sinceramente que nadie reciba la impresión de que un ministro del Evangelio se rebaja al colportar. Escuche el testimonio del apóstol Pablo: “Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo”. El elocuente Pablo, a quien Dios se manifestó de una manera maravillosa, iba de casa en casa, con toda humildad de espíritu y con muchas lágrimas y tentaciones. TM 317.1

Un ministerio sumamente precioso

Se me ha mostrado que puede realizarse un ministerio sumamente precioso por medio del colportaje, especialmente si lo hacen los pastores. Al hacer esa obra, obtendrán una experiencia variada, y estarán haciendo la misma tarea que cumplió el apóstol Pablo. Copio un extracto de una exhortación hecha a nuestros hermanos con respecto a colportar con revistas y libros: “La obra de colportaje es un importante campo de labor; y el colportor inteligente, temeroso de Dios y que ama la verdad, ocupa un puesto igual al del pastor evangélico. ¿Debe entonces el colportor sentirse en libertad, lo que también vale para el pastor ordenado, para actuar por motivos egoístas? ¿Debiera ser infiel a todos los principios de la obra misionera, y vender solamente aquellos libros que son los más baratos o los más fáciles de manejar, dejando de colocar ante la gente los libros que darán más luz, porque al hacerlo puede ganar más dinero para sí? La obra de colportaje es una obra misionera, y el campo debe ser trabajado desde un punto de vista misionero. Los principios egoístas, el amor a la dignidad y la posición, no deben ser ni siquiera mencionados entre nosotros. El pensamiento de tratar de llegar a ser el mayor nunca debe afluir a nuestra mente”.* TM 317.2

Tampoco es el objetivo de la predicación el divertir. Algunos ministros han adoptado un estilo de predicación que no tiene la mejor influencia. Ha llegado a ser un hábito para ellos entretejer anécdotas en sus discursos. La impresión así hecha sobre los oyentes no es un sabor de vida para vida. Los ministros no deben colocar historias divertidas en su predicación. La gente necesita alimento puro, cuidadosamente desprovisto de tamo. “Predica la palabra”, fue el encargo que Pablo dio a Timoteo, y ésta es también nuestra comisión. El ministro que mezcla el relato de historias en sus discursos está usando fuego extraño. Dios resulta ofendido, y la causa de la verdad es deshonrada, cuando sus representantes descienden al uso de palabras baratas y frívolas.—The Review and Herald, 22 de diciembre de 1904. TM 318.1