La Música

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2. La música

1. Glorifica a Dios y ayuda a los oyentes a adorarlo de manera aceptable.

2. Debe ser compatible con el mensaje, manteniendo el equilibrio entre el ritmo, la melodía y la armonía. 1 Crónicas 25:1, 6, 7.

3. Debe armonizar la letra con la melodía, sin mezclar lo sagrado con lo profano.

4. No sigue tendencias que abren la mente hacia pensamientos impuros, que llevan a comportamientos pecaminosos o que destruyen el aprecio por lo que es santo y puro. “La música secular o aquella que sea de naturaleza dudosa o cuestionable nunca debiera introducirse en nuestros cultos”.—Manual de la iglesia, 74.

5. No se deja guiar solo por el gusto y la experiencia personales. Los hábitos y la cultura no son guías suficientes en la elección de la música. “En algunas de nuestras iglesias he escuchado solos que eran inapropiados para el servicio de culto en la casa de Dios. Las notas prolongadas y los sonidos peculiares, tan comunes en el canto de ópera, no agradan a los ángeles. Estos se complacen en oír los sencillos cantos de alabanza expresados en un tono natural”.—El Evangelismo, 372.

6. No debe rebajarse con el fin de obtener conversos, sino que debe elevar al pecador hacia Dios. El Evangelismo, 105. Elena de White dice que se volverá a escuchar, justo antes de la terminación del tiempo de gracia, “[...] vocerío acompañado de tambores, música y danza. El juicio de algunos seres racionales quedará confundido de tal manera, que no podrán confiar en él para realizar decisiones correctas. Y a eso consideran como la actuación del Espíritu Santo. El Espíritu Santo nunca se manifiesta en esa forma, mediante ese ruido desconcertante. Eso constituye una invención de Satanás para ocultar sus ingeniosos métodos destinados a tornar ineficaz la pura, sincera, elevadora, ennoblecedora y santificadora verdad para este tiempo”.—Mensajes Selectos 2:41.

7. Provoca una reacción positiva y saludable en quienes la oyen.