El Evangelismo

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La voz del obrero evangélico

El pastor como portavoz de Dios—El hombre que acepta la posición de ser portavoz de Dios debiera considerar que es muy esencial que presente la verdad con toda la gracia y la inteligencia que pueda para que la verdad no pierda nada al ser presentada ante la gente. Quienes consideran que es poca cosa hablar con mala pronunciación están deshonrando a Dios.—Manuscrito 107, 1898. Ev 482.3

Con tonos llenos y sonoros—La habilidad de hablar con sencillez y claridad y con tonos llenos y sonoros, es algo inapreciable en cualquier trabajo. Esta cualidad es indispensable en los que desean llegar a ser ministros evangélicos, obreros bíblicos o colportores. Los que planean entrar en estas especialidades de trabajo debieran aprender a utilizar su voz de tal modo que cuando hablen a la gente acerca de la verdad puedan causar una impresión definida para el bien. La verdad no debe ser echada a perder por ser comunicada mediante una pronunciación defectuosa.—Testimonies for the Church 6:380 (1900). Ev 482.4

Hay que hablar claramente y con expresión—Todos los obreros, ya sea que hablen desde el púlpito o den estudios bíblicos, deben aprender a hablar en forma clara y expresiva.—Carta 200, 1903. Ev 483.1

La voz de los que leen la Biblia debe ser suave y musical—El que lee la Biblia ante la congregación o en el círculo familiar debe ser capaz de leer con una cadencia suave y musical que encante a los oyentes.—Testimonies for the Church 6:381 (1900). Ev 483.2

Debe convencer e impresionar—El arte de leer correctamente y con el énfasis debido es del más alto valor. No importa cuánto conocimiento se pueda haber adquirido en otros ramos, si se ha descuidado el cultivo de la voz y de la forma de expresión para hablar y leer distintamente y en forma inteligible, todo ese conocimiento tendrá poquísima utilidad, porque sin el cultivo de la voz no es posible comunicar pronta y claramente lo que se ha aprendido. Ev 483.3

El aprender a comunicar en forma convincente e impresionante lo que uno sabe, es de especial valor para los que desean llegar a ser obreros en la causa de Dios. Cuanto más expresión se pueda poner en las palabras de verdad, tanto más eficaces serán esas palabras para los que escuchan. Una debida presentación de las verdades del Señor es digna de nuestros esfuerzos más intensos. Realicen esfuerzos decididos para aprender a hablar correcta y enérgicamente los alumnos que se preparan para el servicio del Maestro, para que cuando conversen con otros acerca de la verdad, o cuando se dediquen al ministerio público, puedan presentar apropiadamente las verdades de origen celestial.—Manuscrito 131, 1902. Ev 483.4

La voz del orador afecta las decisiones—Algunos destruyen la solemne impresión que podrían haber hecho sobre la gente al levantar la voz hasta un tono muy alto y al presentar la verdad con gritos y chillidos. Cuando se la expone en esta manera, la verdad pierde mucho de su dulzura, de su fuerza y solemnidad. Pero si el tono de voz es correcto, si es solemne, y si está modulado de tal manera que llegue a ser conmovedor, producirá una impresión mucho mejor. Ev 483.5

Este era el tono con el que Cristo enseñaba a sus discípulos. Los impresionaba con solemnidad; hablaba en forma conmovedora. ¿Pero cuál es el beneficio del griterío? No proporciona a la gente ninguna visión más exaltada de la verdad y no la impresiona más profundamente. Tan sólo provoca una sensación desagradable en los oyentes y agota los órganos vocales del orador. El tono de la voz tiene mucho que ver para impresionar los corazones de los oyentes.—Testimonies for the Church 2:615 (1871). Ev 483.6

El uso debido de los órganos vocales—Hay que prestar cuidadosa atención a los órganos vocales y hay que entrenarlos debidamente. Estos se fortalecen mediante el uso debido, pero se debilitan si se los emplea en forma indebida. Su uso excesivo, tal como ocurre cuando se predican sermones largos, si esto se repite con frecuencia, no sólo dañará los órganos vocales sino también someterá a todo el sistema nervioso a una tensión indebida. La delicada arpa de mil cuerdas se agota, se vuelve irreparable y produce discordancia en lugar de melodía. Ev 484.1

Es importante que cada orador adiestre de tal manera los órganos vocales que consiga mantenerlos sanos, a fin de comunicar las palabras de vida a la gente. Todos debieran aprender cuál es la forma más eficaz de utilizar la habilidad dada por Dios, y debieran practicar lo que aprendan. No es necesario hablar en voz alta o con tono subido, porque esto provoca un gran daño al orador. El hablar rápidamente destruye gran parte del efecto de un discurso, porque las palabras no pueden hacerse tan claras y distintas como cuando se las pronuncia con más lentitud, dando tiempo al oyente para captar el significado de cada palabra. Ev 484.2

La voz humana es un don precioso de Dios; es un poder para el bien, y el Señor desea que sus siervos mantengan su capacidad de despertar las emociones y su melodía. La voz debiera cultivarse para mejorar su capacidad musical, para que resulte agradable al oído e impresione el corazón... Ev 484.3

El Señor requiere que el instrumento humano no actúe a fuerza de impulsos cuando habla, sino que se mueva calmadamente, que hable con lentitud, y que deje que el Espíritu Santo dé eficacia a la verdad. Nunca penséis que estáis dando evidencia de que el gran poder de Dios ha descendido sobre vosotros por el hecho de que habláis apasionadamente, por impulsos, o porque permitís que vuestros sentimientos os induzcan a elevar el tono de vuestra voz hasta alturas anormales... Ev 484.4

Vuestra influencia debe ser abarcante y vuestras facultades de comunicación deben estar bajo el control de la razón. Cuando forzáis los órganos del habla se pierden las modulaciones de la voz. Hay que vencer decididamente la tendencia a hablar con rapidez. Dios requiere de los instrumentos humanos todo el servicio que éstos puedan dar. Todos los talentos confiados a los hombres deben ser fomentados y apreciados, y utilizados como dones preciosos del cielo. Los obreros que trabajan en el campo de la siega son instrumentos destinados por Dios, canales mediante los cuales él puede comunicar luz del cielo. El uso descuidado y negligente de cualquiera de las facultades dadas por Dios disminuye su eficacia de modo que en una emergencia, cuando podría hacerse el mayor bien, están tan débiles, enfermas y estropeadas que consiguen realizar muy poco.—Special Testimonies, Serie A, No 7, 9-11 (1874). Ev 484.5

El cultivo de la voz es importante para el ministro—Los profesores de nuestros colegios no deberían tolerar en los alumnos actitudes desmañadas y gestos toscos, una mala entonación en la lectura y una acentuación o énfasis incorrecto. Hay que instar a cada alumno a alcanzar la perfección en la comunicación y en la voz. Debido al descuido y a una mala preparación, con frecuencia se forman hábitos que resultan en grandes estorbos en la obra de un ministro que es talentoso en otros aspectos. Debe inculcarse en el alumno la convicción de que él es capaz de convertirse en un hombre combinando la gracia con el esfuerzo. Las capacidades mentales y físicas con las que Dios lo ha adornado pueden convertirse en un poder para beneficiar a sus semejantes, mediante el cultivo y el esfuerzo concienzudo.—Manuscrito 22, 1886. Ev 485.1

La cultura de la voz—La cultura de la voz tiene una parte importante en la cultura física, puesto que tiende a dilatar y fortalecer los pulmones, y así aleja la enfermedad. Para conseguir una fonación correcta tanto en la lectura como en la conversación, cuídese que los músculos abdominales tengan libertad de movimientos al respirar y que los órganos respiratorios no estén oprimidos. La tensión debería recaer sobre los músculos del abdomen más bien que los de la garganta. De ese modo se evitará un gran cansancio y una grave enfermedad a la garganta. Debe darse cuidadosa atención al logro de una articulación distinta, tonos suaves y bien modulados y una pronunciación no muy rápida. Esto no sólo estimulará la salud sino que contribuirá en gran medida a que sea más agradable y eficaz el trabajo del estudiante.—La Educación, 195 (1903). Ev 485.2

Hablar a miles es igualmente fácil como hablar a diez—El hablar con la garganta, dejando que las palabras salgan de la parte superior de los órganos vocales, raspándolos e irritándolos todo el tiempo, no es la mejor manera de mantener la salud o de aumentar la eficiencia de esos órganos. Debéis inspirar profundamente y dejar que la acción proceda de los músculos abdominales. Los pulmones deben ser tan sólo el canal, pero no debéis depender de ellos para hacer el trabajo. Si permitís que vuestras palabras procedan de bien abajo, ejercitando los músculos abdominales, podéis hablar a miles de personas con tanta facilidad como cuando habláis a diez personas.—Testimonies for the Church 2:616 (1871). Ev 485.3

Hay que respirar correctamente—Los ministros debieran pararse derechos y hablar con lentitud, firmeza y claridad, inspirando profundamente antes de pronunciar cada frase y expresando las palabras mediante la acción de los músculos abdominales. Si observan esta regla sencilla y si prestan atención a las leyes de la salud en otros aspectos, pueden preservar su vida y utilidad durante mucho más tiempo que en el caso de hombres de cualquier otra profesión. El pecho se ampliará, y... el orador pocas veces enronquecerá aunque hable constantemente. Los ministros, en lugar de ponerse tuberculosos, siendo cuidadosos pueden vencer toda tendencia a la tuberculosis.—Testimonies for the Church 4:404 (1880). Ev 485.4

Hay que hablar con calma y lentitud—En los días de mi juventud acostumbraba hablar en tono demasiado alto. El Señor me mostró que yo no podía realizar una impresión debida sobre la gente elevando la voz a un tono antinatural. Luego me fue presentado Cristo y su manera de hablar; y en su voz había una dulce melodía. Su voz, expresada con lentitud y calma, llegaba a sus oyentes, y sus palabras penetraban en sus corazones, y ellos eran capaces de aprehender lo que él había dicho antes de que pronunciara la frase siguiente. Al parecer algunos piensan que deben correr todo el tiempo, porque si no lo hacen perderán la inspiración y la gente también perderá la inspiración. Si eso es inspiración, que la pierdan y, cuanto antes mejor.—Manuscrito 19b, 1890. Ev 486.1