El Evangelismo

120/169

El obrero que evangeliza por medio del canto

Preparación para el evangelismo mediante el canto—Debiera haber mucho más interés en la educación de la voz que el que ahora se manifiesta. Los alumnos que han aprendido a cantar dulces cantos evangélicos con melodía y claridad pueden hacer mucho bien como evangelistas por medio del canto. Encontrarán muchas oportunidades para utilizar este talento que Dios les ha dado, llevando melodías y luz a muchos lugares solitarios, entenebrecidos por el pecado, la tristeza y la aflicción, y cantando para los que pocas veces pueden disfrutar de los privilegios de la iglesia.—The Review and Herald, 27 de agosto de 1903. Ev 367.6

Un poder para ganar almas—La voz humana tiene mucho poder afectivo y musicalidad, y si el que aprende realiza esfuerzos decididos adquirirá el hábito de hablar y cantar que será para él un poder para ganar almas para Cristo.—Manuscrito 22, 1886. Ev 367.7

Dando un mensaje especial mediante el canto—Hay personas que poseen el don especial del canto, y hay veces cuando un solista o un coro dan un mensaje especial. Pero en contadas ocasiones deben ocuparse del canto sólo unas pocas personas. La habilidad de cantar es un talento de influencia que Dios desea que todos cultiven y usen para la gloria de su nombre.—Testimonies for the Church 7:115, 116 (1902). Ev 368.1

Entonación y pronunciación claras—No hay palabras que puedan expresar debidamente la profunda bendición del culto genuino. Cuando los seres humanos cantan con el Espíritu y el entendimiento, los músicos celestiales toman las melodías y se unen al canto de agradecimiento. El que ha derramado sobre todos los dones que nos capacitan para ser obreros juntamente con Dios, espera que sus siervos cultiven sus voces de modo que puedan hablar y cantar de manera que todos puedan comprender. Lo que se necesita no es cantar fuerte, sino una entonación clara y una pronunciación correcta. Dediquen todos tiempo a cultivar la voz de modo que puedan cantar las alabanzas a Dios en tonos claros y suaves, sin asperezas ni chillidos que ofenden el oído. La habilidad de cantar es don de Dios; utilicémosla para darle gloria.—Testimonies for the Church 9:143, 144 (1909). Ev 368.2

Factores que intervienen en la música efectiva—La música podría ser un gran poder para el bien, sin embargo no aprovechamos como debiéramos esta forma de rendir culto. El canto por lo general se hace por impulso o para satisfacer casos especiales, y otras veces se deja que los que cantan lo hagan cometiendo errores; en esta forma la música pierde el efecto que podría ejercer sobre las mentes. La música debiera tener belleza, sentimiento y poder. Elévense las voces en cantos de alabanza y devoción. Llamad en vuestro auxilio instrumentos musicales, si eso es posible, y asciendan hacia Dios las gloriosas armonías como una ofrenda aceptable. Ev 368.3

Pero en ciertas ocasiones es más difícil disciplinar a los que cantan y conseguir que lo hagan en forma adecuada, que mejorar los hábitos de oración y exhortación. Muchos quieren hacer las cosas de acuerdo con su propio método; se oponen a las consultas y se impacientan cuando otro los dirige. Se requieren planes bien maduros en el servicio de Dios. El sentido común es algo excelente en el culto que se rinde al Señor.—Gospel Workers, 325 (1892). Ev 368.4

El director celestial de canto—Se me ha mostrado el orden, el perfecto orden, en el cielo y he quedado extasiada escuchando la música perfecta de ese lugar. Después de salir de la visión, el canto de aquí me ha parecido muy áspero y discordante. He visto compañías de ángeles ubicados en una plaza baja, cada uno con una arpa de oro... Hay un ángel que siempre conduce, que siempre toca primero el arpa y da la nota, y luego todos se unen en la exquisita y perfecta música del cielo. No puedo describirla. Es una melodía celestial, divina, mientras cada rostro refleja la imagen de Jesús, con un fulgor de gloria inenarrable.—Testimonies for the Church 1:146 (1857). Ev 368.5

Un programa de canto bien dirigido—El pastor no debe asignar himnos para ser cantados a menos que se le haya asegurado de antemano que son familiares para los que cantan. Debe señalarse a una persona idónea para que se haga cargo de este ejercicio, y será su deber tratar de que se seleccionen himnos tales que puedan ser cantados con el espíritu y también con el entendimiento. Ev 369.1

El canto forma parte del culto a Dios, pero en la forma chapucera con que con frecuencia se lo conduce no se acredita la verdad y no se honra a Dios. Debiera haber métodos y orden en esto tanto como en cualquier otra parte de la obra del Señor. Organícese un grupo con los mejores cantantes, cuyas voces puedan conducir a la congregación, y luego únanse a ellos todos los que así lo deseen. Los que cantan debieran realizar un esfuerzo para cantar en armonía; debieran dedicar algún tiempo a la práctica a fin de emplear este talento para la gloria de Dios. Ev 369.2

Pero no debiera permitirse que el canto aparte la atención de las horas devocionales. Si es necesario descuidar una de estas dos actividades, descuídese el canto.—The Review and Herald, 24 de julio de 1883. Ev 369.3

Atracción de la voz humana—La voz humana que canta la música de Dios con un corazón lleno de gratitud y agradecimiento, es para él mucho más agradable que la melodía de todos los instrumentos musicales que han sido inventados por manos humanas.—Carta 2c, 1892. Ev 369.4

Precauciones—Fui llevada a algunos de sus ensayos de coro, y se me hizo leer los sentimientos existentes en el grupo que Ud. dirige. Había celos mezquinos, envidia, crítica y murmuración. Dios requiere un servicio prestado de todo corazón; el formalismo y el servicio prestados solamente de labios son como bronce que resuena y como címbalo que retiñe. Su canto tiene como finalidad la ostentación, y no la alabanza a Dios con el espíritu y el entendimiento. La condición del corazón revela la calidad de la religión del que profesa la piedad.—Carta 1a, 1890. Ev 369.5