El Evangelismo

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La actuación y los métodos de Elena G. de White para trabajar por las personas

Una experiencia temprana—La realidad de una verdadera conversión parecía tan sencilla que creía estar ayudando a mis jóvenes amigas a venir a la luz, y en toda oportunidad ejercía mi influencia en esa dirección. Ev 328.1

Hice planes para realizar reuniones con mis jóvenes amigas, algunas de las cuales eran considerablemente mayores que yo, y unas pocas eran personas casadas. Algunas de ellas eran vanas y frívolas; mi experiencia les sonaba como un cuento ocioso, y no prestaban oído a mis ruegos. Pero yo resolví que mis esfuerzos no cesarían nunca hasta que estas amadas almas por las cuales tenía un interés tan grande, se entregaran a Dios. Varias noches enteras las pasé en fervorosa oración por aquellas personas a quienes había buscado y reunido con el propósito de trabajar y orar con ellas. Ev 328.2

Algunas de éstas se habían unido a nosotras por la curiosidad de escuchar lo que yo tenía que decir; otras pensaron que yo estaba fuera de mí al ser tan persistente en mis esfuerzos, especialmente cuando no manifestaron preocupación alguna de su parte. Pero continué exhortando a cada una de las que concurrían a nuestras pequeñas reuniones, y orando con cada una por separado, hasta que todas se hubieron entregado a Jesús, reconociendo los méritos de su amor perdonador. Cada una se convirtió a Dios. Ev 328.3

Noche tras noche, en mis sueños, me parecía estar trabajando por la salvación de las almas. En tales ocasiones se presentaban a mi mente casos especiales; después trataba de buscar a estas personas y orar con ellas. En todos los casos, salvo en uno, estas personas se entregaron al Señor.—Life Sketches of Ellen G. White, 41, 42 (1915). Ev 328.4

Veintidós años después de sembrar la semilla—Después de haber terminado la reunión [uno de los cultos del congreso de Míchigan], una hermana me tomó sinceramente de la mano, expresando gran regocijo por encontrarse de nuevo con la Hna. White. Preguntó si yo recordaba haber visitado una vez una casa de madera en los bosques, veintidós años atrás. Ella nos sirvió un refrigerio, y yo le dejé un librito titulado: Experience and Views. Ev 328.5

Declaró que había prestado ese librito a sus vecinos, a medida que nuevas familias se establecían en su vecindario, hasta que el librito se gastó casi completamente; expresó su gran deseo de obtener otro ejemplar del mismo libro. Sus vecinos estaban profundamente interesados en él, y se sentían anhelosos de ver a la autora. Dijo que cuando la visité, le hablé de Jesús y de las hermosuras del cielo, y que las palabras fueron habladas con tal fervor, que quedó encantada y que nunca las había olvidado. Desde ese tiempo el Señor había enviado a pastores para predicarles la verdad, y ahora había todo un grupo de observadores del sábado. La influencia de ese librito, ahora gastado por el uso, se había extendido de uno a otro, realizando su obra silenciosa, hasta que el terreno estaba listo para la simiente de la verdad. Ev 328.6

Bien recuerdo el largo viaje que realizamos hace veintidós años, en Míchigan. Estábamos de viaje para realizar una reunión en Vergennes. Nos encontrábamos a veinte kilómetros de nuestro destino. Nuestro conductor había recorrido repetidamente ese camino, y lo conocía bien, pero se vio obligado a reconocer que se había perdido. Viajamos sesenta y cinco kilómetros ese día, por los bosques, sobre troncos y árboles caídos, donde apenas había un rastro de camino... Ev 329.1

No podíamos entender por qué debíamos ser abandonados en este extraordinario errar por el desierto. Nunca nos sentimos más satisfechos que cuando distinguí un pequeño claro en el cual había una cabaña, donde encontramos a la hermana que mencioné. Bondadosamente nos dio la bienvenida a su hogar, y nos proporcionó un refrigerio, que fue recibido con agradecimiento. Mientras descansábamos, hablé con la familia y les dejé un librito. Ella lo aceptó alegremente, y lo ha conservado hasta el día de hoy. Ev 329.2

Durante veintidós años, las idas y venidas que caracterizaron ese viaje nos han parecido misteriosas, pero aquí encontramos todo un grupo que ahora está compuesto por creyentes en la verdad, y que atribuyen su primer conocimiento a la influencia de ese librito. La hermana que tan bondadosamente atendió nuestras necesidades se regocija ahora en la luz de la verdad presente, juntamente con muchos de sus vecinos.—The Signs of the Times, 19 de octubre de 1876. Ev 329.3

Algo interesante de Nimes, Francia—Cuando trabajaba en Nimes, Francia, hicimos de la tarea de ganar almas nuestra obra. Había un joven que se había desanimado por las tentaciones de Satanás y por algunos errores de nuestros hermanos que no sabían tratar con la mente de la juventud. Abandonó el sábado y comenzó a trabajar en un establecimiento manufacturero para perfeccionarse en su oficio de relojero. Era un joven muy promisorio. Mi reloj necesitaba ser arreglado, lo cual nos puso en relación. Ev 329.4

Fui presentada a él, y tan pronto como miré su rostro, me di cuenta de que era la persona a quien el Señor me había mostrado en visión. Todas las circunstancias se presentaron nítidamente ante mí... Ev 330.1

Asistía a la reunión cuando pensaba que yo iba a hablar y se sentaba con sus ojos fijos en mí durante todo el discurso, que era traducido al francés por el Hno. Bourdeau. Sentí el deber de trabajar por este joven. Hablé dos horas con él, y le presenté con instancia el peligro de su situación. Le dije que el hecho de que sus hermanos habían cometido un error no era razón para que él entristeciera el corazón de Cristo, que lo había amado tanto, que había muerto para redimirlo... Ev 330.2

Le dije que conocía la historia de su vida y sus errores (que eran los sencillos errores de la indiscreción juvenil), los cuales no eran de un carácter que debieran haber sido tratados con tan grande severidad. Le rogué entonces con lágrimas que cambiara el rumbo de su vida, que dejara el servicio de Satanás y el pecado, pues había llegado a ser un completo apóstata, que regresara como el hijo pródigo a la casa de su Padre, al servicio de su Padre. Estaba en un buen negocio aprendiendo su oficio. Si guardaba el sábado perdía su posición... Unos pocos meses más tarde, finalizaría su aprendizaje, y entonces podría tener un buen oficio. Pero lo insté a que hiciera una decisión inmediata. Ev 330.3

Oramos con él muy fervientemente, y le dije que no me atrevía a que él cruzara el umbral de la puerta hasta que, ante Dios, los ángeles y las personas presentes, dijera: “Desde este día seré cristiano”. ¡Cómo se regocijó mi corazón cuando él lo dijo! No durmió aquella noche. Dijo que tan pronto como había hecho la promesa, parecía estar en una nueva corriente. Sus pensamientos parecían purificados, sus propósitos cambiados, y la responsabilidad que había asumido parecía tan solemne que no podía dormir. El próximo día notificó a su empleador que no podía trabajar más para él. Durmió tan sólo poco durante tres noches. Estaba feliz, muy agradecido de que el Señor le hubiera dado evidencias de su perdón y amor.—Carta 59, 1886. Ev 330.4

Uso eficaz de las publicaciones—Había un hombre a quien apreciábamos mucho, juntamente con su familia. Le gustaba leer y poseía una granja grande donde cultivaba las naranjas más escogidas y los mejores limones, y también otras frutas. Pero no se afirmó en la verdad en el comienzo, de modo que llegó el momento cuando la abandonó. Me hablaron de esto. Durante la noche el ángel del Señor parecía estar junto a mí, diciéndome: “Ve a ver al Hno.—; llévale tus libros porque esto salvará su alma”. Lo visité llevando algunos de mis libros grandes. Hablé con él como si él estuviera con nosotros. Le hablé acerca de sus responsabilidades. Le dije: “Hermano mío, Ud. tiene grandes responsabilidades. Considere a todos sus vecinos. Ud. es responsable de cada uno de ellos. Ud. conoce la verdad, y si la ama y la vive con integridad ganará almas para Cristo”. Ev 330.5

Me miró en forma extraña, como si quisiera decirme: “Yo no creo que Ud. sabe que he abandonado la verdad, que he permitido a mis hijas asistir a los bailes y a la escuela dominical, y que no guardamos el sábado”. Pero yo lo sabía. Sin embargo, le hablé como si él estuviera con nosotros. Le dije: “Le ayudaremos a comenzar a trabajar por sus vecinos. Deseo obsequiarle algunos libros”. Dijo: “Tenemos una biblioteca donde conseguimos los libros”. Le contesté: “No veo ningún libro aquí. Tal vez sus escrúpulos no le permiten pedir los libros prestados en la biblioteca. He venido para obsequiarle estos libros, para que sus hijos puedan leerlos, y porque esto los fortalecerá”. Ev 331.1

Nos arrodillamos y oramos, y cuando nos levantamos, él dijo mientras las lágrimas corrían por su cara: “Me alegro porque Ud. ha venido a verme. Le agradezco por los libros”. Ev 331.2

La próxima vez que lo visité, me contó que había leído una parte de Patriarcas y Profetas. Dijo: “Yo no podría cambiar ni una sola sílaba. Cada párrafo habla directamente al alma”. Ev 331.3

Pregunté al Hno.—-cuál de mis libros grandes consideraba él el más importante. Contestó: “Los presté todos a mis vecinos, y el hotelero piensa que el Conflicto de los Siglos es el mejor. Pero—añadió con labios temblorosos—, yo creo que Patriarcas y Profetas es el mejor. Ese libro fue el que me sacó del fango”. Ev 331.4

Solamente resta añadir que el hermano se puso firmemente de parte de la verdad. Toda su familia se unió a él, y han sido los instrumentos para salvar a otras familias.—The General Conference Bulletin, 5 de abril de 1901. Ev 331.5

Hablando de la obra con una nueva creyente—En Canterbury me presentaron a una señora de unos cuarenta años quien recientemente había decidido obedecer la verdad. Su esposo simpatiza plenamente con ella y hace todo lo posible para llevarla a las reuniones. Tienen una linda casa de campo, que ya han terminado de pagar. Ella vino al coche y habló conmigo. Dijo que la gente de Canterbury no acostumbra ir a la iglesia, pero la carpa levantada en—-ha servido de propaganda, de modo que sienten curiosidad por ver de qué se trata. En esta forma han sido inducidos a asistir a las reuniones, y muchos están interesados. Ud. no podría llevarlos a una iglesia o a un salón, pero están dispuestos a asistir a la carpa... Ev 331.6

Esta hermana mencionada, que habló conmigo en el coche donde yo estaba, dijo: “Estas cosas preciosas de la Biblia son admirables para mí. Es extraño que no hayamos podido verlas antes. La Biblia está llena de riquezas, y quiero tener toda oportunidad posible de escuchar y aprender, a fin de ayudar a otros. La gente aquí en Canterbury necesita esta clase de trabajo. Si Uds. levantan la carpa, ellos vendrán”.—Carta 89a, 1895. Ev 331.7

Extractos del diario de E. G. de White del año 1892. 26 de octubre.—Habíamos convenido visitar a los Hnos. H, de modo que hoy después de la comida el pastor Daniells, May Walling y yo fuimos a cumplir con este compromiso. La Hna. H ha abandonado su fe como resultado de las tentaciones del enemigo... Después de una corta conversación todos nos arrodillamos para orar, y el Señor nos dio su Espíritu Santo. Sentimos la presencia de Dios, y esperamos definidamente que este esfuerzo no haya sido en vano. Ev 332.1

5 de noviembre. Hoy ha sido un día agradable, pero he estado casi sin fuerzas. Asistimos a la reunión e invitamos a nuestra vecina de la casa contigua a ir con nosotros. Accedió de buena gana y pareció quedar muy impresionada. Habló espontáneamente mientras nos dirigíamos en el coche al lugar de reunión, pero a nuestro regreso estuvo muy seria y no dijo nada. Yo hablé acerca de la parábola del hombre sin un traje de bodas, y tuvimos una reunión muy solemne. Esta dama posteriormente le dijo a mi sobrina, May Walling, que sentía no haber asistido a todas las reuniones celebradas desde cuando nosotros habíamos llegado. Declaró que no perdería ni una sola mientras estuviéramos allí. Ev 332.2

6 de noviembre. Habíamos planeado ir en coche a las montañas... pero yo estaba muy preocupada por los Hnos. H, y pensé que no debía postergar los asuntos del Señor por querer ir a las montañas. May Walling y yo no teníamos datos precisos acerca de la dirección del Hno. H, pero de todos modos salimos en busca de su casa... Finalmente la encontramos. Dije a los esposos H que habíamos ido para hablar con ellos. Empezamos a hablar a las 2.30 de la tarde, y seguimos conversando hasta las 5.00... Procuré hacer todo lo posible para ayudar a la Hna. H. Ella lloró casi todo el tiempo mientras conversábamos. Creo que el Espíritu del Señor conmovió su corazón. Oré con ellos y los encomendé al cuidado de Dios. Ev 332.3

7 de noviembre. Descansé bien durante la noche. Me levanté a las 4.30 de la madrugada y comencé a escribir. A las 10.00 May Walling y yo fuimos en coche a visitar a la Hna. E. Ev 332.4

8 de noviembre. Dormí bien en la noche. Durante el día fui a la casa donde la Hna. F está hospedada con sus hijos. La llevamos en el coche con nosotros y dimos un buen paseo. Ella es una mujer que ha pasado por muchas vicisitudes. Ev 332.5

9 de noviembre. En respuesta a una vehemente invitación, nos dirigimos a un agradable bosquecillo, donde los padres y los niños miembros de la escuela sabática celebraban un picnic... Hablé durante una media hora. Había presentes varias personas no creyentes. Ev 333.1

10 de noviembre. Escribí hasta el mediodía, y después de almorzar fuimos en coche a Bourdon, para cumplir con el compromiso de reunirnos con unas hermanas en ese lugar. Tuvimos una preciosa reunión de oración, creyendo la promesa de Cristo según la cual donde hay dos o tres reunidos en su nombre él los acompaña para bendecirlos. Leí acerca de un asunto importante a los presentes, y hablé con ellos. Trabajé con más intensidad que cuando hablo en los días sábados, porque pasé con ellos durante unas dos horas. Casi estaba oscuro cuando llegamos a casa; pero me sentí bendecida por el Señor y estábamos felices en su amor. Ev 333.2

11 de noviembre. Temo que he estado haciendo demasiado. Desde el sábado he escrito 86 páginas de tamaño carta, además de realizar varias visitas a la gente en sus hogares. Esta tarde visité a los Hnos. H, y les dejé algunos libros. Ev 333.3

21 de noviembre. Hoy a las dos de la tarde visité a los Hnos. H y les leí algunas cosas que había estado escribiendo a fin de contrarrestar dificultades existentes en la mente de la Hna. H. Ev 333.4

27 de noviembre. Hoy visité a la Hna. K y a su hija. La hija recientemente tuyo un accidente... Hablamos y oramos con ella, y el Señor estuvo muy cerca de nosotras mientras le rogábamos que bendijera a la madre y a la hija. Ev 333.5

Luego visitamos a la Hna. G, quien es una viuda... Oramos con esta hermana y el tierno Espíritu del Señor descansó sobre nosotros. Hablamos con la hija de la Hna. G, una niña de unos 16 años, acerca del amor de Jesús, y la instamos a entregar su corazón al Salvador. Le dije que si ella aceptaba a Cristo como su Salvador, él sería su apoyo en cada prueba y le proporcionaría paz y descanso en su amor. Al parecer nuestras palabras hicieron alguna influencia sobre ella. Luego fuimos a ver a los Hnos. H.—Manuscrito 21, 1892. Ev 333.6

El obrero se encariña con el campo—Las localidades de Dora Creek y Martinsville, y otros poblados que hay en los bosques, donde hemos trabajado, son muy queridos para nosotros. Espero que se manifieste la solicitud más tierna hacia las almas que viven en estos lugares, y espero que se lleven a cabo esfuerzos fervorosos para atraerlas hacia Cristo. Se ha hecho mucho en estos, lugares, y se necesitará hacer mucho más aún.—Carta 113, 1902. Ev 333.7