El Ministerio de Curación

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La personalidad de Dios revelada en Cristo

Como ser personal, Dios se ha revelado en su Hijo. Esplendor de la gloria del Padre “y la misma imagen de su sustancia,” Jesús, como Salvador personal, vino al mundo. Como Salvador personal, ascendió también al cielo. Como Salvador personal, intercede en las cortes celestiales. Ante el trono de Dios intercede en nuestro favor “Uno semejante al Hijo del Hombre.” Hebreos 1:3; Apocalipsis 1:13. MC 326.2

Cristo, la luz del mundo, veló el deslumbrante resplandor de su divinidad y vino a vivir como hombre entre los hombres para que ellos pudieran, sin ser consumidos, conocer a su Creador. Desde que el pecado separó al hombre de su Hacedor, nadie vió jamás a Dios, sino manifestado en Cristo. MC 326.3

“Yo y el Padre una cosa somos,” declaró Cristo. “Nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar.” Juan 10:30; Mateo 11:27. MC 326.4

Cristo vino para enseñar a los seres humanos lo que Dios quiere que sepan. Arriba en los cielos, abajo en la tierra, en las anchas aguas del océano, vemos la obra de la mano de Dios. Todas las cosas creadas atestiguan su poder, sabiduría y amor. No obstante, ni las estrellas ni el océano ni las cataratas nos enseñarán a conocer la personalidad de Dios tal como nos fué revelada en Cristo. MC 327.1

Dios vió que se necesitaba una revelación más clara que la naturaleza para retratar a lo vivo su personalidad y carácter. Mandó a su Hijo al mundo para que manifestara, en la medida en que la humana visión pudiera mirarlos, la naturaleza y los atributos del Dios invisible. MC 327.2