El Ministerio de Curación

102/183

La prohibición

El hombre que contrajo el hábito de la bebida se encuentra en una situación desesperada. Su cerebro está enfermo y su voluntad debilitada. En lo que toca a su propia fuerza, sus apetitos son ingobernables. No se puede razonar con él ni persuadirle a que se niegue a sí mismo. El que ha sido arrastrado a los antros del vicio, por mucho que haya resuelto no beber más, se ve inducido a llevar de nuevo la copa a sus labios; y apenas pruebe la bebida, sus más firmes resoluciones quedarán vencidas, y aniquilado todo vestigio de voluntad. Al volver a probar la enloquecedora bebida, se le desvanece todo pensamiento relativo a los resultados. Se olvida de la esposa transida de dolor. Al padre pervertido ya no le importa que sus hijos sufran hambre y desnudez. Al legalizar el tráfico de las bebidas alcohólicas, la ley sanciona la ruina del alma, y se niega a contener el desarrollo de un comercio que llena al mundo de males. MC 265.2

¿Debe esto continuar así? ¿Seguirán las almas luchando por la victoria, teniendo ante ellas y abiertas de par en par las puertas de la tentación? ¿Continuará la plaga de la intemperancia siendo baldón del mundo civilizado? ¿Seguirá arrasando, año tras año, como fuego consumidor, millares de hogares felices? Cuando un buque zozobra a la vista de la ribera, los espectadores no permanecen indiferentes. Hay quienes arriesgan la vida para ir en auxilio de hombres y mujeres a punto de hundirse en el abismo. ¿Cuánto más esfuerzo no debe hacerse para salvarlos de la suerte del borracho? MC 266.1

El borracho y su familia no son los únicos que corren peligro por culpa del que expende bebidas, ni es tampoco el recargo de impuestos el mayor mal que acarrea su tráfico. Estamos todos entretejidos en la trama de la humanidad. El mal que sobreviene a cualquier parte de la gran confraternidad humana entraña peligros para todos. MC 266.2

Más de uno, que seducido por amor al lucro o a la comodidad no quiso preocuparse para que se restringiese el tráfico de bebidas, advirtió después demasiado tarde que este tráfico le afectaba. Vió a sus propios hijos embrutecidos y arruinados. La anarquía prevalece. La propiedad peligra. La vida no está segura. Multiplícanse las desgracias en tierra y mar. Las enfermedades que se engendran en la guaridas de la suciedad y la miseria penetran en las casas ricas y lujosas. Los vicios fomentados por los que viven en el desorden y el crimen infectan a los hijos de las clases de refinada cultura. MC 266.3

No existe persona cuyos intereses no peligren por causa del comercio de las bebidas alcohólicas. No hay nadie que por su propia seguridad no debiera resolverse a aniquilar este tráfico. MC 266.4

Sobre todas las organizaciones dedicadas a intereses únicamente terrenales, las cámaras legislativas y los tribunales debieran verse libres del azote de la intemperancia. Los gobernadores, senadores, diputados y jueces, es decir los hombres que promulgan las leyes de una nación y velan por su observancia, los que tienen en sus manos la vida, la reputación y los bienes de sus semejantes, deberían ser hombres de estricta temperancia. Sólo así podrán tener claridad de espíritu para discernir entre lo bueno y lo malo. Sólo así podrán tener principios firmes y sabiduría para administrar justicia y para ser clementes. Pero, ¿qué nos dice la historia? ¡Cuántos de estos hombres tienen la inteligencia anublada, y confuso el sentido de lo justo y de lo injusto, por efecto de las bebidas alcohólicas! ¡Cuántas leyes opresivas se han decretado, cuántos inocentes han sido condenados a muerte por la injusticia de legisladores, testigos, jurados, abogados y aun jueces amigos de la bebida! Muchos son los “valientes para beber vino,” y los “hombres fuertes para mezclar bebida,” “que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo,” “que dan por justo al impío por cohechos, y al justo quitan su justicia.” De los tales dice Dios: MC 266.5

“Como la lengua del fuego consume las aristas,
y la llama devora la paja,
así será su raíz como pudrimiento,
y su flor se desvanecerá como polvo:
porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos,
y abominaron la palabra del Santo de Israel.” Isaías 5:20-24.
MC 267.1

La honra de Dios, la estabilidad de la nación, el bienestar de la sociedad, del hogar y del individuo, exigen cuanto esfuerzo sea posible para despertar al pueblo y hacerle ver los males de la intemperancia. Pronto percibiremos el resultado de este terrible azote mejor de lo que lo notamos ahora. ¿Quién se esforzará resueltamente por detener la obra de destrucción? Apenas si ha comenzado la lucha. Alístese un ejército que acabe con la venta de los licores ponzoñosos, que enloquecen a los hombres. Póngase de manifiesto el peligro del tráfico de bebidas, y créese una opinión pública que exija su prohibición. Otórguese a los que han perdido la razón por la bebida una oportunidad para escapar a la esclavitud. Exija la voz de la nación a sus legisladores que supriman tan infame tráfico. MC 267.2

“Si dejares de librar los que son tomados para la muerte,
y los que son llevados al degolladero;
si dijeres: Ciertamente no lo supimos;
¿no lo entenderá el que pesa los corazones?
El que mira por tu alma, él lo conocerá.” Proverbios 24:11, 12.
Y “¿qué dirás cuando te visitará?” Jeremías 13:21.
MC 268.1