La Edificación del Carácter

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Capítulo 4—Tres héroes intrépidos

El mismo año en que Daniel y sus compañeros entraron al servicio del rey de Babilonia, ocurrieron sucesos que probaron severamente la integridad de estos jóvenes hebreos, y que constituyeron ante la nación idólatra una demostración del poder y la fidelidad del Dios de Israel. ECFP 32.1

Mientras el rey Nabucodonosor miraba el porvenir con ansiosa expectativa, tuvo un notable sueño, el cual “perturbó su espíritu, y se le fue el sueño”. Daniel 2:1. Pero aun cuando la visión nocturna hizo una profunda impresión en su mente, halló imposible recordar los detalles. Recurrió a sus astrólogos y magos, y prometiéndoles grandes riquezas y honores les ordenó que le reconstruyeran el sueño y le presentaran su interpretación. Pero ellos dijeron: “Di el sueño a tus siervos, y te mostraremos la interpretación”. Daniel 2:4. ECFP 32.2

El rey sabía que si ellos realmente pudieran decir la interpretación, también podrían relatar el sueño. El Señor en su providencia había dado a Nabucodonosor este sueño y había permitido que los detalles huyeran de su memoria, mientras la terrible impresión permanecía en su mente, a fin de desenmascarar las pretensiones de los hombres sabios de Babilonia. El monarca estaba muy encolerizado y amenazó a todos los sabios con la muerte si hasta cierto tiempo el sueño no era reproducido. Daniel y sus compañeros habían de perecer con los falsos profetas; pero, arriesgando la vida, Daniel se aventuró a entrar en la presencia del rey, pidiendo que se le concediera tiempo para mostrar el sueño y la interpretación. ECFP 32.3

El monarca accede a este pedido; y ahora Daniel se une a sus tres compañeros, y juntos presentan el asunto a Dios, buscando sabiduría de la fuente de luz y conocimiento. Aunque estaban en la corte del rey, rodeados de tentaciones, no olvidaron su responsabilidad para con Dios. Tenían la firme convicción de que la providencia divina los había colocado donde estaban; se hallaban haciendo la obra de Dios, y confrontaban las demandas de la verdad y el deber. Tenían confianza en Dios. Se habían vuelto a él en procura de fortaleza cuando estaban en perplejidad y peligro, y él había sido para ellos una ayuda siempre presente. ECFP 33.1