En los Lugares Celestiales

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Comunión con Cristo, 27 de enero

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor. 1 Corintios 1:9. ELC 35.1

El verdadero cristiano vive con las ventanas del alma abiertas hacia el cielo. Vive en comunión con Cristo. Su voluntad está conformada a la voluntad de Cristo. Su deseo máximo es llegar a ser más y más semejante a Cristo, para que pueda decir con Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Gálatas 2:20. ELC 35.2

Ferviente e incansablemente hemos de esforzarnos para alcanzar el ideal de Dios para nosotros. Hemos de hacer esto no como una penitencia, sino como el único medio de ganar la verdadera felicidad. La única forma de ganar paz y gozo es tener una relación viviente con Aquel que dio su vida por nosotros, que murió para que pudiéramos vivir, y que vive para unir su poder con los esfuerzos de los que se esfuerzan por vencer. ELC 35.3

La santidad es una constante armonía con Dios. ¿No nos esforzaremos por ser aquello que Cristo tanto quiere que seamos—cristianos de hecho y de verdad—para que el mundo pueda ver en nuestra vida una revelación del poder salvador de la verdad? Este mundo es nuestra escuela preparatoria. Mientras estemos aquí, nos encontraremos con pruebas y dificultades. El enemigo de Dios continuamente procurará apartarnos de nuestra lealtad. Pero estaremos seguros mientras nos aferremos de Aquel que dio su vida por nosotros... ELC 35.4

En esta escuela inferior de la tierra hemos de aprender las lecciones que nos prepararán para entrar en la escuela superior, donde continuará nuestra educación bajo la instrucción personal de Cristo. Entonces él nos abrirá el significado de su Palabra. En los pocos días de gracia que nos quedan, ¿no procederemos como hombres y mujeres que buscan la vida en el reino de Dios, una eternidad de bienaventuranza? No podemos permitirnos perder el privilegio de ver a Cristo cara a cara, y de oír de sus labios la historia de la redención.—The Review and Herald, 16 de mayo de 1907. ELC 35.5