Elena G. de White en Europa

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El caso de la tutora alemana

La noche antes de partir de Dinamarca, la Sra. de White visitó a una mujer que actuaba como tutora de un noble danés. Esa señora había aceptado la verdad del sábado hacía poco tiempo, pero cuando el pastor Matteson y los otros obreros partieron para Basilea, sus amigos y los sacerdotes la confundieron con sus argumentos aparentemente correctos, y ella estaba a punto de ceder. EGWE 113.4

Ahora esta hermana vino a ver a Elena G. de White y ambas sostuvieron una interesante conversación. Le manifestó que se sentía indigna, aun de sentarse con ella. Su vida, dijo, había sido una permanente ronda de “bebidas, diversiones y placer”. Manuscrito 26, 1885. Elena G. de White le preguntó si estaba satisfecha con su experiencia pasada. “No”, contestó ella honestamente. “¿Y es usted realmente feliz?” “No”, volvió a responder con firmeza. EGWE 113.5

La sierva de Dios le habló con fervor, y le dijo que Jesús esperaba que ella usara sus talentos para gloria de él, ayudando a edificar el reino de Dios. EGWE 114.1

“Pero tengo tan poco talento”, observó la señora. EGWE 114.2

“Y ese pequeño talento—objetó Elena G. de White—, ¿lo envolverá en una servilleta y lo esconderá en el mundo?” Si podía usar su educación e influencia para servir a seres humanos con títulos, como el noble danés, también podía usarlas para el Príncipe Salvador, Jesucristo. EGWE 114.3

“Me sentí agradecida por el privilegio de esta entrevista”, escribió en su diario, “y tengo gran deseo de que se haga una obra especial con esta alma insatisfecha y perpleja”.—Ibid. EGWE 114.4

He aquí una fugaz mirada a Elena G. de White, la ganadora de almas que comprendía su propia insuficiencia, pero que en la juventud había sometido su vida y sus humildes talentos a Cristo, para emplearlos en cualquier forma que su providencia le indicara. EGWE 114.5

A una hora tardía de la mañana siguiente, jueves 15 de octubre, Elena G. de White y sus compañeros de viaje zarparon en un pequeño vapor que cruzó el reducido estrecho que conducía a Malmö, Suecia. Era un hermoso día. Siguiendo su costumbre, ella procuró ansiosamente obtener información histórica acerca de la encantadora ciudad que visitaba por primera vez. Notó que en la época de la Reforma había formado parte de Dinamarca, y fue una de las primeras ciudades dinamarquesas que se declaró en favor de la Reforma protestante. EGWE 114.6