Elena G. de White en Europa

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La última escala del viaje

Un mes muy activo en Inglaterra

La Señora de White se quedó en Inglaterra durante su último mes en Europa. Comenzó esta etapa con un fin de semana prolongado en Kettering. Esta ciudad, situada a unos 80 km al este de Birmingham, está dentro de la zona industrial de Midlands y en la actualidad es un centro de manufactura del calzado. EGWE 352.1

“Caminamos e hicimos algunas compras en el gran mercado de la ciudad—escribió poco después de su llegada. Y añadió—: Compramos zapatos”.—Manuscrito 36, 1887. EGWE 352.2

También sus pies espirituales estaban calzados “con el apresto del evangelio de la paz”. Efesios 6:15. Antes del alba, el sábado 2 de julio, ya estaba levantada escribiendo. Con las palabras siguientes expresó su preocupación por las almas de Inglaterra: EGWE 352.3

“Siento una profunda necesidad de que Dios me conceda una ayuda especial, en la ganancia de almas para Jesucristo. ‘Sin mí—dice Jesús—, nada podéis hacer’. ¡Cuán débiles somos con nuestras fuerzas finitas! Deseamos trabajar para el Maestro. Quiero agradar a Jesús, quien me amó y murió por mí. Mi alma siente un inexpresable anhelo de la dulce y permanente paz de Cristo. Quiero tener a Jesús continuamente en mis pensamientos”.—Ibid. EGWE 352.4

Más adelante prosiguió: EGWE 353.1

“A las diez de la mañana del sábado llegó el coche para llevarnos al lugar de la reunión. Es un salón bastante grande. Tiene paredes de hierro y el calor del sol sobre él lo hacía asemejar a un horno. Había unas 50 personas reunidas. Mi predicación se basó en Hebreos 12:1-4. A pesar del intenso calor el Señor me dio mucha libertad para hablar. A las 12 el coche estaba en la puerta y regresamos a casa con un profundo y ferviente anhelo en el corazón por esa querida gente a la cual le hablamos. Sabíamos que muchos tenían que convertirse plenamente, pues de lo contrario no podrían mantener la verdad o resistir la tentación. EGWE 353.2

“A las tres de la tarde volví a hablar a la iglesia de Kettering, acerca de Mateo 22:11-14. Era un tema sumamente solemne y el Señor impresionó mi corazón con el pensamiento de la terrible suerte que correrán aquellos que, cuando venga Jesús para examinar a sus huéspedes, no estén vestidos con el traje de bodas. EGWE 353.3

“Creo que muchos quedaron impresionados. Al concluir la predicación hubo una reunión social y se dieron muchos testimonios, pero yo sentí que las almas estaban en peligro. Algunos de los presentes no habían hecho su decisión, y yo insté a las personas que no estaban plenamente del lado del Señor, a que tomaran decisiones ese día, que rompieran las poderosas cadenas de Satanás y se entregaran completamente al Señor”.—Ibid. EGWE 353.4

Los resultados fueron muy satisfactorios, y un matrimonio joven se adelantó. El esposo, un constructor, era un hombre intemperante que a menudo se embriagaba, a veces durante varios días. EGWE 353.5

“Ambos dieron su testimonio, y con mucha sencillez y sentimiento expresaron su determinación, y debemos dejarlos en las manos de Dios para que él los dirija y los guíe. El lo hará si ellos se someten a él como a un fiel Creador. ¡Oh, qué terrible maldición es la intemperancia!”—Ibid. EGWE 353.6

La Sra. de White llegó a Kettering el miércoles 29 de junio por la noche, y se quedó en casa de J. H. Durland en Hawthorne Road. Al día siguiente, su hijo Guillermo se reunió con ella. Además de las dos predicaciones del sábado, habló ante la iglesia una vez el domingo, en una sala que el pastor había alquilado para las reuniones de la iglesia. EGWE 354.1

El lunes 3 de julio, Elena G. de White y sus compañeros de viaje partieron para Londres, y se alojaron durante los cuatro días que duró su visita en el Hotel Tranter’s Temperance, ubicado en Bridgewater Square, Barbican Street. Allí pudo disponer finalmente de unos pocos días de tranquilidad, que empleó para leer con Guillermo los capítulos que acababa de escribir de El Conflicto de los Siglos. EGWE 354.2

Siempre interesada en las actividades de la iglesia que había ayudado a fundar, hizo un viaje a Holloway para visitar el Almacén Internacional del Libro de la calle Holloway 451. Y también tuvo tiempo para llamar “a la casa donde vivían nuestras hermanas que daban estudios bíblicos y procuraban llegar a las clases más elevadas. Las encontramos bien ubicadas”.—Ibid. EGWE 354.3