Elena G. de White en Europa

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Comienza la asamblea de obreros

El viernes de mañana, el cielo amaneció diáfano y la temperatura mucho más fría que en Basilea. La asamblea de obreros británicos comenzó ese día, y el sábado Elena G. de White predicó dos veces. EGWE 245.3

Al referirse al desánimo de algunos obreros, los sermones que Elena G. de White predicó durante las reuniones, cobraron una nueva dimensión y poder. Cierta vez, un pequeño grupo que rodeaba la estufa del salón de reuniones, comenzó a hablar de sus experiencias y frustraciones. Aparentemente, todos los aspectos de la obra en Inglaterra debían enfrentar grandes dificultades. EGWE 245.4

La Sra. de White trataba de inspirarles diariamente la consagración, el valor y la confianza que tanto necesitaban. Al concluir uno de sus sermones, declaró: EGWE 246.1

“Esta vida es un conflicto; tenemos un enemigo que nunca duerme, que vigila constantemente para destruir nuestra mente y alejarnos de nuestro precioso Salvador, que dio su vida por nosotros, ¿Llevaremos la cruz que se nos ha asignado? ¿O marcharemos a impulsos de una complacencia egoísta, perdiendo la eternidad de bendiciones?... EGWE 246.2

“Anhelo el fin pero no por la felicidad que representa; soy feliz mientras voy recorriendo el camino. A pesar de las pruebas y aflicciones, contemplo a Jesús. En los lugares estrechos y difíciles él está a nuestro lado, y podemos comulgar con él y depositar todas nuestras cargas sobre el Portador de ellas, diciéndole: ‘Mira, Señor, no puedo seguir llevando estas cargas por más tiempo’. Entonces él responde: ‘Mi yugo es fácil, y ligera mi carga’. ¿Creen ustedes esto? Yo lo he comprobado. Lo amo; lo amo. Veo en él encantos incomparables. Y deseo alabarlo en el reino de Dios”.—Life Sketches of Ellen G. White, 291, 292. EGWE 246.3

En otro de sus sermones comentó: EGWE 246.4

“Por mi experiencia pasada puedo testificar que no quisiera tener una prueba menos o una tristeza menos que las que he sufrido, porque el apóstol Pablo declara: ‘Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria’”.—Manuscrito 16, 1886. EGWE 246.5

Y, finalmente, concluye con una exhortación: EGWE 246.6

“Dentro de muy poco tiempo contemplaremos al Rey en su belleza... ¿Estaréis allí? ¿Será colocada sobre vuestra frente la corona de gloria?... Quiera Dios que cada uno de nosotros esté allí. No podéis permitiros perder esto. Que Dios os bendiga hoy en este lugar, y que él llegue a vuestras almas y resplandezca aquí en torno de vosotros”.—Ibid. EGWE 246.7