Elena G. de White en Europa

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Atrapados por el granizo

El domingo por la tarde sus amigos la llevaron a pasear en coche, para visitar un convento que tenía 200 años de antigüedad. De pronto el cielo se nubló, se vieron algunos relámpagos y comenzó a caer granizo de enorme tamaño. El ganado y los caballos corrían desesperados por el campo. Roth levantó la capota del coche y se apresuró para llegar hasta una casa de campo cercana, donde el dueño abrió las puertas del establo para que entraran con el caballo y el coche. EGWE 213.1

Mientras Elena G. de White seguía sentada en el coche esperando que amainara la tormenta, Oscar Roth conversó con la familia. Los dueños de la granja eran un matrimonio de devotos católicos romanos, que al poco rato acusaron a Roth por las francas declaraciones que habían leído en Les Signes acerca de los católicos. El hombre estaba muy ofendido, pero Roth le dijo que él no tenía nada que ver con la elección del contenido de la revista. Finalmente, el hombre se calmó y dijo: “Bien, no hablemos más de ello”. Elena G. de White observó: “Hallamos interesante esta pequeña experiencia”. Ibid. Más adelante, dio el siguiente consejo acerca de los artículos que se publican en nuestras revistas: EGWE 213.2

“Cada artículo que escribáis puede ser absolutamente verdadero, pero si contiene una sola gota de hiel, envenenará al lector. Un lector puede desechar todas las palabras buenas y aceptables debido a esa única gota de veneno. Otro lector se alimentará del veneno, porque le encantan las palabras ásperas”.—Carta 91, 1899, publicado en Counsels to Writers and Editors, 65, 66. EGWE 213.3

“Podemos tener menos que decir, en algunos sentidos, acerca del poder romano y el papado, pero debemos llamar la atención a lo que los profetas y los apóstoles escribieron bajo la inspiración del Espíritu de Dios. El Espíritu Santo ha presentado las cosas de cierta manera, tanto en el mensaje de la profecía como en los acontecimientos a que ésta se refiere, para enseñarnos que el instrumento humano debe desaparecer, oculto en Cristo, para que sean exaltados sólo el Señor Dios del cielo y su ley”.—Carta 57, 1896, publicada en Counsels to Writers and Editors, 65. EGWE 214.1

Esa noche se realizó una reunión misionera. Elena G. de White habló acerca de los privilegios y los deberes del cristiano. Destacó la importancia de una correcta relación con Dios, especialmente para los creyentes que sólo en contadas ocasiones escuchaban predicar a un pastor ordenado. Todos, dijo ella, deberían convertirse en un canal de luz para los demás, porque “todo verdadero seguidor de Cristo es un misionero”.—The Review and Herald, 20 de julio de 1886. EGWE 214.2

El lunes ella se dirigió a Bienne con Sara, Guillermo, María y Oscar Roth. Allí habló en otra reunión misionera, mientras María Roth traducía. El miércoles predicó en La Chaux-de-Fonds. Al día siguiente viajó a Le Locle para visitar la familia de Pedro Schild y concertar una cita para el domingo siguiente. Regresó a La Chaux-de-Fonds para volver a predicar esa noche. EGWE 214.3

Guillermo C. White instaba a su madre a viajar incesantemente de un lugar a otro, para visitar la mayor cantidad posible de grupos de creyentes. Ella hacía todo lo que podía. Pero las reuniones nocturnas y la falta de sueño comenzaron a cobrar su precio. No obstante, la Sra. de White volvió a predicar el sábado de mañana en La Chaux-de-Fonds. Acerca de esa reunión declaró lo siguiente: EGWE 214.4

“El Señor me bendijo. Yo estaba muy débil, pero sabía que Jesús estaba en nuestro medio, y él me concedió su gracia sustentadora. Pocas veces me he sentido más conmovida que en esta reunión. No puedo contener el llanto al sentir la vívida sensación del amor de Cristo. Muchos miembros de la congregación lloraban. Sabía que Jesús de Nazaret estaba en nuestro medio, y su bendición fluía en ricas olas de amor hacia nuestras almas”.—Manuscrito 20, 1886. EGWE 215.1

Ella sabía que aunque algunos de los presentes estaban convencidos, aún no se habían decidido a seguir a Cristo, así que pidió a los que deseaban estar “plenamente del lado del Señor”, que se pusieran de pie. Casi todos lo hicieron. Erzberger elevó una oración “profunda y ferviente”, que fue seguida por una activa reunión social [de testimonios].—Ibid. EGWE 215.2

El domingo viajaron a Le Loche. Allí los adventistas habían sufrido mucha persecución, y casi temían que ella predicara. Pero habían conseguido un salón, y la Sra. de White habló acerca de la temperancia ante una multitud considerable. Después de la reunión, los creyentes se sintieron animados y resolvieron conseguir un salón más grande en caso de que ella regresara. EGWE 215.3

Algunas horas después, la Sra. de White envió a sus amigos suizos de regreso a Tramelan con su coche, mientras ella tomaba el tren para Neuchatel a fin de cumplir con otro compromiso antes de regresar a Basilea. Su obra exigía que se apresurara, y tuvo que renunciar a su preferencia de hacer un viaje tranquilo en coche en medio de las bellezas de la naturaleza, para cumplir las exigencias de la obra del Señor. Sin embargo, jamás olvidó aquellos días gloriosos cuando recorrió la encantadora tierra Suiza. EGWE 215.4