Conflicto y Valor

125/366

Antes que el niño llegue, 4 de mayo

Jueces 13.

Aquel varón de Dios... nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer. Jueces 13:8. CV 130.1

Dios mismo se apareció a la esposa de Manoa y le dijo que tendría un hijo, el cual sería un gran hombre y libraría a Israel. Entonces le dio instrucciones especiales en cuanto a la dieta... Consideremos esto como una instrucción dada a cada madre en nuestro mundo. Si queréis que vuestros hijos tengan mentes bien equilibradas, debéis ser temperantes. Mantened firmes y sanos vuestro propio corazón y sentimientos para poder impartir a vuestros hijos una mente y un cuerpo sanos.—Manuscrito 18, 1887. CV 130.2

Sí, cada madre puede comprender su deber. Puede saber que el carácter de sus hijos dependerá más de sus hábitos anteriores a su nacimiento y de sus esfuerzos personales después del nacimiento, que de las ventajas o desventajas exteriores... La madre que es una maestra adecuada para sus hijos debe, antes que nazcan, formar hábitos de abnegación y dominio propio; porque les transmite sus propias cualidades; sus rasgos de carácter fuertes o débiles.—Consejos sobre el Régimen Alimenticio, 257. CV 130.3

Habrá malos consejeros que dirán a la madre que le es necesario satisfacer todo deseo e impulso; pero semejante enseñanza es falsa y perversa. La madre se halla por orden de Dios mismo bajo la obligación más solemne de ejercer dominio propio. CV 130.4

Tanto los padres como las madres están comprendidos en esta responsabilidad. Ambos padres transmiten a sus hijos sus propias características, mentales y físicas, su temperamento y sus apetitos.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 604. CV 130.5

Muchos hacen de la temperancia un asunto de broma. Afirman que el Señor no se interesa en cosas minúsculas como nuestra comida y bebida. Pero si al Señor no le importaran estas cosas, no se le habría revelado a la esposa de Manoa, dándole instrucciones definidas y ordenándole dos veces que cuidara de cumplirlas.—La Temperancia, 208. CV 130.6

Muchos padres creen que el efecto de las influencias prenatales es cosa de poca monta; pero el Cielo no las considera así... Al hablar a la madre hebrea, Dios se dirige a todas las madres de todos los tiempos. El Ministerio de Curación, 288.* CV 130.7