Fe y Obras

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No hay que confiar en los hombres

Nuestra fe no debe apoyarse en la capacidad de los hombres sino en el poder de Dios. Es peligroso confiar en los hombres, aun cuando puedan haber sido usados como instrumentos de Dios para realizar una obra grande y buena. Cristo debe ser nuestra fortaleza y nuestro refugio. Los mejores hombres pueden desviarse de su rectitud, y la mejor religión, cuando se corrompe, es siempre la más peligrosa en su influencia sobre las mentes. La religión pura y viva consiste en la obediencia a toda palabra que sale de la boca de Dios. La justicia exalta a una nación, y la falta de ella degrada y corrompe al hombre. FO 91.2