Hijos e Hijas de Dios

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La luz del mundo, 11 de mayo

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12. HHD 140.1

Era de mañana; el sol acababa de levantarse sobre el monte de las Olivas, y sus rayos caían con deslumbrante brillo sobre los palacios de mármol, e iluminaban el oro de las paredes del templo, cuando Jesús, señalándolo, dijo: “Yo soy la luz del mundo”. HHD 140.2

Mucho tiempo después estas palabras fueron repetidas, por uno que las escuchara, en aquel sublime pasaje: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.—El Deseado de Todas las Gentes, 428, 429. HHD 140.3

Los seguidores de Cristo han de ser más que una luz entre los hombres. Son la luz del mundo. A todos los que han aceptado su nombre, Jesús dice: Os habéis entregado a mí, y os doy al mundo como mis representantes. Así como el Padre lo había enviado al mundo, Cristo declara: “Los he enviado al mundo”. Como Cristo era el medio de revelar al Padre, hemos de ser los medios de revelar a Cristo. Aunque el Salvador es la gran fuente de luz, no olvidéis, cristianos, que se revela mediante la humanidad... Los ángeles de gloria están listos para comunicar por vuestro intermedio la luz y el poder del cielo a las almas que perecen... Si Cristo mora en el corazón, es imposible ocultar la luz de su presencia.—El discurso maestro de Jesucristo, 37. HHD 140.4

Cuando la Luz del mundo pasa, todas las dificultades se convierten en privilegios, y la confusión en orden, y el éxito y la sabiduría de Dios surgen de lo que pareció fracaso.—Testimonies for the Church 7: 272. HHD 140.5

Los dones de la luz y la vida nos llegan juntos.—Carta 264, 1903. HHD 140.6