Hijos e Hijas de Dios

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El hogar, el mejor campo misionero, 4 de septiembre

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Colosenses 3:23. HHD 256.1

Dios os ha concedido la vida y todas las demás bendiciones que la hacen placentera, y en cambio os pide vuestro servicio como un acto de gratitud, de amor, de obediencia a su ley... Requiere de vosotros que dominéis la pasión, que refrenéis los pensamientos y los actos egoístas, y que no pronunciéis palabras irritadas. ¿Requeriría Jesús ese dominio de vosotros mismos si no redundara en vuestra propia felicidad? No. El quiere que cultivéis los rasgos de carácter que darán paz a vuestros corazones y os capacitarán para iluminar a otros corazones y vidas con la luz del amor, del gozo y del jubiloso contentamiento. HHD 256.2

Si estáis verdaderamente convertidos, si sois hijos de Jesús, honraréis a vuestros padres; no solamente haréis lo que ellos os piden, sino que procuraréis descubrir las oportunidades para ayudarles. Al hacerlo, estáis trabajando para Jesús. El considera que todas esas responsabilidades que lleváis y esos actos bondadosos, los realizáis para él. Esa es la clase más importante de obra misionera; y los que son fieles en esos pequeños deberes cotidianos, están adquiriendo una experiencia valiosa... Al emplear vuestro tiempo en algún trabajo útil, cerraréis la puerta a las tentaciones de Satanás Recordad que Jesús no vivió para complacerse, y que vosotros debéis asemejaros a él. Haced que esto llegue a ser en vosotros un principio religioso, y pedid a Jesús que os ayude. Al ejercitaros en ese sentido, os prepararéis para llegar a ser personas que saben llevar responsabilidades en la causa de Dios. Ejerceréis buena influencia sobre otros, y podréis ganarlos para el servicio de Cristo.—The Youth’s Instructor, 30 de enero de 1884. HHD 256.3