La Educación Cristiana

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El privilegio del maestro

Los maestros de nuestras escuelas tienen una pesada responsabilidad que llevar. Deben ser en palabras y carácter lo que quieren que sean sus alumnos; hombres y mujeres que teman a Dios y que obren justicia. Si ellos mismos están familiarizados con el camino, pueden enseñar a los jóvenes a andar en él. No sólo los educarán en las ciencias, sino que los prepararán para que tengan independencia moral, trabajen para Jesús, y asuman cargas en su causa. ECR 120.1

Maestros, ¡qué oportunidades tenéis! ¡Qué privilegio está a vuestro alcance al moldear la mente y el carácter de los jóvenes que están a vuestro cargo! ¡Qué gozo será para vosotros encontrarlos en derredor del gran trono blanco, y saber que habéis hecho lo que podíais para prepararlos para la inmortalidad! Si vuestra obra resiste la prueba del gran día, como la música más dulce en vuestros oídos sonará la bendición del Maestro: “Bien, buen siervo y fiel; ... entra en el gozo de tu Señor”. Mateo 25:21. ECR 120.2

En el gran campo de la mies hay abundancia de trabajo para todos, y los que dejan de hacer lo que pueden, serán hallados culpables delante de Dios. Trabajemos delante de Dios. Trabajemos para este tiempo y la eternidad. Trabajemos con todas las facultades que Dios nos ha concedido, y él bendecirá nuestros esfuerzos bien encauzados. ECR 120.3

El Salvador anhela salvar a los jóvenes. Quiere regocijarse viéndolos en derredor de su trono, revestidos del manto inmaculado de su justicia. Está aguardando para colocar sobre sus cabezas la corona de la vida y oír sus voces felices participando en la honra, gloria y majestad que se tributará a Dios y al Cordero en el canto de victoria que repercutirá en los atrios del cielo.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 41-47. ECR 121.1