La Educación Cristiana

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Una experiencia valiosa

Mientras vivíamos en Cooranbong, donde está establecido el colegio de Avondale, hubo que considerar la cuestión de las diversiones. “¿Qué proveeremos para la diversión de nuestros estudiantes?” preguntó el personal docente. Hablamos del asunto, luego me presenté ante los estudiantes y les dije: ECR 484.4

“Podemos ocupar nuestra mente y nuestro tiempo provechosamente sin procurar idear métodos para divertirnos. En vez de dedicar el tiempo a los juegos que tantos estudiantes juegan, esforzaos por hacer algo para el Maestro.” ECR 485.1

“La mejor conducta que podáis seguir consiste en participar en la obra misionera en favor de la gente del vecindario y de las colonias cercanas. Cada vez que escuchéis un discurso interesante, tomad notas y anotad los pasajes que usa el ministro, a fin de poder repasar cuidadosamente el tema. Luego, después de un estudio cabal, pronto podréis presentar una sinopsis de los discursos, en forma de estudios bíblicos, a algunos de los que no vienen a nuestras reuniones”. ECR 485.2

Los estudiantes mayores decidieron seguir esta sugestión. Celebraban reuniones nocturnas para estudiar juntos las Escrituras. Trabajaron primero unos por otros, y como resultado de los estudios bíblicos entre sí, unos cuantos de los no convertidos fueron ganados para la verdad. Y el esfuerzo que hicieron en favor de los vecinos fué una bendición, no solamente para ellos mismos, sino para aquellos en favor de quienes trabajaban. ECR 485.3

A aquellos que salieron a trabajar por sus vecinos se les pidió que informasen de cualquier caso de enfermedad que encontrasen; y los que tenían preparación para dar tratamientos a los enfermos fueron animados a usar sus conocimientos de una manera práctica. Trabajar para el Maestro vino a ser considerado como una recreación cristiana. ECR 485.4

Después de un tiempo hubo que considerar la cuestión del trabajo dominical. Parecía que pronto se iban a estrechar de tal manera las restricciones en derredor nuestro que no podríamos trabajar en domingo. Nuestra escuela estaba situada en el corazón de los bosques, lejos de cualquier aldea o estación de ferrocarril. Nadie vivía bastante cerca para ser molestado por cualquier cosa que hiciésemos. Sin embargo, se nos vigilaba. Se instó a los funcionarios a que observasen lo que estábamos haciendo en los terrenos de la escuela; y ellos vinieron, pero no parecieron notar a los que estaban trabajando. Su confianza y respeto por nuestro pueblo habían sido ganados por la obra que habíamos hecho en favor de los enfermos de aquella comunidad, de tal modo que no querían estorbar nuestra labor inocente del domingo. ECR 485.5

En otra ocasión cuando nuestros hermanos se hallaban amenazados de persecución, y me preguntaron qué debían hacer, di el mismo consejo que había dado en respuesta a la pregunta relativa al empleo del domingo para los juegos. Dije: “Emplead el domingo en hacer obra misionera para Dios. Maestros, id con vuestros alumnos. Llevadlos a las casas de la gente, lejos y cerca, y enseñadles a hablar de tal manera que proporcionen beneficio. Dejad saber a la gente que os interesáis en la salvación de sus almas”. La bendición de Dios descansó sobre los estudiantes mientras escudriñaban diligentemente las Escrituras a fin de saber presentar las verdades de la Palabra de tal manera que estas verdades fuesen recibidas con favor. ECR 486.1

Dediquen los maestros de nuestras escuelas el domingo al esfuerzo misionero. Lleven consigo a los estudiantes para que celebren reuniones en favor de los que no conocen la verdad. El domingo puede dedicarse a fomentar varios ramos de trabajo que lograrán mucho para el Señor. En este día puede hacerse obra de casa en casa, celebrarse reuniones al aire libre y en casas particulares. Haced intensamente interesantes estas reuniones. Cantad verdaderos himnos de reavivamiento, y hablad con poder y seguridad del amor del Salvador. Hablad de la temperancia y de la verdadera experiencia religiosa. Así aprenderéis mucho acerca de cómo trabajar y alcanzaréis a muchos corazones. ECR 486.2

Los alumnos que obtienen más beneficio de la vida son los que, en su relación y trato con sus semejantes, viven de acuerdo con la Palabra de Dios. Los que reciben para dar, experimentan la mayor satisfacción en esta vida. Los que viven para sí mismos se hallan siempre en necesidad; porque nunca están satisfechos. No tenemos cristianismo cuando encerramos nuestra simpatía egoístamente en nuestro propio corazón. El Señor ha ordenado conductos por medio de los cuales deja fluir su bondad, misericordia y verdad; y hemos de ser colaboradores con Cristo para comunicar a otros la sabiduría y la benevolencia prácticas. Hemos de impartir alegría y bendición a sus vidas, haciendo así una obra buena y santa. ECR 486.3