La Educación Cristiana

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Trabajo físico para los estudiantes

Con el programa actual de educación, se abre una puerta de tentación para los jóvenes. Aunque generalmente tienen demasiadas horas de estudio, para muchas no tienen ocupación fija. Y frecuentemente pasan sus momentos de ocio en forma temeraria. El conocimiento de los malos hábitos se comunica de uno a otro, y el vicio aumenta enormemente. Muchísimos jóvenes que han sido instruidos religiosamente en el hogar y que van a la escuela comparativamente inocentes y virtuosos, se corrompen al asociarse con compañeros viciosos. Pierden el respeto propio y sacrifican los principios nobles. Están preparados para emprender el camino hacia abajo, porque han profanado a tal punto sus conciencias que el pecado no les parece tan excesivamente pecaminoso. Estos males existentes en las escuelas dirigidas de acuerdo con el programa actual, podrían remediarse en gran escala si se combinara el estudio con el trabajo. El mismo mal existe en los colegios, pero en mayor grado, pues muchos de los jóvenes se han educado en el vicio, y sus conciencias están cauterizadas. ECR 27.1

Muchos padres ponderan la firmeza y las buenas cualidades de sus hijos. Al parecer, no consideran que estarán expuestos a las seductoras influencias de jóvenes viciosos. Tienen sus temores al enviarlos algo lejos, a la escuela, pero se hacen la ilusión de que por haber tenido buenos ejemplos e instrucción religiosa, se mantendrán fieles a los principios en su vida estudiantil. Muchos padres no tienen más que una débil idea del grado de disolución que existe en estas instituciones de saber. En muchos casos, han trabajado tenazmente y sufrido muchas privaciones por el acariciado propósito de que sus hijos obtuviesen una perfecta educación; y después de todos sus esfuerzos, muchos han sufrido la amarga decepción de recibir a sus hijos después del curso de estudios con hábitos disolutos y organismos arruinados. Y con frecuencia son irrespetuosos para con sus padres, desagradecidos e impíos. Estos engañados padres, así recompensados por hijos ingratos, lamentan haberlos enviado lejos de ellos para que estuviesen expuestos a las tentaciones y volviesen arruinados física, mental y moralmente. Decepcionados y con el corazón casi quebrantado, ven a sus hijos, en quienen tenían grandes esperanzas, seguir el curso del vicio y arrastrar una existencia miserable. ECR 27.2

Pero los hay que tienen firmes principios y que responden a la expectativa de padres y maestros. Cursan sus estudios con limpias conciencias, y terminan física y moralmente bien, no mancillados por influencias corruptoras. Pero su número es pequeño. ECR 28.1

Algunos estudiantes ponen todo su ser en el estudio, y consagran su mente al propósito de educarse. Hacen trabajar el cerebro, pero dejan inactivas las facultades físicas. El cerebro se recarga, y los músculos se debilitan debido a la falta de ejercicio. Cuando estos estudiantes se gradúan, resulta evidente que han obtenido su educación a expensas de su vida. Han estudiado día y noche durante años consecutivos, manteniendo la mente en tensión constante, al paso que dejaron de dar ejercicio suficiente a sus músculos. Lo sacrifican todo por el conocimiento de las ciencias y van hacia la tumba. ECR 28.2

Las niñas con frecuencia se entregan al estudio, descuidando cosas más esenciales para la vida práctica que el estudio de los libros, y después de haber logrado su educación quedan a menudo inválidas para toda la vida. Descuidaron su salud, permaneciendo demasiado tiempo encerradas, privadas del aire puro del cielo y de la luz solar que Dios nos concede. Podrían haber vuelto del colegio con salud, si hubiesen combinado con sus estudios los quehaceres domésticos y el ejercicio al aire libre. ECR 28.3

La salud es un gran tesoro, la mayor posesión que puedan tener los mortales. La riqueza, el honor o el saber se habrán comprado demasiado caros si han costado la salud. Ninguna de estas adquisiciones puede asegurar la felicidad si el cuerpo está enfermo. Es un terrible pecado abusar de la salud que Dios nos ha dado, pues ello nos debilita para la vida y nos convierte en vencidos, aun cuando logremos cualquier grado de educación. ECR 28.4

En muchos casos, los padres acaudalados no ven la importancia de dar a sus hijos una educación en los deberes prácticos de la vida tanto como en la ciencia. No sienten la necesidad, para bien de la inteligencia y moralidad de sus hijos y para su utilidad futura, de darles un conocimiento cabal de algún trabajo útil. Pero tienen esta obligación para con sus hijos, pues, si experimentaran reveses, podrían sostenerse con noble independencia, sabiendo cómo hacer uso de sus manos. Si tienen todo un capital de vigor, no pueden ser pobres, aun cuando no posean un solo peso. Muchos que en la juventud se hallaron en la opulencia, pueden quedar despojados de todas sus riquezas y con padres, hermanos y hermanas que mantener. Por lo tanto, ¡cuán importante es que a todo joven se le enseñe a trabajar, a fin de que pueda estar preparado para cualquier emergencia! Las riquezas son una verdadera maldición cuando sus poseedores cierran con ellas a sus hijos e hijas el camino para obtener el conocimiento de algún trabajo útil que los prepare para la vida práctica. ECR 29.1

A menudo los que no están obligados a trabajar, no hacen suficiente ejercicio activo para conservar la salud física. Los jóvenes, por no tener mente y manos ocupadas en trabajo activo, adquieren hábitos de indolencia, y con frecuencia, lo que es más espantoso aún: una educación callejera, el vicio de haraganear por los negocios, fumar, beber y jugar a los naipes. ECR 29.2

Algunas jóvenes quieren leer novelas, excusándose de no hacer trabajo activo debido a que son delicadas de salud. Su debilidad es consecuencia de la falta de ejercicio de los músculos que Dios les dió. Creen que son demasiado débiles para hacer el trabajo doméstico; y sin embargo, hacen crochet y encaje y conservan la delicada palidez de las manos y el rostro, en tanto que sus madres, agobiadas de cuidados, trabajan penosamente para lavar y planchar sus vestidos. Estas jóvenes no son cristianas porque violan el quinto mandamiento. No honran a sus padres. Pero la madre lleva la mayor culpa. Ha mimado a sus hijas y las ha eximido de compartir los deberes de la casa, hasta que el trabajo ha llegado a serles desagradable y aman y disfrutan una ociosidad enfermiza. Comen, duermen, leen novelas y hablan de modas, al paso que sus vidas son inútiles. ECR 29.3

La pobreza, en muchos casos, es una bendición, porque preserva a los jóvenes y niños de arruinarse por la inacción. Las facultades físicas tanto como las mentales debieran cultivarse y desarrollarse debidamente. El primer y constante cuidado de los padres debiera ser el de ver que sus hijos tengan organismos firmes para que puedan ser hombres y mujeres sanos. Es imposible lograr este objeto sin ejercicio físico. Para su propia salud física y bien moral, se debiera enseñar a los niños a trabajar, aun cuando no hubiese la necesidad imperiosa de hacerlo. Si han de tener caracteres puros y virtuosos, deben gozar de la disciplina de un trabajo bien regulado, que ponga en actividad todos los músculos. La satisfacción que tendrán los niños siendo útiles y ayudando abnegadamente a otros, será el placer más saludable que jamás experimentarán. ¿Por qué debería privar la riqueza a padres e hijos de esta gran bendición? ECR 30.1

Padres, la inacción es la maldición más grande que haya recaído sobre los jóvenes. No deberíais permitir a vuestras hijas que permanezcan en cama hasta tarde por la mañana, dejando que el sueño disipe las preciosas horas que Dios les dió prestadas para dedicarlas a los mejores fines y de las cuales tendrán que rendirle cuenta. La madre causa un grave daño a sus hijas al llevar sola las cargas que éstas debieran compartir con ella para su propio bien presente y futuro. Muchos padres, al permitir que sus hijos sean indolentes y satisfagan sus deseos de leer novelas, los inhabilitan para la vida real. La lectura de cuentos y novelas es el mal más grande en que puedan darse gusto los jóvenes. Las lectoras de novelas e historias de amor siempre dejan de ser madres buenas y prácticas. Son las que edifican castillos en el aire y viven en un mundo irreal e imaginario. Se vuelven sentimentales y tienen antojos enfermizos. Su vida artificial las arruina para todo lo útil. Tienen la inteligencia empequeñecida, aunque se hagan la ilusión de que son superiores en mentalidad y modales. La actividad en los quehaceres domésticos es lo más ventajoso para las niñas. ECR 30.2

El trabajo físico no impedirá el cultivo de la inteligencia. Lejos de ello. Las ventajas obtenidas por el trabajo físico servirán de contrapeso a una persona, e impedirán que la mente sea recargada. La fatiga recaerá sobre los músculos y aliviará al cerebro cansado. Hay muchas jovencitas inquietas e inútiles que consideran poco femenino el ocuparse en el trabajo activo. Pero sus caracteres son demasiado transparentes para engañar a personas sensatas con respecto a su inutilidad. Se sonríen bobamente, se ríen sin motivo, y todo en ellas es afectación. Aparecen como si no pudiesen pronunciar las palabras claramente y con propiedad, sino balbuciendo y riendo neciamente. ¿Son realmente señoritas? No nacieron necias sino que las educaron así. Ser señorita no significa ser frágil, desvalida, estar sobrecargada de adornos y reír tontamente. Se necesita más bien un cuerpo sano para tener una inteligencia sana. La salud física y un conocimiento práctico de todos los deberes domésticos necesarios, jamás constituirán un obstáculo para una inteligencia bien desarrollada; ambos son altamente importantes para una señorita. ECR 31.1

Todas las facultades mentales debieran ser puestas en uso y desarrolladas, a fin de que hombres y mujeres tengan una mente bien equilibrada. El mundo está lleno de personas unilateralmente desarrolladas debido a que una parte de sus facultades fué cultivada, en tanto que otras se empequeñecieron por la inacción. La educación de la mayoría de los jóvenes es un fracaso. Estudian con exceso, al paso que descuidan lo que atañe a la vida práctica. Hombres y mujeres llegan a ser padres sin considerar sus responsabilidades y su prole desciende más abajo que ellos en la escala de la deficiencia humana. De ese modo la humanidad degenera rápidamente. La aplicación constante al estudio, según la manera en que actualmente se dirigen las escuelas, está inhabilitando a la juventud para la vida práctica. La mente humana debe tener actividad. Si no está activa en la dirección adecuada, lo estará en la indebida. A fin de conservarla en equilibrio, el trabajo y el estudio deberían estar unidos en las escuelas. ECR 31.2

Debieran haberse tomado medidas en las generaciones pasadas para una obra educacional en mayor escala. Los colegios, debieran haber tenido establecimientos agrícolas y fabriles, como también maestros de economía doméstica; y una parte del tiempo diario debiera haberse dedicado al trabajo, de modo que las facultades físicas y mentales pudieran ejercitarse igualmente. Si las escuelas se hubiesen establecido de acuerdo con el plan que hemos mencionado, no habría ahora tantas mentes desequilibradas. ECR 32.1

Dios preparó para Adán y Eva un jardín hermoso. Los proveyó de cuanto exigían sus necesidades. Plantó para ellos árboles frutales de toda especie. Con mano liberal los rodeó de sus mercedes. No habían de marchitarse nunca los árboles para aprovechamiento y adorno y las atrayentes flores que brotaban espontáneamente y crecían con profusión a su alrededor. Adán y Eva eran ricos de verdad. Poseían el Edén. Adán era señor en sus bellos dominios. Nadie puede discutir el hecho de que fué rico. Mas Dios sabía que Adán no podría ser feliz sin ocupación. Por tanto, le dió algo que hacer: debía cultivar el huerto. ECR 32.2

Los hombres y las mujeres de este degenerado siglo que poseen una cuantiosa fortuna terrenal, la cual, en comparación con el paraíso de belleza y riqueza dado al majestuoso Adán, es muy insignificante, se creen eximidos del trabajo y enseñan a sus hijos a mirarlo como degradante. Esos padres acaudalados, por precepto y ejemplo, enseñan a sus hijos que el dinero es lo que hace al caballero o a la dama. Pero nuestro concepto del caballero y de la dama se mide por su valía intelectual y moral. Dios no estima según el vestido. La exhortación del inspirado apóstol Pedro es: “El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas; sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios”. Un espíritu manso y pacífico es exaltado por encima del honor y las riquezas del mundo. ECR 32.3

El Señor ilustra su estimación de los ricos mundanos, cuyas almas se envanecen en virtud de sus posesiones terrenales, por medio del hombre rico que demolió sus graneros y los edificó mayores para tener donde guardar sus bienes. Olvidado de Dios dejó de reconocer de dónde procedían sus posesiones. Ningún agradecimiento ascendió hasta su benigno Benefactor. Y se cumplimentaba pensando de esta manera: “Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate”. El Maestro, que le había confiado riquezas terrenas para que beneficiase con ellas a su prójimo y glorificase a su Hacedor, se airó justamente a causa de su ingratitud, y le dijo: “Necio, esta noche vuelven a pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios”. Aquí tenemos una ilustración de cómo estima al hombre el Dios infinito. Una inmensa fortuna o cualquier grado de riqueza no asegurará el favor de Dios. Todas estas mercedes y bendiciones proceden de él para probar y desarrollar el carácter del hombre. ECR 33.1

Los hombres podrán tener riquezas sin límites. Sin embargo, si no son ricos en Dios, si no tienen interés en obtener para sí el tesoro celestial y la sabiduría de origen divino, son considerados como necios por su Creador, y nosotros hemos de colocarlos precisamente donde Dios los coloca. El trabajo es una bendición. No es posible disfrutar de salud sin trabajo. Hay que ejercitar todas las facultades para que puedan desarrollarse debidamente y para que tanto hombres como mujeres posean una mente bien equilibrada. Si se hubiera dado a los jóvenes una acabada educación en los diferentes ramos de trabajo, si se les hubiera enseñado el trabajo tanto como las ciencias, la educación les habría sido más ventajosa. ECR 33.2

La constante tensión del cerebro, al mismo tiempo que deja inactivos los músculos, debilita los nervios, por lo que los estudiantes tienen un deseo casi irresistible de cambios y de diversiones excitantes. Y cuando se ven libres después de un encierro de varias horas de estudio diario, están casi ingobernables. Muchos jamás fueron disciplinados en sus casas. Se les dejó seguir sus inclinaciones, y creen que la restricción de las horas de estudio es una imposición severa. No teniendo nada que hacer después de dichas horas, Satanás les sugiere el juego y las travesuras como variación. Su influencia sobre otros estudiantes es desmoralizadora. Los que gozaron en el hogar de los beneficios de la enseñanza religiosa y que ignoraban los vicios de la sociedad, llegan a ser con frecuencia los que más se relacionan con aquellos cuya mente se formó en un molde inferior y cuyas oportunidades de adquirir cultura mental y preparación religiosa fueron muy limitadas. Se hallan en peligro, al mezclarse con compañías de esta clase y respirar una atmósfera que no es elevadora, sino que por el contrario tiende a rebajar y degradar la moralidad, de descender al mismo nivel que sus compañeros. Divertirse en las horas libres constituye la delicia de un sinnúmero de estudiantes. Y muchísimos de los que dejan el hogar inocentes y puros, se corrompen por influencia de sus compañeros de escuela. ECR 33.3

Me he sentido movida a preguntar: ¿Debe sacrificarse todo lo que es de valor en nuestra juventud con el fin de darle una educación escolar? Si hubiese habido establecimientos agrícolas e industriales unidos a nuestras escuelas, y se hubiese empleado a maestros competentes para educar a los jóvenes en los diversos ramos de estudio y de trabajo, dedicando parte del tiempo diariamente al mejoramiento intelectual y parte al trabajo físico, habría ahora una clase más elevada de jóvenes activos y de influencia en el amoldamiento de la sociedad. Muchos de los jóvenes que se graduaran en tales instituciones saldrían con estabilidad de carácter. Tendrían perseverancia, entereza y valor para sobreponerse a los obstáculos, y tales principios que no los desviaría una mala influencia por popular que sea. Deberían haber habido maestras expertas para dar lecciones a las jóvenes en el departamento culinario. A las niñas se les debería haber enseñado a confeccionar ropas, a cortar, a hacer y remendar prendas de vestir, para que llegasen así a estar preparadas para desempeñar los deberes y las obligaciones prácticas de la vida. ECR 34.1

Deberían haber establecimientos donde los jóvenes pudieran aprender oficios diferentes, los que pondrían en acción tanto sus músculos como sus facultades mentales. Si los jóvenes no pueden adquirir más que una educación parcial, ¿cuál es la de mayor importancia: la de un conocimiento de las ciencias, con todas sus desventajas para la salud y la vida, o el aprendizaje del trabajo para la vida práctica? Sin titubear respondemos: la última. Si una ha de desatenderse, sea ella el estudio de los libros. ECR 35.1

Hay muchas jóvenes casadas y con familia, que poseen sólo un pequeño conocimiento práctico de los deberes que incumben a una esposa y madre. Leen y saben tocar un instrumento de música; empero, no saben cocinar. No saben hacer buen pan, tan esencial para la salud de la familia. No saben cortar y confeccionar vestidos porque nunca aprendieron a hacerlo. Consideraban estas cosas sin importancia, y en su vida de casadas dependen tanto de alguna otra persona para que se las haga como sus propios hijitos. Es esta ignorancia inexcusable con respecto a los deberes más imprescindibles de la vida lo que hace desdichadas a muchas familias. ECR 35.2

La impresión de que el trabajo es degradante para una vida de buen tono, ha llevado al sepulcro a millares que pudieran haber vivido. Los que hacen únicamente labor manual, trabajan frecuentemente con exceso sin darse períodos de descanso, mientras que la clase intelectual recarga el cerebro y sufre por falta del saludable vigor que proporciona la. labor física. Si la clase intelectual quisiera compartir en cierta medida la carga de la clase trabajadora y vigorizar así sus músculos, el mundo obrero podría hacer menos y dedicar una parte de su tiempo a la cultura mental y moral. Los que se dedican a ocupaciones sedentarias debieran hacer ejercicio físico aun en el caso de que no necesiten trabajar por razones pecuniarias. La salud debería ser incentivo suficiente para inducirlos a unir el trabajo físico al mental. ECR 35.3

La cultura moral, intelectual y física debería combinarse a fin de producir hombres y mujeres bien desarrollados y equilibrados. Algunos están capacitados para realizar mayor esfuerzo intelectual que otros, mientras hay quienes están inclinados a amar y disfrutar el trabajo físico. Ambas clases deberían tratar de subsanar sus deficiencias de modo que puedan presentar a Dios su ser entero como sacrificio vivo, santo y aceptable, que es lo que constituye su culto racional. Los hábitos y las costumbres de la sociedad que sigue la moda no deberían regular su curso de acción. El inspirado apóstol Pablo añade: “Y no os conforméis a este siglo, mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. ECR 36.1

La mente de los hombres que trabajan con el pensamiento está sometida a un severo ejercicio. Con frecuencia hacen uso de sus facultades mentales con prodigalidad, mientras que hay otra clase cuyo mayor interés en la vida lo constituye la labor física. Esta última clase no ejercita la mente. Mientras que sus músculos están en acción casi constante, su cerebro se ve privado de vigor intelectual del mismo modo que la mente de los hombres que trabajan con el pensamiento se fatiga, en tanto que su cuerpo se halla privado de fuerza y vigor, porque dejan de ejercitar los músculos. Los que se contentan con dedicar su vida a la labor física y dejan que otros piensen por ellos, mientras a su vez, ejecutan simplemente lo que otros cerebros han ideado, tendrán fuerza muscular, empero una inteligencia débil, de poco beneficio comparada con lo que podría ser si usaran el cerebro tanto como los músculos. Esta clase cae más pronto si es atacada por la enfermedad, debido a que el organismo se ve privado de la fuerza vigorosa del cerebro para resistir la enfermedad. ECR 36.2

Los hombres que poseen buenas facultades físicas debieran aprender a pensar y obrar por sí mismos, y no depender de otros para que les sirvan de cerebro. Es un error popular entre una clase numerosa considerar como degradante el trabajo. En vista de ello, los jóvenes se sienten muy ansiosos de educarse para maestros, oficinistas, comerciantes, abogados, y para ocupar casi cualquier puesto que no requiera trabajo físico. Las jóvenes consideran el trabajo doméstico como degradante. Y aunque el ejercicio físico requerido para hacer el trabajo de la casa, si no es severo en demasía, contribuye mucho a favorecer la salud, buscan, no obstante, la educación que las habilite para ser maestras u oficinistas, o bien aprenden algún oficio que las encierra en un aposento con una ocupación sedentaria. La lozanía de la salud desaparece de sus rostros y caen presa de la enfermedad porque están privadas del ejercicio físico y pervierten sus hábitos, por lo general. ¡Todo esto por rendir obediencia a la moda! Disfrutan una vida delicada que es debilidad y decadencia. ECR 36.3

En verdad, existen algunos motivos para que las jóvenes no escojan emplearse para los trabajos domésticos, porque los que toman señoritas para los trabajos de la cocina, por lo general las tratan como sirvientas. Sus patrones frecuentemente no las respetan y las tratan como si fueran indignas de ser miembros de su familia. No les dan los privilegios que conceden a la costurera, la dactilógrafa y la maestra de música. Pero no puede haber empleo mejor que los trabajos domésticos. Cocinar bien, presentar en la mesa alimentos saludables de una manera atrayente, requiere inteligencia y experiencia. La persona que prepara el alimento que debe ir a nuestro estómago para ser convertido en sangre que nutra el organismo, desempeña una misión muy importante y elevada. La posición de dactilógrafa, modista o maestra de música, no puede igualarse en importancia a la de cocinera. ECR 37.1

Lo que precede es una exposición de lo que podría haberse hecho mediante un sistema de educación apropiado. El tiempo es ahora demasiado corto para llevar a cabo lo que podría haberse hecho en las generaciones pasadas; pero podemos hacer mucho, aun en estos últimos días, para corregir los males existentes en la educación de la juventud. Y por cuanto el tiempo es corto, debemos ser fervientes y trabajar celosamente para dar a los jóvenes la educación compatible con nuestra fe. Somos reformadores. Deseamos que nuestros hijos estudien con el mayor provecho. A fin de realizar esto, se les debiera dar ocupación que los obligue a ejercitar los músculos. El trabajo diario y sistemático debiera constituir una parte de la educación de los jóvenes aun en esta época tardía. Se puede ganar mucho ahora con incluir el trabajo en las escuelas. Siguiendo este plan, los estudiantes llegarán a poseer elasticidad de espíritu y vigor de pensamiento y serán capaces de ejecutar más trabajo mental, en un tiempo dado, que el que harían estudiando solamente. Y podrán abandonar el colegio con sus organismos incólumes y con fuerza y valor para perseverar en cualquier puesto donde la providencia divina pueda colocarlos. ECR 37.2

Por cuanto el tiempo es corto, deberíamos trabajar con diligencia y redoblada energía. Nuestros hijos tal vez no ingresen en la universidad, pero pueden obtener una preparación en aquellos ramos esenciales que apliquen después a un uso práctico y que darán cultura a la mente y ejercicio a sus facultades. Muchísimos jóvenes que han pasado un curso universitario no han obtenido aquella educación verdadera que podrían dedicar a un uso práctico. Pueden tener fama de poseer una educación universitaria, pero, en realidad, sólo son majaderos instruidos. ECR 38.1

Hay muchos jóvenes cuyos servicios Dios aceptaría si se consagraran a él sin reserva. Si emplearan en el servicio de Dios aquellas facultades de la mente que usan para su propio servicio y para adquirir bienes, serían obreros fervientes, perseverantes y de éxito en la viña del Señor. Muchos de nuestros jóvenes debieran concentrar su atención en el estudio de las Escrituras para que Dios pueda usarlos en su causa. No llegan a ser tan inteligentes en el conocimiento espiritual como en las cosas temporales. Por tanto, dejan de ocuparse en la obra de Dios, que podrían hacer de manera aceptable. Hay tan sólo unos pocos para amonestar a los pecadores y ganar almas para Cristo, cuando debiera haber muchos. Nuestros jóvenes son generalmente sabios en asuntos mundanales, pero no entendidos en cuanto a las cosas del reino de Dios. Podrían convertir su mente en un conducto celestial, divino, y andar en la luz, avanzando de un grado de claridad y poder a otro, hasta poder volver los pecadores hacia Cristo y dirigir a los incrédulos y desalentados a una senda brillante que va hacia el cielo. Y cuando la lucha haya terminado, podrían recibir la bienvenida en el gozo de su Señor. ECR 38.2

Los jóvenes no deberían ocuparse en la obra de explicar las Escrituras y disertar sobre las profecías, cuando no conocen las importantes verdades bíblicas que tratan de dar a conocer a otros. Pueden ser deficientes en los ramos comunes de educación y dejar, por tanto, de hacer el bien que podrían si hubiesen gozado de las ventajas de una buena escuela. La ignorancia no aumenta la humildad o espiritualidad de ningún seguidor profeso de Cristo. Un cristiano intelectual apreciará mejor que nadie las verdades de la Palabra divina. Cristo puede ser glorificado mejor por los que le sirven inteligentemente. El gran objeto de la educación es habilitarnos para hacer uso de las facultades que Dios nos ha dado, de manera tal que exponga mejor la religión de la Biblia y se acreciente la gloria de Dios. ECR 39.1

Estamos endeudados con Aquel que nos dió la existencia, por todos los talentos que nos ha entregado; y es un deber que tenemos para con nuestro Creador el cultivar y acrecentar las aptitudes que él ha confiado a nuestro cuidado. La educación disciplinará la mente, desarrollará las facultades y las dirigirá de una manera inteligente para que podamos ser útiles en promover la gloria de Dios. Necesitamos colegios donde los que entran en el ministerio puedan recibir enseñanza por lo menos en los ramos comunes de la educación, y donde puedan aprender también con más perfección las verdades de la Palabra de Dios para este tiempo. En relación con estos colegios, debieran darse conferencias sobre las profecías. Los que, en realidad, tengan buenas aptitudes que Dios aceptará para trabajar en su viña, recibirían gran beneficio con sólo una instrucción de pocos meses en tales colegios.—Testimonies for the Church 3:135-160 (1872). ECR 39.2

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Los padres y los maestros debieran buscar con más fervor aquella sabiduría que Jesús está siempre dispuesto a conceder, pues están tratando con la mente humana en el período más interesante e impresionable de su desarrollo. Debieran proponerse cultivar las tendencias de los jóvenes de tal manera que en cada época de su vida puedan ofrecer la belleza natural propia de aquel período, belleza que se desarrolla gradualmente, así como lo hacen las plantas y las flores en el jardín. ECR 40.1

El gobierno e instrucción de los niños es la obra misionera más noble que algún hombre o mujer puede emprender. Mediante el empleo apropiado de objetos, debieran hacerse muy sencillas las lecciones, a fin de que sus inteligencias sean dirigidas de la naturaleza al Dios de la naturaleza. Debemos tener en nuestras escuelas personas que posean tacto y habilidad para llevar adelante este ramo de trabajo, sembrando así las semillas de verdad. Solamente el gran día de Dios podrá revelar el bien que hará esta obra. ECR 40.2