La Educación Cristiana

101/201

Capítulo 32—La Biblia en nuestros colegios

No es prudente enviar a nuestros jóvenes a universidades donde dediquen su tiempo a obtener un conocimiento del griego y del latín, en tanto que su cabeza y corazón se llenan de los sentimientos de autores incrédulos, a los que tienen que estudiar a fin de dominar dichos idiomas. Obtienen un conocimiento que no es del todo necesario o no está en armonía con las lecciones del gran Maestro. Por lo general, los que se educan de esta manera tienen un gran concepto de sí mismos. Creen haber alcanzado el pináculo de la educación superior y se conducen orgullosamente como si ya no tuvieran nada más que aprender. Están arruinados para el servicio de Dios. El tiempo, los recursos y el estudio que muchos han dedicado al logro de una educación comparativamente inútil, debieran haberlos empleado en conseguir una educación que los hiciera hombres y mujeres cabales e idóneos para la vida práctica. Una educación tal habría sido del más alto valor para ellos. EC 236.1

¿Qué llevan consigo los estudiantes cuando dejan nuestros colegios? ¿Adónde van? ¿Qué van a hacer? ¿Tienen el saber que ha de habilitarlos para enseñar a otros? ¿Han sido educados para ser padres y madres sabios? ¿Pueden ponerse a la cabeza de una familia como instructores entendidos? En su vida doméstica, ¿pueden enseñar de tal modo a sus hijos que sea la suya una familia a la cual Dios pueda contemplar complacido por cuanto es un símbolo de la familia de los cielos? ¿Han recibido la única educación que puede, en verdad, ser llamada “educación superior”? EC 236.2

¿Qué es la educación superior? Ninguna puede ser llamada así a menos que lleve la semejanza del cielo, a menos que encamine a los jóvenes de ambos sexos a ser semejantes a Cristo, y los habilite para ponerse a la cabeza de sus familias, en lugar de Dios. Si, durante su vida escolar, un joven ha dejado de adquirir un conocimiento del griego o del latín y los sentimientos contenidos en las obras de autores incrédulos, no ha sufrido mucha pérdida. Si Jesucristo hubiera considerado esencial esta clase de educación, ¿no la hubiera dado a sus discípulos a quienes estaba educando para que hiciesen la obra más grande que jamás se haya encargado a los mortales, la de representarlo ante el mundo? Empero, en lugar de ella, puso la verdad sagrada en sus manos para que la diesen al mundo en su sencillez. EC 236.3

A veces son necesarios los eruditos en griego y latín. Alguien ha de estudiar estos idiomas. Eso está bien. Pero no todos, ni tampoco muchos, deben estudiarlos. Los que creen que el conocimiento del griego y el latín es esencial para una educación superior, no pueden ver muy lejos. Ni tampoco es necesario un conocimiento de los misterios de aquello que los hombres y el mundo llaman ciencia, para entrar en el reino de Dios. Satanás es el que llena la mente de sofismas y tradición, que excluyen la verdadera educación superior y perecerán con el estudiante. EC 237.1

Aquellos que han adquirido una falsa educación no miran hacia el cielo. No pueden ver a Aquel que es la verdadera Luz “que alumbra a todo hombre que viene a este mundo”. Miran las realidades eternas como fantasmas, y llaman a un átomo un mundo y a un mundo un átomo. Acerca de muchos de los que han adquirido la llamada educación superior, Dios declara: “Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto”; falto en el conocimiento de los quehaceres prácticos; falto en el conocimiento de cómo hacer el mejor uso del tiempo; falto en el conocimiento de cómo trabajar para Jesús. EC 237.2

La naturaleza práctica de la enseñanza de Aquel que dió su vida para salvar a los hombres, es una evidencia del valor que ha conferido a éstos. El dió la única educación que puede ser llamada educación superior. No despidió a sus discípulos porque no habían recibido su educación de los maestros paganos e incrédulos. Estos discípulos iban a proclamar una verdad que conmovería al mundo, pero antes de que pudiesen hacerlo, antes de que pudiesen ser la sal de la tierra, debían aprender nuevas costumbres y desaprender muchas cosas que les enseñaron los sacerdotes y los rabinos. Y hoy día, aquellos que quieran representar a Cristo deben aprender nuevas costumbres. Las teorías que tienen su origen en el mundo deben ser abandonadas. Las palabras y las obras han de ser según el modelo divino. No se han de contraer vínculos con los degradantes principios y sentimientos propios del culto de otros dioses. No puede obtenerse una educación segura de los que no conocen a Dios ni lo reconocen como la vida y la luz de los hombres. Estos hombres pertenecen a otro reino. Son gobernados por un príncipe desleal y confunden fantasmas con realidades. EC 237.3

Nuestros colegios no son lo que debieran ser. El tiempo que debiera dedicarse a trabajar para Cristo se consume en la contemplación de temas sin valor y en la complacencia propia. La controversia surge al instante si se hace oposición a las opiniones ya establecidas. Fué así con los judíos. Con el fin de vindicar opiniones personales y mezquinos intereses y complacer la ambición mundana, desecharon al Hijo de Dios. El tiempo pasa. Nos estamos acercando a la gran crisis de la historia de esta tierra. Si los maestros persisten en cerrar los ojos a las necesidades del tiempo en que vivimos, deben ser separados de la obra. EC 238.1

Muchos educadores de escuelas de la actualidad están practicando el engaño al guiar a sus alumnos a terrenos de estudio comparativamente inútiles, estudios que exigen tiempo, concentración y recursos que debieran emplearse en la obtención de aquella educación superior que Cristo vino a dar. Tomó la forma humana a fin de que pudiese elevar la mente desde las lecciones que los hombres consideran esenciales hasta aquellas que entrañan consecuencias eternas. El vió al mundo envuelto en engaño satánico. Vió a hombres que seguían fervientemente su propia imaginación, y que creían que lo habrían logrado todo si hubieran podido hallar el modo de hacerse llamar grandes en el mundo. Pero no lograron más que la muerte. Cristo se situó en los caminos y en las encrucijadas de la tierra y contempló a los hombres en su ávida busca de felicidad, creídos que habían descubierto el modo de ser dioses en este mundo con cada nuevo proyecto que ideaban. Cristo les señaló hacia arriba, diciéndoles que el único conocimiento verdadero es el conocimiento de Dios y de Cristo, el cual acarreará paz y dicha en la presente vida y asegurará el don gratuito de Dios, la vida eterna. Instó a sus oyentes, como hombres que poseían la facultad de la razón, a que no dejasen de tomar en cuenta la eternidad. “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia—dijo—, y todas estas cosas os serán añadidas”. Sois, desde luego, colaboradores de Dios. Para esto os he comprado con mis padecimientos, humillación y muerte. EC 238.2

La gran lección que hay que dar a los jóvenes es que, como adoradores de Dios, han de fomentar los principios bíblicos y poner al mundo en segundo lugar. Dios quiere que todos estén instruidos acerca de cómo hacer las obras de Cristo y entrar por las puertas en la ciudad celestial. No debemos permitir que el mundo nos convierta a nosotros. Debemos procurar con el mayor fervor convertir al mundo. Cristo nos ha otorgado el privilegio y deber de defenderlo bajo todas las circunstancias. Ruego a los padres que pongan a sus hijos donde no sean hechizados por una falsa educación. Su única seguridad está en aprender de Cristo. El es la gran Luz central del mundo. Todas las demás luces, toda otra sabiduría, son necedad. EC 239.1

Los hombres y las mujeres son la posesión adquirida por la sangre del Unigénito Hijo de Dios. Son el patrimonio de Cristo, y su educación y disciplina han de serles dadas, no con relación a esta vida corta e incierta, sino a la vida inmortal, que se compara con la vida de Dios. No es su designio que aquellos cuyo servicio ha adquirido sean enseñados para servir a Mammón, para recibir la alabanza o glorificación humanas o para ser servidores del mundo. EC 239.2

“Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él”. Juan 6:53-56. Estas son las condiciones de vida impuestas por el Redentor del mundo, antes de que se pusiesen los fundamentos de la tierra. ¿Están los maestros de nuestras escuelas dando de comer el pan de vida a los alumnos? Muchos de ellos están guiando a sus educandos por el mismo sendero que ellos han recorrido. Creen que ése es el único camino bueno. Dan a los alumnos un alimento que no ha de mantener la vida espiritual sino que causará la muerte de los que participan de él. Están fascinados por aquello que Dios no exige conocer. EC 240.1

Los maestros que están tan decididos como lo estaban los sacerdotes y príncipes a llevar a sus alumnos por el mismo viejo camino en que el mundo sigue andando, se internarán en mayores tinieblas aún. Los que podrían haber sido colaboradores de Cristo y que, sin embargo, han despreciado a los mensajeros y su mensaje, perderán su rumbo. Andarán en tinieblas, no sabiendo en qué tropiezan. Los tales están destinados a caer engañados por los errores de los últimos días. Su mente se halla preocupada con intereses subalternos y pierden la bendita oportunidad de llevar el yugo con Cristo y ser obreros juntamente con Dios. EC 240.2

El llamado árbol de la ciencia, se ha convertido en un instrumento de muerte. Satanás se ha entretejido artificiosamente, juntamente con sus dogmas y falsas teorías, en la instrucción impartida. Desde el árbol de la ciencia emite las lisonjas más agradables respecto a la educación superior. Millares participan del fruto de este árbol; mas ese fruto significa muerte para ellos. Cristo les dice: “Gastáis el dinero en lo que no es pan. Estáis empleando los talentos que Dios os ha confiado en la obtención de una educación que Dios considera como locura”. EC 240.3

Satanás está tratando de conseguir toda ventaja. Desea conquistarse no sólo a los alumnos, sino también a los maestros. Ha trazado sus planes. Disfrazado de ángel de luz, recorrerá la tierra como un taumaturgo. Con bello lenguaje presentará sentimientos sublimes. Hablará palabras buenas y ejecutará buenos actos. Personificará a Cristo; pero en un punto habrá una diferencia notable. Satanás apartará a la gente de la ley de Dios. Sin embargo, imitará tan bien la justicia que, si posible fuese, engañaría a los mismos escogidos. Testas coronadas, presidentes, gobernadores de altos puestos, se inclinarán ante sus falsas teorías. En vez de dar lugar a la crítica, a las divisiones, a los celos, a la rivalidad, los que están en nuestras escuelas deberían ser una cosa en Cristo. Solamente así pueden resistir a las tentaciones del archiengañador. EC 241.1

El tiempo pasa y Dios pide que cada centinela esté en su puesto. El ha tenido a bien conducirnos a una crisis mayor que cualquiera de las que se hayan presentado desde el primer advenimiento de nuestro Salvador. ¿Qué haremos? El Espíritu Santo de Dios nos ha dicho lo que debemos hacer; con todo, así como los judíos del tiempo de Cristo desecharon la luz y escogieron las tinieblas, del mismo modo el mundo religioso desechará el mensaje para este tiempo. Los hombres que profesan piedad han menospreciado a Cristo en la persona de sus mensajeros. Como los judíos, rechazan el mensaje de Dios. Los judíos preguntaron con respecto a Cristo: “¿Quién es éste? ¿No es el hijo de José?” El no era el Cristo que los judíos habían esperado. Del mismo modo hoy día, los agentes que Dios envía no son los que los hombres han esperado. Pero el Señor no preguntará a ninguno para saber a quién tiene que enviar: el enviará a quien quiera. Los hombres podrán no comprender por qué envía Dios a éste o aquél. Su obra podrá provocar curiosidad. Dios no satisfará esta curiosidad, y su Palabra no volverá a él vacía. EC 241.2

Que todos los que crean la Palabra de Dios entren en la obra de apercibir a un pueblo para estar en pie en el día de la preparación de Dios. Durante los últimos pocos años se ha hecho una obra trascendental. Importantes preguntas se han agitado en las mentes de aquellos que creen la verdad presente. La luz del Sol de Justicia ha estado brillando por doquier, y ha sido recibida por muchos y seguida perseverantemente. La obra de las filas de Cristo ha avanzado. EC 242.1

Toda alma que invoca el nombre de Cristo debiera estar prestando servicio. Todos debieran decir: “Heme aquí; envíame a mí”. Los labios dispuestos a hablar, aunque inmundos, serán tocados con el ascua encendida y purificados. Serán capacitados para decir palabras que penetrarán hasta el alma. Llegará el momento cuando los hombres serán llamados a rendir cuenta por las almas a quienes debieran haber impartido luz, pero que no la han recibido. Los que han faltado así al cumplimiento de su deber, aquellos a quienes se les ha dado luz pero que no la acogieron, de modo que no tienen nada que impartir, se hallan clasificados en los libros del cielo entre los que están enemistados con Dios, sin sujeción a su voluntad ni bajo su dirección. EC 242.2

Una influencia cristiana debiera llenar nuestras escuelas, sanatorios y casas editoras. Bajo la dirección de Satanás, se están formando coaliciones, y se seguirán formando para eclipsar la verdad por medio de la influencia humana. Los que se unen a esas coaliciones no podrán oír jamás el parabién de Cristo: “Bien, buen siervo y fiel; ... entra en el gozo de tu Señor”. Los medios establecidos por Dios han de avanzar, sin transigir con la potestad de las tinieblas. Mucho más se ha de hacer en las filas de Cristo que aún no ha sido hecho. EC 242.3

Todo estudiante debiera fomentar una estricta integridad. Toda inteligencia debiera tornarse con reverente atención hacia la Palabra revelada de Dios. Luz y gracia les serán dadas a aquellos que así obedezcan a Dios. Verán maravillas en la ley divina. Grandes verdades que no han sido oídas ni contempladas desde el día de Pentecostés han de resplandecer de la Palabra de Dios en su original pureza. A aquellos que aman verdaderamente a Dios, el Espíritu Santo les revelará verdades que han desaparecido de la mente y también les revelará verdades completamente nuevas. Los que comen la carne y beben la sangre del Hijo de Dios sacarán de los libros de Daniel y el Apocalipsis verdades inspiradas por el Espíritu Santo. Pondrán en acción fuerzas que no podrán ser reprimidas. Serán abiertos los labios de los niños para proclamar los misterios que han permanecido ocultos para las mentes de los hombres. Dios ha escogido lo necio del mundo para confundir a los sabios, y lo débil del mundo para confundir a los poderosos. EC 242.4

No ha de introducirse la Biblia en nuestras escuelas para ser intercalada en medio de la incredulidad. La Biblia debe ser hecha el fundamento y tema de la educación. Es verdad que sabemos mucho más de la Palabra del Dios vivo de lo que sabíamos en lo pasado; pero hay todavía mucho más que aprender. La Biblia debe usarse como la Palabra del Dios vivo y debe ser tenida como lo primero y lo último y mejor en todas las cosas. Entonces se verá verdadero crecimiento espiritual. Los alumnos desarrollarán caracteres religiosos sanos, porque comen la carne y beben la sangre del Hijo de Dios. Pero a menos que sea cuidada y promovida, la salud del alma decaerá. Manteneos en el conducto de la luz. Estudiad la Biblia. Los que sirvan a Dios fielmente serán bendecidos. Aquel que no dejará sin recompensa ningún trabajo fiel, coronará todo acto de lealtad e integridad con demostraciones especiales de su amor y aprobación.—The Review and Herald, 17 de agosto de 1897. Reproducido en Fundamentals of Christian Education, 467-474. EC 243.1