Consejos para la Iglesia

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La maternidad

Toda mujer a punto de ser madre, cualquiera que sea su ambiente, debe fomentar constantemente una disposición feliz, alegre y contenta, sabiendo que por todos los esfuerzos que haga en tal sentido se verá resarcida diez veces en la naturaleza física y moral de su hijo. Ni es esto todo. Ella puede acostumbrarse por hábito a pensar animosamente, y así alentar una condición mental feliz como alegre reflejo de su propio espíritu de dicha sobre su familia y sobre aquellos con quienes trate. Su propia salud física quedará muy mejorada. Las fuentes de la vida recibirán fuerza; la sangre no circulará perezosamente, como sucedería si ella cediese al abatimiento y la lobreguez. Su salud mental y moral será vigorizada por su buen ánimo. El poder de la voluntad puede resistir las impresiones mentales y será un gran calmante para los nervios. Los niños que han sido privados de la vitalidad que debieran haber heredado de sus padres deben recibir el máximo cuidado. Si se presta detenida atención a las leyes de su ser, se puede crear una condición mucho mejor. CPI 247.3

La que espera ser madre debe conservar el amor de Dios en su alma. Su ánimo debe estar en paz; debe descansar en el amor de Jesús y practicar sus palabras. Debe recordar que las madres colaboran con Dios.2 CPI 248.1

Ambos esposos deben cooperar. ¡Qué mundo no tendríamos si todas las madres se consagrasen sobre el altar de Dios, y dedicasen a Dios sus hijos, tanto antes como después de su nacimiento! CPI 248.2

Muchos padres creen que el efecto de las influencias prenatales es cosa de poca monta; pero el Cielo no las considera así. El mensaje enviado por un ángel de Dios y reiterado en forma solemnísima merece que le prestemos la mayor atención. CPI 248.3

Al hablar a la madre hebrea [la esposa de Manoa], Dios se dirige a todas las madres de todos los tiempos. Dijo el ángel: “La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije”. El bienestar del niño dependerá de los hábitos de la madre. Ella tiene, pues, que someter sus apetitos y sus pasiones al dominio de los buenos principios. Hay algo que ella debe rehuir, algo contra lo cual debe luchar si quiere cumplir el propósito que Dios tiene para con ella al darle un hijo. CPI 248.4

El mundo está lleno de trampas para los jóvenes. Muchísimos son atraídos por una vida de placeres egoístas y sensuales. No pueden discernir los peligros ocultos o el fin temible de la senda que a ellos les parece camino de felicidad. Cediendo a sus apetitos y pasiones malgastan sus energías, y millones quedan perdidos para este mundo y para el venidero. Los padres deberían recordar siempre que sus hijos tienen que arrostrar estas tentaciones. Deben preparar al niño desde antes de su nacimiento para predisponerlo a pelear con éxito las batallas contra el mal. Si, antes del nacimiento de su hijo, la madre procura complacerse a sí misma, si es egoísta, impaciente e imperiosa, estos rasgos de carácter se reflejarán en el temperamento del niño. Así se explica que muchos hijos hayan recibido por herencia tendencias al mal que son casi irresistibles. CPI 249.1

Pero si la madre se atiene invariablemente a principios rectos, si es templada y abnegada, bondadosa, apacible y altruista, puede transmitir a su hijo estos mismos preciosos rasgos de carácter.3 CPI 249.2

Los pequeñuelos constituyen un espejo en el cual la madre puede ver reflejados sus propios hábitos y comportamiento. ¡Cuánto cuidado debe ejercer por lo tanto acerca de su lenguaje y conducta en presencia de esos pequeños discípulos! Cualesquiera que sean los rasgos de carácter que ella desee que se desarrollen en ellos, debe cultivarlos en sí misma.4 CPI 249.3