Consejos Sobre la Salud

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El valor de una vida consecuente

Los obreros del Señor nunca podrán ejercer demasiado cuidado para que sus acciones no contradigan sus palabras, porque únicamente una vida consecuente puede suscitar el respeto de los demás. Si nuestra práctica armoniza con nuestra enseñanza, nuestras palabras ejercerán efecto; pero una piedad que no esté basada en principios concienzudos es como la sal que ha perdido su sabor. Hablar sin poner por obra lo que se dice, es como metal que resuena y címbalo que retiñe. De nada vale que nos esforcemos por inculcar principios que no practicamos concienzudamente.* CSI 561.3

Velad y orad. Únicamente en esa forma podéis dedicaros completamente a la obra del Señor. El yo debe pasar a un segundo plano. Los que colocan el yo en un lugar prominente adquieren una experiencia que pronto se convierte en una segunda naturaleza para ellos, que no tardará en dejar de comprender que, en vez de elevar a Jesús, se están exaltando a sí mismos, que en lugar de ser canales a través de los cuales pueda fluir el agua viva para refrescar a otros, absorben las simpatías y los afectos de quienes los rodean. Esto no es lealtad hacia el Señor crucificado. CSI 562.1