Consejos para los Maestros

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La parte de los padres

Pero no debe exigirse que los maestros hagan la parte de los padres. Muchos padres han manifestado una terrible negligencia en su deber. Como Elí, no ejercen la debida restricción; y luego mandan sus hijos indisciplinados al colegio, para recibir la preparación que ellos debieran haberles dado en la casa. CM 88.3

Los maestros tienen una tarea que pocos aprecian. Si logran reformar a estos jóvenes díscolos, reciben poco crédito. Si éstos prefieren la sociedad de los dispuestos al mal, y van de mal en peor, entonces se censura a los maestros y se acusa a la escuela. En muchos casos la censura tocaría en justicia a los padres. Ellos tuvieron la primera y más favorable oportunidad de controlar y educar a sus hijos, cuando su espíritu era susceptible de enseñanza, y su mente y corazón podían recibir fácilmente las impresiones. Pero por pereza dejan los padres que sus hijos sigan su voluntad propia hasta endurecerse en la mala conducta. CM 88.4

Estudien los padres menos del mundo, y más de Cristo; hagan menos esfuerzos por imitar las costumbres y modas del mundo, y dediquen más tiempo y esfuerzo a amoldar la mente y el carácter de sus hijos de acuerdo con el Modelo divino. Entonces podrán mandar a sus hijos e hijas fortalecidos por una moral pura y un propósito noble, a recibir una educación que los capacite para ocupar puestos de utilidad y confianza. Los maestros regidos por el amor y el temor de Dios podrían conducir a estos jóvenes todavía más adelante y hacia arriba, preparándolos para beneficiar al mundo y honrar a su Creador. CM 89.1

Relacionado con Dios, todo instructor ejercerá una influencia para inducir a sus alumnos a estudiar la Palabra de Dios y obedecer su ley. Dirigirá sus mentes a la contemplación de los intereses eternos, abriendo delante de ellos vastos campos de reflexión, temas grandiosos y ennoblecedores, a cuya comprensión el intelecto más vigoroso podrá dedicar sus facultades, y sin embargo sentir que queda aún más allá un infinito. CM 89.2