Consejos para los Maestros

37/279

El encierro en la escuela

El sistema de educación llevado a cabo desde generaciones ha sido destructor de la salud, y aun de la vida misma. Muchos tiernos niños han pasado cinco horas diarias en aulas que no estaban debidamente ventiladas, ni eran bastante grandes para acomodar saludablemente a los alumnos. Así el aire se transforma pronto en veneno para los pulmones que lo inhalan. Los niñitos, cuyos miembros y músculos no son fuertes, y cuyo cerebro no está desarrollado, han estado encerrados para su perjuicio. Muchos comienzan la vida con poca resistencia vital, y el estar encerrados día tras día en la escuela los vuelve nerviosos y enfermos. Su cuerpo queda atrofiado debido al agotamiento de sus nervios. CM 77.1

Y si se apaga la lámpara de la vida, los padres y los maestros no consideran que ellos pueden haber tenido influencia directa en ahogar la chispa vital. Cuando están al lado de la tumba de sus hijos, los padres afligidos consideran su duelo como una dispensación especial de la Providencia, cuando, por una ignorancia inexcusable, su propia conducta destruyó la vida de sus hijos. Acusar de su muerte a la Providencia es una blasfemia. Dios quería que los pequeñuelos vivieran y fueran disciplinados, para que tuviesen un hermoso carácter y le glorificasen en este mundo y le alabasen en el mundo mejor... CM 77.2

El familiarizarse con el magnífico organismo humano, los huesos, los músculos, el estómago, el hígado, los intestinos, el corazón y los poros de la piel, y comprender cómo depende un órgano del otro para el funcionamiento saludable de todos, es un estudio en el cual las más de las madres no se interesan. No saben nada de la influencia que ejerce el cuerpo sobre la mente, o la mente sobre el cuerpo. No parecen comprender la mente, que aúna lo finito con lo infinito. Todo órgano del cuerpo fue hecho para servicio de la mente. La mente es la capital del cuerpo. CM 77.3

Se permite a los niños ingerir carne, especias, manteca, queso, carne de cerdo, pasteles suculentos, y condimentos en general. Se les permite comer alimentos malsanos a horas irregulares y entre las comidas. Estas cosas contribuyen a trastornar el estómago, excitan los nervios a una acción antinatural, y debilitan el intelecto. Los padres no comprenden que están sembrando las semillas que producirán enfermedad y muerte. CM 77.4

Muchos niños han sido arruinados para toda la vida al aguijonear su intelecto y descuidar el fortalecimiento de las facultades físicas. Muchos han muerto en la infancia por la conducta seguida por padres y maestros poco juiciosos que forzaron sus jóvenes intelectos por la adulación y el temor, cuando eran demasiado jóvenes para estar en un aula de clases. Recargaron sus mentes con lecciones, cuando no se les debiera haber incitado a estudiarlas, sino impedido que lo hiciesen hasta que su constitución física fuese lo bastante fuerte para el esfuerzo mental. Los niños pequeños deben ser dejados sin trabas como los corderos para correr al aire puro, ser libres y felices, y se les deben conceder las oportunidades más favorables para echar el fundamento de una constitución sana. CM 78.1