Conducción del Niño

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Capítulo 43—La disciplina en el hogar

Familias bien ordenadas y bien disciplinadas—El deber de los que pretenden ser cristianos es presentar ante el mundo familias bien ordenadas y bien disciplinadas, familias que demuestren el poder del verdadero cristianismo.—The Review and Herald, 13 de abril de 1897. CN 217.1

No es fácil educar y preparar a los hijos sabiamente. Se levantarán dificultades cuando los padres traten de mantener el juicio y el temor de Dios delante de ellos. Los hijos revelarán la perversidad albergada en su corazón. Muestran amor por la necedad, la independencia y odio por la restricción y la disciplina. Practican el engaño y expresan falsedades. Demasiados padres, en vez de castigar a sus hijos por esas faltas, los ciegan a fin de que no vean debajo de la superficie ni disciernan el verdadero significado de estas cosas. Por lo tanto, los hijos continúan en sus prácticas engañosas formando caracteres que Dios no puede aprobar. CN 217.2

La norma fijada por la Palabra de Dios es puesta a un lado por los padres a los que no les gusta la camisa de fuerza, como algunos la llaman, para emplearla en la educación de sus hijos. Muchos padres tienen un disgusto arraigado en contra de los santos principios de la Palabra de Dios, porque esos principios colocan demasiada responsabilidad sobre ellos. Pero la cuenta inevitable, que todos los padres están obligados a pagar, muestra que los caminos de Dios son los mejores y que el único sendero de seguridad y felicidad se halla en la obediencia a su voluntad.—The Review and Herald, 30 de marzo de 1897. CN 217.3

La restricción de los hijos no es una tarea fácil—Dentro del actual estado de cosas de la sociedad, no es una tarea fácil que los padres restrinjan a sus hijos y los instruyan de acuerdo con los principios bíblicos. Cuando educan a sus hijos en armonía con los preceptos de la Palabra de Dios y, como el Abrahán de la antigüedad, guían a su casa tras sí, los hijos piensan que sus padres son exagerados e innecesariamente exigentes.—The Signs of the Times, 17 de abril de 1884. CN 217.4

Falsas ideas en cuanto a la restricción—Padres, si queréis la bendición de Dios, proceded como procedió Abrahán. Reprimid el mal y fomentad el bien. Será necesario dar algunas órdenes en lugar de consultar las inclinaciones y gustos de los hijos.—Carta 53, 1887. CN 218.1

Dejar a un niño que siga sus impulsos naturales, es permitirle que su carácter se deteriore y se haga eficiente en el mal. Los padres sabios no dirán a sus hijos: “Sigue tu propia elección; ve adonde quieras, y haz lo que quieras”; sino: “Escucha la instrucción del Señor”. A fin de que no se eche a perder la belleza de la vida del hogar, deben hacerse y aplicarse reglas sabias en él.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 86, 87. CN 218.2

Por qué pereció la familia de Acán—¿Habéis pensado por qué fueron sometidos al castigo de Dios todos los que estaban relacionados con Acán? Fue porque no habían sido preparados y educados de acuerdo con las direcciones dadas en la gran norma de la ley de Dios. Los padres de Acán lo habían educado en tal forma, que se sentía libre para desobedecer la Palabra del Señor. Los principios inculcados en su vida lo indujeron a tratar a sus hijos en tal forma que ellos también se corrompieron. La mente actúa sobre otra mente y recibe su influencia, y el castigo que incluyó a los familiares de Acán revela el hecho de que todos estaban implicados en la transgresión.—Manuscrito 67, 1894. CN 218.3

El ciego afecto paternal es el más grande obstáculo en la enseñanza—El pecado del descuido paternal es casi universal. Con demasiada frecuencia existe un ciego afecto hacia los que están relacionados con nosotros por vínculos naturales. Ese afecto se lleva al extremo; no está equilibrado por la sabiduría ni por el temor de Dios. El ciego afecto paternal es el mayor obstáculo en el sendero de la debida educación de los hijos. Impide la disciplina y la educación que requiere el Señor. Debido a ese afecto, a veces los padres parecen estar desprovistos de razón. Es como las tiernas misericordias de los impíos, cruelmente disfrazadas con el atavío de un falso amor. Esta peligrosa contracorriente es la que lleva a los hijos a la ruina.—The Review and Herald, 6 de abril de 1897. CN 218.4

Los padres están en constante peligro de fomentar los afectos naturales a expensas de la obediencia a la ley de Dios. Para agradar a sus hijos, muchos padres permiten lo que Dios prohíbe.—The Review and Herald, 29 de enero de 1901. CN 219.1

Los padres son responsables por lo que sus hijos podrían haber sido—Si el padre y la madre, como maestros del hogar, permiten que sus hijos dominen la situación y se descarríen, son responsables por lo que esos hijos podrían haber sido de otra manera.—The Review and Herald, 15 de septiembre de 1904. CN 219.2

Los que siguen sus propias inclinaciones, en su afecto ciego por sus hijos, y, permitiéndoles que satisfagan sus deseos egoístas, no les hacen sentir el peso de la autoridad de Dios para reprender el pecado y corregir el mal, ponen de manifiesto que honran a sus hijos impíos más que a Dios. Sienten más anhelo por escudar la reputación de ellos que por glorificar a Dios; y tienen más deseo de complacer a sus hijos que de agradar al Señor. . . . Aquellos que no tienen suficiente valor para reprender el mal, o que por indolencia o falta de interés no hacen esfuerzos fervientes para purificar la familia o la iglesia de Dios, son considerados responsables del mal que resulte de su descuido del deber. CN 219.3

Somos tan responsables de los males que hubiéramos podido impedir en otros por el ejercicio de la autoridad paternal o pastoral, como si hubiésemos cometido los tales hechos nosotros mismos.—Patriarcas y Profetas, 624, 625. CN 220.1

Se debe ser imparcial—Es muy natural que haya favoritismo en los padres en cuanto a sus hijos. Especialmente si los padres creen que ellos mismos poseen una capacidad superior, considerarán que sus hijos son superiores a otros niños. Por lo tanto, mucho de lo que censurarían severamente en otros, lo pasan por alto en sus hijos como una muestra de inteligencia. Si bien es cierto que esta parcialidad es natural, no es justa ni cristiana. Se hace un gran daño a nuestros hijos cuando les permitimos que sus faltas no sean corregidas.—The Signs of the Times, 24 de noviembre de 1881. CN 220.2

No consintáis el mal—Se debería explicar que el gobierno de Dios no reconoce transigencias con el mal. Ni en el hogar ni en la escuela se debería tolerar la desobediencia. Ningún padre ni maestro que desee sinceramente el bienestar de los que están a su cuidado, transigirá con la voluntad terca que desafíe a la autoridad o recurra al subterfugio o la evasiva a fin de esquivar la obediencia. No es el amor, sino el sentimentalismo el que se complace con el mal, trata de obtener obediencia por medio de ruegos o sobornos y finalmente acepta algún sustituto en vez de lo que exigía.—La Educación, 282. CN 220.3

Existe hoy en muchísimas familias mucha complacencia propia y desobediencia que pasan sin ser corregidas, o por el contrario se manifiesta un espíritu despótico que crea los peores males en el carácter de los hijos. Los padres los corrigen a veces con tal desconsideración que les amargan la vida, y los hijos pierden el respeto por sus padres y hermanos—Carta 75, 1898. CN 220.4

Los padres no comprenden los principios correctos—Apena el corazón ver la necedad de los padres en el ejercicio de la autoridad que Dios les ha dado. Hombres que en todo lo demás son consecuentes e inteligentes fracasan en la comprensión de los principios que debieran emplear en la educación de sus hijos pequeños. No les dan la instrucción correcta en el tiempo cuando ella, un ejemplo piadoso y una firme decisión son indispensables para guiar correctamente la mente inexperta que ignora las influencias engañosas y peligrosas a las que tendrá que hacer frente por doquiera.—Manuscrito 119, 1899. CN 221.1

El mayor sufrimiento ha sobrevenido a la familia humana porque los padres se han apartado del plan divino para seguir su propio criterio y sus ideas imperfectas. Muchos padres obedecen a sus impulsos. Se olvidan que el bien presente y futuro de sus hijos requiere disciplina inteligente.—Manuscrito 49, 1901. CN 221.2

Dios no acepta excusas—Con demasiada frecuencia, se crea un estado de rebelión en el corazón de los hijos debido a la disciplina errónea de los padres, cuando los hijos habrían formado buenos y armoniosos caracteres si se hubiera seguido un curso de acción adecuado.—Testimonies for the Church 3:532, 533. CN 221.3

Mientras los padres tengan la facultad de disciplinar, educar y preparar a sus hijos, ejerzan esa facultad para Dios. El les requiere una obediencia pura, impecable y recta. No tolerará ninguna otra cosa. No excusará la mala dirección de los hijos.—The Review and Herald, 13 de abril de 1897. CN 221.4

Hay que vencer el espíritu natural de obstinación—Algunos niños son naturalmente más obstinados que otros y no aceptan la disciplina, en consecuencia se vuelven muy antipáticos y desagradables. Si la madre no tiene suficiente visión para tratar con este aspecto del carácter, se formará un estado de cosas muy desgraciado, pues tales niños seguirán sus caprichos para su propia destrucción. Pero cuán terrible es que un hijo fomente un espíritu de obstinación no sólo en la niñez, sino en años de mayor madurez, y debido a una falta de comprensión en la niñez, alimente amargura y maldad en la edad adulta hacia la madre que no supo dirigir a sus hijos.—Manuscrito 18, 1891. CN 221.5

Nunca digáis a un niño: “No puedo tolerarte”—Nunca digáis a vuestros hijos: “No puedo tolerarte”. Mientras tengamos acceso al trono de Dios, como padres debiéramos avergonzarnos de pronunciar tales palabras. Clamad a Jesús y él os ayudará a conducir a vuestros pequeños a Dios.—The Review and Herald, 16 de julio de 1895. CN 222.1

Debe estudiarse diligentemente el manejo de la familia—He oído a algunas madres que decían que no tenían la habilidad para dirigir que tienen otras, que es un talento que no poseen. Las que comprenden su deficiencia en esto, debieran estudiar muy diligentemente el tema de la dirección de la familia. Y sin embargo, las más valiosas sugestiones de otras no debieran ser adoptadas impensadamente y sin discriminación. Quizá no se adapten igualmente a las circunstancias de cada madre, o a la disposición y temperamento peculiares de cada hijo de la familia. Estudie la madre cuidadosamente la experiencia de otras, note la diferencia entre sus métodos y los de ella y pruebe cuidadosamente aquéllos que puedan ser de verdadero valor. Si una clase de disciplina no produce los resultados deseados, inténtese otro plan y obsérvense cuidadosamente los resultados. CN 222.2

Las madres, más que otras personas, debieran acostumbrarse a pensar e investigar. Si perseveran en esto, hallarán que están adquiriendo la facultad que pensaban que no tenían, que están aprendiendo a formar correctamente el carácter de sus hijos. El resultado de la labor y pensamiento dados a esta obra se verá en la obediencia de los hijos, en su sencillez, su modestia y pureza, y esto recompensará ricamente todo esfuerzo hecho.—The Signs of the Times, 11 de marzo de 1886. CN 222.3

Los padres deben unirse en la disciplina—La madre siempre debiera tener la cooperación del padre en sus esfuerzos para establecer el fundamento de un buen carácter cristiano en sus hijos. Un padre excesivamente cariñoso no debiera cerrar los ojos a las faltas de sus hijos porque le resulte desagradable corregirlos.—Testimonies for the Church 1:546, 547. CN 223.1

Debieran inculcarse en la mente de los niños los principios correctos. Si los padres se unen en esta obra de disciplina, los niños entenderán lo que se requiere de ellos. Pero si el padre, por palabra o apariencia, muestra que no aprueba la disciplina que da la madre, si cree que ella es demasiado estricta y piensa que él debe compensar la rigurosidad con mimos y condescendencias, se arruinarán los hijos. Los padres complacientes recurrirán a engaños, y los hijos pronto sabrán que pueden hacer lo que les plazca. Los padres que cometen este pecado contra sus hijos son responsables por la pérdida de sus almas.—Manuscrito 58, 1899. CN 223.2

La influencia combinada del afecto y la autoridad—Irradie de vuestro carácter la luz de la gracia celestial para que haya luz de sol en el hogar Haya paz, palabras agradables y semblantes alegres. Esto no es un afecto ciego, no es esa ternura que fomenta el pecado debido a una necia indulgencia y que es la mismísima crueldad, no es ese falso amor que permite que los hijos gobiernen y conviertan a sus padres en esclavos de sus caprichos. No debiera haber parcialidad paternal, ni opresión; la influencia combinada del afecto y la autoridad darán el molde adecuado a la familia.—The Review and Herald, 15 de septiembre de 1891. CN 223.3

Represéntese el carácter de Dios en la disciplina—Sed firmes, sed decididos en poner en práctica la instrucción de la Biblia, pero liberaos de toda pasión. Recordad que cuando sois ásperos e irrazonables ante vuestros pequeños, les enseñáis a ser lo mismo. Dios os requiere que eduquéis a vuestros hijos, usando en vuestra disciplina toda la táctica de un sabio maestro que está regido por Dios. Si el poder de Dios que convierte se ejerce en vuestro hogar, vosotros mismos aprenderéis constantemente. Representaréis el carácter de Cristo y agradarán a Dios vuestros esfuerzos en este sentido. Nunca descuidéis la obra que debiera hacerse para los miembros menores de la familia del Señor. Padres, vosotros sois la luz de vuestro hogar. Brille pues vuestra luz en forma de palabras amables, en sedantes tonos de voz. Quitad de ellas el aguijón mediante la oración a Dios en procura de dominio propio. Y los ángeles estarán en vuestro hogar, pues ellos observarán vuestra luz. La disciplina que deis a vuestros hijos proseguirá en forma de corrientes fuertes y claras, que llegan hasta el mundo saliendo de vuestro hogar correctamente conducido.—Manuscrito 142, 1898. CN 224.1

No haya desviación de los principios correctos—Antiguamente, la autoridad paterna era respetada: los hijos estaban entonces sujetos a sus padres, y los temían y reverenciaban; pero en estos últimos días el orden ha sido invertido. Algunos padres están sujetos a sus hijos. Temen contrariar su voluntad, y por lo tanto ceden a lo que les exigen. Pero mientras que los hijos están bajo el techo de sus padres, y dependen de ellos, deben estar sujetos a su voluntad. Los padres deben obrar con decisión, requiriendo que se acate lo que ellos consideran correcto.—Joyas de los Testimonios 1:76. CN 224.2

Tómense medidas extremas si la desobediencia obstinada no es reprimida—Algunos padres indulgentes que aman la comodidad temen ejercer una autoridad sana sobre sus hijos indisciplinados para que ellos no huyan del hogar. Sería mejor que algunos hicieran eso antes que permanecer en el hogar viviendo a expensas de la generosidad de sus padres y al mismo tiempo hollando toda autoridad tanto humana como divina. Sería muy provechoso que tales hijos tuvieran la plena independencia que se imaginan que es tan deseable, que aprendieran que se necesita esforzarse para vivir. Digan los padres al muchacho que amenaza con escaparse del hogar: “Hijo mío, si estás determinado a irte del hogar antes que someterte a reglas justas y debidas, no te lo impediremos. Si piensas que el mundo es más amistoso que los padres que te han cuidado desde la infancia, deberás descubrir tu error por ti mismo. Serás bienvenido cuando desees volver a la casa de tu padre para ser sometido a su autoridad. Las obligaciones son mutuas. Al paso que tú tienes alimento, vestido y cuidado paternal, a tu vez estás en la obligación de someterte a las reglas del hogar y a la sana disciplina. Mi casa no puede ser mancillada con el hedor del tabaco, con palabras viles o embriaguez. Deseo que los ángeles de Dios estén en mi hogar. Si estás plenamente determinado a servir a Satanás, mejor estarás con aquellos cuya compañía amas, de lo que estarías en tu hogar”. CN 225.1

Un proceder tal frenaría la degradación de millares. Pero con demasiada frecuencia los hijos saben que pueden hacer lo peor y, sin embargo, una madre poco prudente intercederá por ellos y ocultará sus transgresiones. Más de un hijo rebelde se jacta porque sus padres no han tenido valor para reprimirlo. . . . No lo fuerzan a obedecer. Tales padres fomentan en sus hijos la disipación y están deshonrando a Dios por su necia indulgencia. Son estos jóvenes rebeldes y corruptos los que constituyen el elemento más difícil de dominar en las escuelas y colegios.—The Review and Herald, 13 de junio de 1882. CN 225.2

No os canséis en el bien hacer—La obra de los padres es continua. No debiera cumplirse vigorosamente un día para descuidarse al siguiente. Muchos están listos para comenzar la obra, pero no están dispuestos a perseverar en ella. Anhelan hacer grandes cosas, algún gran sacrificio; pero se retraen del cuidado incesante y del esfuerzo en las cosas pequeñas de la vida diaria, el continuo podar y educar las tendencias torcidas, la obra de dar instrucción especial, reprochar o animar, poco a poco, tal como fuera necesario. Quieren que sus hijos corrijan sus errores y formen caracteres correctos de golpe, alcanzando la cima de un salto y no mediante pasos sucesivos, y se descorazonan porque sus esperanzas no se realizan inmediatamente. Anímense tales personas al recordar las palabras del apóstol: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”.—The Signs of the Times, 24 de noviembre de 1881. CN 226.1

Puede suceder que los niños observadores del sábado se impacienten por las restricciones y piensen que sus padres son demasiado estrictos; y hasta puede suceder que se susciten en sus corazones sentimientos duros y lleguen a alimentar pensamientos de descontento y pesar contra aquellos que obran para su bien presente, futuro y eterno. Pero si llegan a vivir algunos años más, bendecirán a sus padres por el cuidado estricto y la vigilancia fiel que ejercieron sobre ellos en sus años de inexperiencia.—Joyas de los Testimonios 1:150. CN 226.2

Leed admoniciones de la Palabra de Dios—Cuando yerran los niños, los padres debieran darse tiempo para leerles tiernamente de la Palabra de Dios aquellas admoniciones que sean especialmente aplicables a su caso. Cuando son probados, tentados o desanimados, citadles las preciosas palabras de consuelo y guiadlos suavemente a depositar su confianza en Jesús. Así se podrá dirigir la mente juvenil a lo que es puro y ennoblecedor. Y a medida que los grandes problemas de la vida, y el trato de Dios con la raza humana, se despliegan ante el entendimiento, se ejercitan las facultades del razonamiento y también el juicio, al paso que se imprimen en el corazón las lecciones de la verdad divina. Así los padres pueden modelar diariamente el carácter de sus hijos, a fin de que puedan ser aptos para la vida futura.—The Review and Herald, 13 de junio de 1882. CN 227.1