Testimonios para la Iglesia, Tomo 1

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Conformidad con el mundo

Se me mostró la conformidad con el mundo que tenían algunos profesos observadores del sábado. Vi que era una desgracia para su profesión de fe, una desgracia para la causa de Dios. Con ello niegan su profesión. Piensan que no son como el mundo, pero se parecen tanto a los mundanos en vestido, en conversación y en acciones, que no existe distinción entre ellos. Los vi adornando sus pobres cuerpos mortales que en cualquier momento pueden ser tocados por el dedo de Dios y yacer sobre el lecho de angustia. Y luego, al aproximarse a su última etapa, les sobreviene una angustia mortal, y su gran pregunta es: “¿Estoy preparado para morir? ¿Preparado para aparecer ante Dios en el juicio y pasar la gran prueba?” Preguntadles cómo se sienten al adornar su cuerpo, y si saben lo que significa estar preparados para presentarse delante de Dios, y ellos os dirán que si pudieran retroceder en el tiempo y vivir nuevamente el pasado, corregirían sus vidas, eliminarían las necedades del mundo, su vanidad y orgullo, y adornarían sus cuerpos con vestidos sencillos, y darían un ejemplo para todos los que viven a su alrededor. Vivirían para dar gloria a Dios. 1TPI 125.1

¿Por qué es tan difícil llevar una vida de abnegación y humildad? Porque los cristianos profesos no han muerto al mundo. Es fácil vivir así una vez que hemos muerto. Pero muchos anhelan los puerros y las cebollas de Egipto. Tienen la disposición a vestirse y actuar en forma tan parecida al mundo como sea posible, y al mismo tiempo esperan ir al cielo. Esas personas tal vez esperan subir por otra parte, pero no entrarán por la puerta estrecha y el camino angosto. 1TPI 125.2

Se me mostró el grupo que había asistido a la conferencia. El ángel dijo: “Algunos serán alimento para los gusanos,* algunos sufrirán las siete últimas plagas, algunos quedarán vivos y permanecerán en la tierra hasta ser trasladados en la venida de Jesús”. 1TPI 125.3

Palabras solemnes fueron éstas, pronunciadas por un ángel. Le pregunté al ángel por qué había tan pocos que se interesaban en su bienestar eterno, tan pocos que se preparaban para la última transformación. El dijo: “El mundo los atrae y sus tesoros les parecen valiosos”. Encuentran suficiente para mantener ocupada la mente y no tienen tiempo de prepararse para el cielo. Satanás está siempre listo para hundirlos cada vez más profundamente en dificultades; tan pronto como desaparece de su mente una preocupación o dificultad, genera en ellos el deseo impío de participar más en las cosas del mundo; y en esa forma transcurre el tiempo, y cuando ya es demasiado tarde comprenden que no han ganado nada sustancial. Se han afirmado de sombras y han perdido la vida eterna. Tales personas no tendrán excusa alguna. 1TPI 126.1

Muchos se visten como la gente del mundo porque desean ejercer alguna influencia. Pero con esto cometen un error triste y fatal. Si desean ejercer una influencia genuina y salvadora, debieran vivir de acuerdo con su profesión, mostrar su fe mediante sus obras rectas y establecer una clara distinción entre el cristiano y el mundo. Vi que las palabras, el vestido y las acciones debieran hablar de Dios. Entonces se ejercería una influencia sagrada sobre todos, y todos notarían que ellos han estado con Jesús. Los incrédulos verán que la verdad que profesamos tiene una influencia santa y que la fe en la venida de Cristo afecta el carácter del hombre o la mujer. Si alguien desea ejercer influencia en favor de la verdad, que vivan la verdad en sus vidas y así imiten al humilde Modelo. 1TPI 126.2

Vi que Dios detesta el orgullo, y que todos los orgullosos y los que obran impíamente serán como paja, y arderán en el día que viene. Vi que el mensaje del tercer ángel todavía debe obrar como levadura sobre muchos corazones que profesan creerlo, y eliminar su orgullo, egoísmo, codicia y amor al mundo. 1TPI 126.3

Jesús está por venir. ¿Encontrará a un pueblo conformado al mundo? ¿Los reconocerá como su pueblo al que ha purificado para sí mismo? Oh, no. Nadie, fuera de los puros y santos, será reconocido como suyo. Los que han sido purificados y emblanquecidos mediante el sufrimiento, y se han mantenido separados, sin mancha del mundo, le pertenecerán. 1TPI 126.4

Al contemplar el hecho terrible de que el pueblo de Dios se encuentra conformado con el mundo, y que no hay distinción, excepto en el nombre, entre muchos de los profesos discípulos del humilde Jesús y los incrédulos, me sentí profundamente angustiada. Vi que Jesús había sido herido y avergonzado abiertamente. El ángel dijo que veía con tristeza al profeso pueblo de Dios amando al mundo, participando de su espíritu y siguiendo sus modas: “¡Apartaos! ¡Apartaos! ¡No sea que él os envíe con los hipócritas y los incrédulos fuera de la ciudad! Vuestra profesión tan sólo os causará mayor angustia, y vuestro castigo será mayor porque conocíais su voluntad, pero no la hicisteis”. 1TPI 126.5

Los que profesan creer el mensaje del tercer ángel, con frecuencia perjudican la causa de Dios comportándose livianamente, gastando bromas y haciendo chistes y ocupándose de frivolidades. Vi que este mal afectaba a todas nuestras filas. Es necesario humillarse delante del Señor, el Israel de Dios debiera desgarrar el corazón y no el vestido. Pocas veces se observa la sencillez infantil; se piensa más en la aprobación de los hombres que en el desagrado de Dios. El ángel dijo: “Poned en orden vuestro corazón, no sea que él os visite con juicio y sea cortado el débil hilo de la vida, y permanezcáis en el sepulcro sin protección, sin preparación para el juicio. O si hacéis vuestra cama en la tumba, a menos que pronto hagáis paz con Dios, y os separéis del mundo, vuestros corazones se endurecerán aún más y os reclinaréis contra un falso apoyo, una supuesta preparación, y descubriréis vuestro error demasiado tarde para aseguraros una firme esperanza”. 1TPI 127.1

Vi que algunos profesos observadores del sábado pasaban horas que eran más que perdidas estudiando esta o aquella moda para adornar su pobre cuerpo mortal. Mientras tratáis de presentaros lo más semejante al mundo, y tan hermosamente como podáis, recordad que el mismo cuerpo puede en pocos días ser alimento de los gusanos. Y mientras lo adornáis a vuestro gusto, para agradar a los ojos, estáis muriendo espiritualmente. Dios detesta vuestro orgullo vano y perverso, y os considera como un sepulcro blanqueado, lleno de corrupción y de impurezas. 1TPI 127.2

Las madres dan un ejemplo de orgullo a los hijos, y al hacerlo, siembran semillas que producirán fruto. La cosecha será abundante e inevitable. Lo que ellas siembran, también segarán. La cosecha no dejará de presentarse. Padres, vi que es más fácil para vosotros enseñar a vuestros hijos una lección de orgullo que una de humildad. Satanás y sus ángeles están a vuestro lado para convertir vuestros actos o las palabras que les habláis en instrumentos efectivos para animarlos a vestirse, y en su orgullo a mezclarse con la sociedad que no es piadosa. Padres, plantáis en vuestro propio seno una espina que con frecuencia sentiréis con angustia. Cuando deseéis contrarrestar la triste lección que habéis enseñado a vuestros hijos, encontraréis que es difícil conseguirlo. Es imposible que podáis lograrlo. Podéis negarles cosas que gratifiquen su orgullo, sin embargo éste sigue viviendo en el corazón, anhelando ser satisfecho; y no hay nada que pueda matar este orgullo fuera de la acción rápida y poderosa del Espíritu de Dios. Cuando éste encuentre su camino hacia el corazón, obrará como levadura y lo desarraigará. 1TPI 127.3

Vi que tanto los jóvenes como las personas de edad descuidan el estudio de la Biblia. No la convierten en objeto de estudio y en la regla de la vida como debieran. Especialmente los jóvenes son culpables de este descuido. Muchos de ellos están dispuestos y tienen tiempo para leer casi cualquier otro libro. Pero la Palabra que señala la vida, la vida eterna, no es estudiada cada día. Ese libro valioso e importante por el cual serán juzgados en el día final es apenas estudiado. Se han leído atentamente historias insulsas, mientras la Biblia ha sido pasada por alto y descuidada. Vendrá un día, día de nubarrones y de densas tinieblas, cuando todos desearán poseer las claras y sencillas verdades de la Palabra de Dios, para poder dar con humildad, y al mismo tiempo con decisión, razón de su esperanza. Vi que tendrían que fortalecer sus propias almas para el temible conflicto. Sin esto serán hallados faltos y no podrán tener firmeza ni decisión. 1TPI 128.1

Los padres harían mejor en quemar los cuentos inútiles del día y las novelas cuando éstos llegan a su hogar. Esto será un acto de misericordia para los hijos. Si se estimula la lectura de esos libros de cuentos, se produce en los niños una especie de fascinación. Embelesa y envenena la mente. Padres, vi que a menos que despertéis a lo que es el interés eterno de vuestros hijos, éstos seguramente se perderán por vuestra negligencia. Y la posibilidad de que los padres infieles sean salvados, es muy pequeña. Los padres debieran ser ejemplo. Debieran ejercer una santa influencia en sus familias. Debieran vestirse con modestia, ser diferentes del mundo que los rodea. Al valorar el interés eterno de sus hijos, debieran reprochar el orgullo que hay en ellos, reprocharlo fielmente y no estimularlo mediante palabras o acciones. ¡Cuánto orgullo se me mostró que existe entre el pueblo profeso de Dios! Ha aumentado cada año, a tal punto que ahora es imposible distinguir a los adventistas profesos observadores del sábado, del mundo que los rodea. Vi que era necesario arrancar este orgullo de nuestras familias. 1TPI 128.2

Se ha gastado mucho en cintas y encajes para los sombreros, en collares* y otros artículos de adorno innecesarios, mientras Jesús el rey de gloria, que rindió su vida para redimirnos, llevó una corona de espinas. Esta fue la forma como adornaron la cabeza sagrada de nuestro Maestro. El fue “varón de dolores, experimentado en quebranto”. Isaías 53:3. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Isaías 53:5. Sin embargo, los mismos que profesan haber sido lavados por la sangre de Jesús, derramada por ellos, pueden vestirse con elegancia y adornar sus propios cuerpos mortales, y atreverse a profesar ser seguidores del Modelo santo, abnegado y humilde. Ojalá que todos pudieran ver esto en la forma como Dios lo ve y tal como me lo mostró. Me pareció demasiado para poder soportarlo. Sentid la angustia de espíritu que yo experimenté al contemplarlo. El ángel dijo: “El pueblo de Dios es peculiar; él los está purificando para sí mismo”. Vi que la apariencia exterior es un índice de lo que hay en el corazón. Cuando el exterior se llena de cintas, collares y cosas innecesarias, muestra claramente que el amor de todo eso está en el corazón; a menos que tales personas sean limpiadas de su corrupción nunca podrán ver a Dios, porque únicamente los puros de corazón lo verán. 1TPI 129.1

Vi que era necesario aplicar el hacha a la raíz del tronco. No debiera tolerarse ese orgullo en la iglesia. Estas cosas son las que separan a Dios de su pueblo, que cierran el arca contra ellos. Israel ha estado dormido y sin ver el orgullo, las modas y la conformidad con el mundo que existen en medio de él. Cada mes progresan en orgullo, codicia, egoísmo y amor al mundo. Cuando los corazones sean afectados por la verdad, se producirá la muerte al mundo en ellos, dejarán de lado las cintas, los encajes y los collares; y si están muertos, las risas, las burlas y las mofas de los incrédulos no los afectarán. Sentirán ansiosos deseos de separarse del mundo, tal como su Maestro. No imitarán el orgullo, las modas ni las costumbres mundanas. Mantendrán siempre ante sí el noble objetivo de glorificar a Dios y ganar la herencia inmortal. Este propósito hará desaparecer todo lo que sea de naturaleza terrenal. Dios tendrá un pueblo separado y distinto del mundo. Tan pronto como alguien sienta el deseo de imitar las modas del mundo, sin que lo reprima inmediatamente, Dios cesa de reconocerlo como hijo suyo. Son los hijos del mundo y de las tinieblas. Anhelan con vehemencia los puerros y las cebollas de Egipto, esto es, desean ser tan semejantes al mundo como sea posible; al hacerlo así, los que profesan haberse vestido de Cristo, en realidad lo están desechando, y muestran que son desconocidos de la gracia y desconocidos del manso y humilde Jesús. Si se hubieran familiarizado con él, andarían en forma digna de él. 1TPI 129.2

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