Testimonios para la Iglesia, Tomo 1

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La reforma en el vestir

Respondiendo a preguntas de muchas hermanas respecto al largo adecuado del vestido que recomienda la reforma, diría que en nuestra parte del estado de Míchigan, hemos adoptado un largo uniforme de modo que el borde quede a unas 9 pulgadas (alrededor de veintitrés centímetros) del piso. Aprovecho esta oportunidad para responder estas preguntas a fin de ahorrar el tiempo requerido para contestar tantas cartas. Debí haber hablado antes, pero he esperado a ver si publicaba algo definido sobre este punto en el Health Reformer (El Reformador de la Salud). Recomendaría encarecidamente uniformidad en el largo, y diría que 9 pulgadas desde el piso están muy de acuerdo con mi punto de vista del asunto, hasta donde pueda expresarlo en pulgadas. 1TI 455.2

Al viajar de lugar en lugar, encuentro que la reforma en el vestir no está correctamente representada y se me hace sentir que algo más definido debiera decirse para que pueda haber uniformidad de acción al respecto. Este estilo de vestir no es popular, y por esta razón debe optarse por nitidez y buen gusto por parte de las hermanas que lo adopten. He hablado una vez sobre este punto; sin embargo, algunas han fracasado por no seguir el consejo que se ha dado. Debe haber uniformidad respecto al largo en el vestir entre las observadoras del sábado. Las que deciden diferenciarse por adoptar este vestuario no deben pensar ni siquiera por un momento, que no sea necesario mostrar orden, gusto y nitidez. Antes de vestirse, nuestras hermanas deberían obtener patrones de los pantalones y chaquetas que se usan con esa clase de vestido. Causa mucho daño a la reforma en el vestir el que personas introduzcan en una comunidad un estilo que en cada detalle necesita alteración antes que pueda representar con derecho la reforma en el vestir. Hermanas, esperen hasta que puedan vestirse correctamente. 1TI 456.1

En algunos lugares hay fuerte oposición al vestido corto. Pero cuando veo algunos vestidos que usan las hermanas, no me sorprende que la gente esté disgustada y los condene. Dondequiera que se represente el vestido como debiera ser representado, todas las personas cándidas están forzadas a admitir que es modesto y conveniente. En algunas de nuestras iglesias he visto toda clase de reformas en el vestir. Sin embargo, ninguna responde a la descripción que se me ha presentado. Algunas aparecen con pantalones blancos de muselina, mangas blancas y vestidos de terciopelo oscuro y un chaleco con la misma descripción del vestido. Algunas tenían un vestido calicó con pantalones cortados de acuerdo a su propia moda, no de acuerdo al patrón, sin almidón o tensor para darles forma y colgando cerca de los hombros. No hay ciertamente nada en estos vestidos que manifieste gusto u orden. Tal vestido no se recomendará al buen juicio de personas mentalmente sensibles. Es un vestido deformado en todo el sentido de la palabra. 1TI 456.2

Ciertas hermanas con esposos no creyentes que se oponen a la moda del vestido corto, han solicitado mi consejo respecto a adoptar tal vestido, contrario a los deseos de éstos. Les aconsejo que esperen. No considero el asunto del vestir de tan vital importancia como el sábado. Respecto a esto último, no puede haber vacilación. Pero la oposición que muchas tendrían que enfrentar si adoptaran la reforma en el vestir sería más injuriosa a la salud que el beneficio que se derivaría del vestido. Varias hermanas me han dicho: “A mi esposo le gusta su vestido; dice que no tiene una sola palabra de crítica”. Esto me ha conducido a ver la necesidad de que nuestras hermanas representen la reforma en el vestir rectamente, manifestando pulcritud, orden y uniformidad en el vestir. Tendré patrones preparados para llevar conmigo cuando viajemos, listos para darlos a nuestras hermanas que encontremos, o para enviarlos por correo a todas las que los pidan. Nuestra dirección se dará en la Revista Adventista. 1TI 456.3

Las damas que adoptan el vestido corto deberían manifestar gusto en la selección de colores. Las que no pueden comprar ropa nueva deben hacer lo mejor que puedan para ejercer gusto e ingenio reparando los vestidos viejos o renovándolos. Sed cuidadosas de que los pantalones y vestidos sean del mismo color y material, o luciréis extravagantes. Los vestidos viejos pueden ser cortados de acuerdo con el patrón y arreglados con gusto, y lucen como nuevos. Les ruego, hermanas, que no formen sus patrones de acuerdo con sus ideas particulares. Si bien hay patrones correctos y de buen gusto, los hay también incorrectos y de mal gusto. 1TI 457.1

Este vestido no requiere guardapiés, y espero que nunca llegue a desgraciarse por éstas. Nuestras hermanas no necesitan usar tantas enaguas para ensanchar el vestido. Este se ve mucho mejor si se adapta naturalmente a la silueta, sobre una o dos enaguas livianas. La tela de pana (terciopelo de algodón) es material de excelente calidad para faldas exteriores; retiene su firmeza y es duradera. Si se usa algo con enaguas, que sean pocas. Los acolchonados no son necesarios. No obstante, frecuentemente veo que son usados y algunas veces hasta se asoman por debajo del vestido. Esto le da una apariencia inmodesta y desaliñada. Las enaguas blancas que se usan con vestidos oscuros, no son apropiadas en el caso del vestido corto. Sed cuidadosas en mantener vuestras enaguas limpias, nítidas y de buen aspecto; hacedlas de buen material y en todo caso, por lo menos tres pulgadas [ocho centímetros] más cortas que el vestido. Si se usa algo para ensanchar la falda, que sea pequeño y por lo menos a 30 ó 50 cm desde la parte baja del vestido o falda externa. Si un cordón o algo parecido se coloca alrededor del ruedo de la falda, éste distiende el vestido precisamente en la parte baja, haciéndolo parecer indecoroso cuando la que lo usa se sienta o se inclina. Nadie necesita temer que yo haga de la reforma en el vestir uno de mis principales temas a medida que viajamos de lugar en lugar. Los que me han oído sobre este asunto tendrán que actuar según la luz que ya se ha dado. He cumplido con mi deber; he llevado mi testimonio, y quienes me han oído y leído lo que he escrito, tienen ahora la responsabilidad de recibir o rechazar la luz dada. Si escogen aventurarse siendo oidores olvidadizos y no hacedores de la obra, corren su propio riesgo y serán responsables ante Dios por la senda que transiten. Soy clara. No incito ni condeno a nadie. Esta no es la tarea que se me ha asignado. Dios conoce a sus hijos humildes, dispuestos y obedientes, y los recompensará conforme a su fiel cumplimiento de su voluntad. Para muchos la reforma en el vestir es demasiado simple y humilde para ser adoptada. No pueden enarbolar la cruz. Dios obra por medios sencillos para separar y diferenciar a sus hijos de los del mundo; pero algunos se han alejado tanto de la sencillez de la obra y de los caminos de Dios que están por encima de la obra, no en ella. 1TI 457.2

Se me refirió a Números 15:38-41: “Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os prostituyáis. Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo Jehová vuestro Dios”. En este pasaje Dios expresamente ordenó un arreglo sencillo de vestir para los hijos de Israel a fin de distinguirlos de las naciones idólatras que los rodeaban. Al mirar su forma peculiar de vestir, debían recordar que eran el pueblo observador de los mandamientos de Dios, y que él había obrado de manera milagrosa para sacarlos del cautiverio egipcio a fin de servirle, para serle un pueblo santo. No debían servir a sus propios deseos, o imitar las naciones idólatras alrededor de ellos, sino permanecer siendo un pueblo distinto, separado, para que todos los que se fijaran en ellos pudieran decir: Estos son los que Dios sacó de la tierra de Egipto, que guardan la ley de los Diez Mandamientos. Tan pronto se veía a un israelita, era reconocido como tal porque Dios lo había distinguido como suyo por medios sencillos. 1TI 458.1

La orden dada por Dios a los hijos de Israel de colocar una cinta azul en su vestuario no debía tener influencia directa sobre su salud, excepto en la medida en que Dios los bendijera por la obediencia. La cinta mantendría en sus mentes el elevado derecho de Dios y les ayudaría a no mezclarse con otras naciones, uniéndose en sus fiestas embriagadoras, y comiendo carne de cerdo y alimentos refinados en detrimento de la salud. Ahora, Dios quiere que su pueblo adopte la reforma en el vestir, no solamente para diferenciarse del mundo como su “pueblo peculiar”, sino porque una reforma en el vestir es esencial para la salud física y mental. El pueblo de Dios ha perdido en mayor grado su peculiaridad y gradualmente ha estado imitando al mundo, y mezclándose con ellos, hasta llegar a ser como ellos en muchos aspectos. Esto desagrada a Dios. El los conduce como condujo a los hijos del Israel de antaño, para que salgan del mundo y olviden sus prácticas idólatras, no siguiendo sus propios deseos -porque éstos no están santificados- o sus propios ojos que los han conducido a alejarse de Dios y unirse con el mundo. 1TI 459.1

Algo debe suceder para que el pueblo de Dios se apoye menos en el mundo. La reforma en el vestir es sencilla y saludable, pero implica una cruz. Le doy gracias a Dios por la cruz y con gozo me inclino para levantarla. Hemos estado tan unidos con el mundo que hemos perdido de vista la cruz y no sufrimos por el amor a Cristo. 1TI 459.2

No debemos desear inventar algo para fabricar una cruz; pero si Dios nos presenta una cruz, debemos llevarla con alegría. Al aceptar la cruz nos distinguimos del mundo que no nos ama y ridiculiza nuestra peculiaridad. Cristo fue odiado por el mundo porque no era del mundo. ¿Pueden sus seguidores esperar mejor trato que su Maestro? Si en nuestra relación con el mundo pasamos sin recibir censura o reveses podemos alarmarnos, pues es nuestra conformidad con éste que nos hace tan semejantes a él, que no hay nada que levante su envidia o malicia; no hay choque de espíritus. El mundo desprecia la cruz. “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” Gálatas 6:14.* 1TI 459.3