Testimonios para la Iglesia, Tomo 8

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Una firme posición en favor del bien

Dios les pide a sus obreros, en esta era de piedad enfermiza y de principios pervertidos, que revelen una espiritualidad sana e influyente. Mis hermanos y hermanas, esto lo exige Dios de vosotros. Cada jota de vuestra influencia debe usarse en favor de Cristo. Debéis ahora llamar las cosas por su debido nombre y manteneros firmes en defensa de la verdad como es en Jesús. 8TPI 223.1

Incumbe a cada alma cuya vida está escondida con Cristo en Dios adelantarse ahora y contender por la fe una vez dada a los santos. La verdad debe defenderse y el reino de Dios fomentarse como lo sería si Cristo estuviera en la tierra en persona. Si él estuviera aquí, se vería motivado a reprender a muchos que no han elegido aprender la mansedumbre y la humildad del gran Médico misionero, pese a que profesan ser misioneros médicos. En las vidas de algunos que ocupan puestos elevados dentro de la obra médica misionera, el yo ha sido exaltado. Hasta que los tales se deshagan de todo deseo de exaltar el yo, no podrán discernir el carácter de Cristo, ni tampoco podrán hacer la obra que él hizo. 8TPI 223.2

Cuando el Espíritu Santo rija la mente de los miembros de nuestras iglesias, se verá en ellas una norma mucho más alta que la que se ve ahora en el habla, en el ministerio y en la espiritualidad. Los miembros de las iglesias serán refrigerados por el agua de la vida, y los obreros, trabajando bajo una Cabeza, a saber Cristo, revelarán a su Maestro en espíritu, en palabra y en acción, y se alentarán unos a otros a progresar en la grandiosa obra final en la cual están empeñados. Habrá un sano incremento de la unidad y del amor, que atestiguará al mundo que Dios envió a su Hijo a morir por la redención de los pecadores. La verdad divina será exaltada; y mientras resplandezca como lámpara que arde, la comprenderemos cada vez más claramente. 8TPI 223.3

La verdad probadora para este tiempo no es un invento de ninguna mente humana. Proviene de Dios. Es una filosofía genuina para aquellos que se la apropian. Cristo se encarnó para que nosotros, creyendo la verdad, seamos santificados y redimidos. Que todos los que poseen la verdad en justicia despierten y marchen adelante, calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz, proclamando la verdad a los que no la conocen. Que hagan sendas derechas para sus pies, para que lo cojo no se salga del camino. 8TPI 224.1

Es ahora cuando debemos unificar y, por medio de la verdadera obra médica misionera, preparar el camino para nuestro Rey que viene. Pero recordemos que la unidad cristiana no significa que la identidad de cada persona ha de sumergirse en la de otra; ni tampoco significa que la mente de uno ha de ser dirigida y regida por la mente de otro. Dios no le ha concedido a ningún hombre el poder que algunos, por palabra y hecho, procuran asumir. Dios exige que el hombre se mantenga libre y siga las instrucciones de la Palabra. 8TPI 224.2

Crezcamos en el conocimiento de la verdad, dándole toda la honra y la gloria al que es uno con el Padre. Procuremos con todo fervor la unción celestial, el Espíritu Santo. Practiquemos un cristianismo puro y creciente, para que en los atrios celestiales seamos al fin declarados completos en Cristo. 8TPI 224.3

“¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!” Mateo 25:6. No perdáis tiempo ahora en levantaros y arreglar vuestras lámparas. No perdáis tiempo procurando la unidad perfecta unos con otros. Debemos esperar que haya dificultades. Vendrán las pruebas. Cristo, el Capitán de nuestra salvación, fue hecho perfecto mediante el sufrimiento. Sus seguidores tendrán que encararse frecuentemente con el enemigo y serán probados severamente, pero no deberán desesperar. Cristo les dice: “Confiad, yo he venido al mundo”. Juan 16:33. 8TPI 224.4

Las siguientes líneas describen la lucha del cristiano:
Pensé que la marcha del cristiano hacia el cielo
sería esplendorosa como el estío y alegre como el amanecer.
Pero tú me mostraste el camino: era tenebroso y áspero,
Tosco y pedregoso, todo lleno de espinas;
Yo soñaba con recompensas divinas y grande renombre;
Te pedía la palma de victoria, el manto y la corona;
Eso pedía, pero tú escogiste mejor mostrarme
una cruz y un sepulcro.
8TPI 225.1