Testimonios para la Iglesia, Tomo 2

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La separación del mundo

Queridos hermanos y hermanas,

El propósito de Dios es que la luz de la iglesia aumente, y que su resplandor crezca cada vez más hasta el día perfecto. Al pueblo de Dios se le han hecho preciosas promesas con la condición de que obedezca. Si, como Caleb y Josué, hubierais seguido plenamente al Señor, él habría magnificado su poder en medio de vosotros. Los pecadores se habrían convertido y los apóstatas habrían sido rescatados gracias a vuestra influencia; e incluso los enemigos de nuestra fe, aunque podrían oponerse a la verdad y hablar en contra de ella, no tendrían más remedio que admitir que Dios estaba con vosotros. 2TI 113.2

Muchos miembros del profeso pueblo especial de Dios se han conformado de tal manera al mundo, que su carácter peculiar ya no se distingue más, y es difícil establecer la diferencia “entre el que sirve a Dios y el que no le sirve”. Malaquías 3:18. Dios haría grandes cosas por los miembros de su pueblo si salieran del mundo y se mantuvieran separados. Si se sometieran y se dejaran conducir por él, haría de ellos motivo de alabanza en toda la tierra. Dice el Testigo fiel: “Conozco tus obras”. Apocalipsis 3:15. Los ángeles de Dios que sirven a los que han de ser herederos de la salvación, están al tanto de la condición de todos, y saben cuál es la medida de fe que posee cada individuo. La incredulidad, el orgullo, la codicia y el amor al mundo que se han manifestado en los corazones del profeso pueblo de Dios, han contristado a los ángeles sin pecado. Cuando han visto que pecados atroces y presuntuosos existen en los corazones de muchos profesos seguidores de Cristo, y que Dios ha sido deshonrado por su conducta inconsistente y torcida, se han puesto a llorar. Y sin embargo, los más culpables, los que provocan la mayor debilidad en la iglesia y manchan su santa profesión de fe, aparentemente no están ni alarmados ni convencidos; por lo contrario, pareciera que creen que están floreciendo en el Señor. 2TI 114.1

Muchos creen que están basados en el fundamento correcto, que tienen la verdad; se regocijan por su claridad y se jactan de los poderosos argumentos que prueban lo correcto de nuestra posición. Los tales se cuentan entre el pueblo escogido y peculiar de Dios, sin experimentar su presencia ni su poder para salvar del sometimiento a la tentación y a la insensatez. Profesan conocer a Dios, pero sus obras lo niegan. ¡Cuán grandes son sus tinieblas! El amor del mundo en muchos, el engaño de las riquezas en otros, han ahogado la Palabra y la han vuelto infructuosa. 2TI 114.2

Se me mostró que la Iglesia de _____ había participado del espíritu del mundo y se había vuelto tibia en grado alarmante. Cuando se hagan esfuerzos para poner las cosas en orden en la iglesia, y traer a la gente al lugar que Dios desea que ocupe, algunos experimentarán los efectos de esa tarea, y harán esfuerzos sinceros para salir de las tinieblas y llegar a la luz. Pero muchos no perseveran en sus esfuerzos suficientemente como para darse cuenta de la influencia santificadora de la verdad sobre sus corazones y vidas. Los cuidados del mundo embotan la mente a tal punto que se descuidan el escudriñamiento del corazón y la oración. Deponen la armadura, y Satanás tiene libre acceso a ellos, anubla su sensibilidad y les impide darse cuenta de sus tretas. 2TI 114.3

Algunos no desean saber cuál es su verdadera condición para escapar de las trampas de Satanás. Están enfermos y moribundos. De vez en cuando reciben el calor del fuego de los demás, pero están tan helados por la formalidad, el orgullo y la influencia del mundo, que no tienen noción de su necesidad de ayuda. 2TI 115.1

Muchos son deficientes en espiritualidad y en las gracias cristianas. El peso de una solemne responsabilidad debería reposar cada día sobre ellos al darse cuenta de los tiempos peligrosos en que estamos viviendo, y de las influencias corruptoras que están bullendo en torno de nosotros. Su única esperanza de ser participantes de la naturaleza divina consiste en huir de la corrupción que hay en el mundo. Estos hermanos necesitan una profunda y completa experiencia en las cosas de Dios, y podrán obtenerla mediante un esfuerzo de su parte. Su condición requiere de ellos que apliquen una sincera y persistente diligencia, para que no se los encuentre durmiendo en su puesto. Satanás y sus ángeles no duermen. 2TI 115.2

Los seguidores de Cristo deberían ser instrumentos de justicia, diligentes piedras vivas, difusores de luz, para que puedan favorecer la presencia de los ángeles celestiales. Se les pide que sean canales, por así decirlo, para que por medio de ellos fluya el espíritu de verdad y justicia. Muchos han participado por tanto tiempo del espíritu y la influencia del mundo, que obran como el mundo. Hay cosas que les gustan y otras que no les gustan, y no pueden distinguir la excelencia de carácter. Su conducta no está gobernada por los puros principios del cristianismo; por lo tanto piensan sólo en sí mismos, sus placeres y sus satisfacciones, y no se preocupan de los demás. No han sido santificados por la verdad; por eso no comprenden la unidad que existe entre los seguidores de Cristo en todo el mundo. Aquellos a quienes Dios ama más, son los que poseen menos confianza propia, y están adornados con un espíritu manso y humilde; cuyas vidas son puras y carentes de egoísmo, y cuyos corazones están inclinados, gracias a una abundante medida del Espíritu de Cristo, a la obediencia, la justicia, la pureza y la verdadera santidad. 2TI 115.3

Si todos fueran dedicados a Dios, una preciosa luz emanaría de ellos, que ejercería una influencia directa sobre todos los que se pusieran en contacto con ellos. Pero todos necesitan que se haga una obra por ellos. Algunos están lejos de Dios, variables e inestables como el agua; no tienen idea de lo que es sacrificio. Cuando desean cualquier placer o satisfacción especiales, o alguna prenda de vestir, no consideran si pueden vivir sin esa prenda, o negarse algún placer, y presentar una ofrenda voluntaria a Dios. ¿Cuántos han pensado que se esperaba de ellos algún sacrificio? Aunque sea de mucho menos valor que la ofrenda del rico con su dinero, lo que realmente implica abnegación será un precioso sacrificio, una ofrenda a Dios. Difundirá un suave olor, y ascenderá desde el altar como fragante incienso. 2TI 116.1

Los jóvenes no están autorizados a hacer como les plazca con su dinero, sin importarles los requerimientos de Dios. Con David deberían decir: “Porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada”. 2 Samuel 24:24. Una buena cantidad de dinero se ha gastado para sacar numerosas copias de sus retratos. Si alguien contara el dinero dado al artista con este propósito, ascendería a una suma bastante grande. Y ésta es sólo una manera de dilapidar dinero, que se invierte para la complacencia propia, sin provecho alguno. Con ese gasto, ni se visten ni se alimentan; la viuda y el huérfano no reciben auxilio, los hambrientos no reciben comida, ni los desnudos vestido. 2TI 116.2

Mientras se gasta el dinero a manos llenas para la satisfacción propia, se presentan a Dios ofrendas mezquinas y de mala gana. ¿Cuánto del dinero ganado por los jóvenes se encamina hacia la tesorería de Dios para colaborar en el progreso de la obra de ganar almas? Dan una miseria cada semana y todavía creen que están dando mucho. No se dan cuenta de que son tan mayordomos de Dios sobre lo poco que poseen como el rico sobre sus abundantes posesiones. Le han robado a Dios y se han satisfecho a sí mismos, consultando sólo su placer, para complacer su gusto, sin pensar que él investigaría detenidamente para ver de qué manera habían usado sus bienes. Mientras los tales satisfacen sin vacilar sus supuestas necesidades, y privan a Dios de la ofrenda que debieran hacerle, él no aceptará la miseria que traen a la tesorería, más de lo que aceptó la ofrenda de Ananías y Safira, que querían robarle en el asunto de las ofrendas. 2TI 116.3

En general, los jóvenes que hay entre nosotros están aliados con el mundo. Pocos libran una batalla especial contra el enemigo interno; pocos tienen un deseo sincero y ferviente de conocer la voluntad de Dios. Pocos tienen hambre y sed de justicia, y pocos saben algo del Espíritu de Dios y de sus reprensiones y consuelos. ¿Dónde están los misioneros? ¿Dónde están los abnegados, capaces de sacrificarse a sí mismos? ¿Dónde se encuentran los que están dispuestos a llevar la cruz? El yo y los intereses personales han consumido los principios nobles y elevados. Los asuntos de interés eterno no causan la menor impresión sobre la mente. Dios requiere que cada uno de ellos individualmente llegue al punto de hacer una entrega completa de la vida. “No podéis servir a Dios y las riquezas”. Mateo 6:24. No podéis servir al yo y al mismo tiempo ser siervos de Cristo. Debéis morir al yo, morir a vuestro amor al placer, y aprender a preguntar: “¿Le agradará a Dios que yo compre estos objetos con mi dinero? ¿Lo glorificaré con esto?” 2TI 117.1

Se nos ordena que, sea que comamos, bebamos o hagamos cualquier otra cosa, lo hagamos todo para la gloria de Dios. ¿Cuántos obran por principios más bien que por impulsos, y obedecen esta orden al pie de la letra? ¿Cuántos de los jóvenes discípulos de la localidad de _____ han hecho de Dios su apoyo y heredad, y han procurado fervientemente conocer y hacer su voluntad? Hay muchos que son siervos de Cristo de nombre, pero no en verdad. 2TI 117.2

Cuando uno se rige por los principios religiosos, corre poco peligro de cometer graves errores, porque el egoísmo, que siempre enceguece y engaña, queda subordinado. El sincero deseo de hacer bien a otros, predomina de tal manera que se olvida al yo. El sustentar firmes principios religiosos es un tesoro inestimable. Es la influencia más pura, elevada y sublime que pueden sentir los mortales. Los que disponen de ella, cuentan con un ancla. Reflexionan antes de dar un solo paso, no sea que su efecto perjudique a otros y los aparte de Cristo. Preguntan constantemente: Señor, ¿cómo puedo servirte mejor, y glorificar tu nombre en la tierra? ¿Cómo puedo conducir mi vida para alabar tu nombre en la tierra e inducir a otros a amarte, servirte y honrarte? Permíteme tan sólo desear y elegir cumplir tu voluntad. Sean las palabras y el ejemplo de mi Redentor la luz y fortaleza de mi corazón. Mientras confíe en él, no me dejará perecer. El será mi corona de regocijo. 2TI 117.3

Si tomamos equivocadamente la sabiduría del hombre por la de Dios, nos extraviará la insensatez de la sabiduría humana. Tal es el gran peligro de muchos de los que están en _____. No tienen experiencia propia. No han seguido el hábito de considerar con oración por su cuenta, sin prejuicios, las cuestiones y los temas nuevos que puedan surgir. Esperan para ver lo que piensan otros. El disentimiento ajeno es todo lo que se necesita para convencerlos de que el tema considerado carece de importancia. Aunque esta clase de personas es numerosa, ello no cambia el hecho de que no tienen experiencia y que su mente es débil porque cedieron durante mucho tiempo al enemigo. Serán siempre tan enfermizos como infantes; andarán a la luz ajena y vivirán según la experiencia de otros; sentirán como sientan los demás, y actuarán como ellos, como si no tuvieran individualidad, porque su identidad está fundida en la ajena. Son simplemente sombras de quienes para ellos tienen razón. 2TI 118.1

A menos que se percaten de su carácter vacilante y lo corrijan, se verán todos privados de la vida eterna; no podrán resistir los peligros de los postreros días. No poseerán energía para resistir al diablo; porque no saben que de él se trata. Es necesario que haya alguien a su lado para indicarles si se acerca un enemigo o un amigo. No son espirituales, y por lo tanto no disciernen las cosas espirituales. No son sabios en las cosas que se relacionan con el reino de Dios. Ni los jóvenes ni los ancianos tienen excusa por confiar en que los otros tengan experiencia en su lugar. Dice el ángel: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo”. Jeremías 17:5. En la experiencia y la lucha cristianas, se necesita una noble independencia. 2TI 118.2

Hombres, mujeres y jóvenes, Dios requiere de vosotros que poseáis valor moral, firmeza de propósito, fortaleza y perseverancia, mentes que no admitan los asertos ajenos, sino que investiguen por su cuenta antes de aceptarlos o rechazarlos, y escuchen y pesen las evidencias, y las lleven al Señor en oración. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada”. Santiago 1:5. Ahora bien, se impone la condición: “Pero pida en fe, no dudando nada: porque el que duda es semejante a la onda de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte a otra. No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor”. vers. 6, 7. Esta petición de sabiduría no debe ser una oración sin sentido, que se olvide tan pronto como se haya terminado. Es una oración que expresa el enérgico y ferviente deseo inspirado al corazón por un consciente anhelo de poseer sabiduría para discernir la voluntad de Dios. 2TI 119.1

Después de hecha la oración, si no obtenemos inmediatamente la respuesta, no nos cansemos de esperar, ni nos volvamos inestables. No vacilemos. Aferrémonos a la promesa: “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará”. 1 Tesalonicenses 5:24. Como la viuda importuna, presentemos nuestros casos con firmeza de propósito. ¿Es importante el objeto y de gran consecuencia para nosotros? Por cierto que sí. Entonces, no vacilemos; porque tal vez se pruebe nuestra fe. Si lo que deseamos es valioso, merece un esfuerzo enérgico y fervoroso. Tenemos la promesa; velemos y oremos. Seamos firmes, y la oración será contestada; porque, ¿no es Dios quien ha formulado la promesa? Cuanto más nos cueste obtener algo, tanto más lo apreciaremos cuando lo obtengamos. Se nos dice claramente que si vacilamos, ni podemos pensar que recibiremos algo del Señor. Se nos recomienda aquí que no nos cansemos, sino que confiemos firmemente en la promesa. Si pedimos, él nos dará liberalmente, sin zaherir. 2TI 119.2

En esto es donde muchos yerran. Vacilan en su propósito y les falta la fe. Esta es la razón por la cual no reciben nada del Señor, fuente de nuestra fortaleza. Nadie necesita andar en tinieblas, tropezando como ciego, porque el Señor ha provisto luz si queremos aceptarla como él lo indica, y no elegir nuestro propio camino. El exige de todos un cumplimiento diligente de los deberes de cada día. Esto lo requiere especialmente de los que están empeñados en la obra solemne e importante de la oficina de publicaciones: tanto de aquellos sobre quienes pesan las más pesadas responsabilidades del trabajo, como de los que llevan las responsabilidades menores. Pero estos deberes pueden cumplirse únicamente pidiendo a Dios la capacidad de hacer fielmente lo recto ante el cielo, gobernados por motivos abnegados, como si todos viesen el ojo de Dios que nos contempla e investiga nuestras acciones. 2TI 119.3

El pecado más difundido que nos separa de Dios y provoca tantos trastornos espirituales contagiosos, es el egoísmo. No se puede volver al Señor excepto mediante la abnegación. Por nosotros mismos no podemos hacer nada; pero si Dios nos fortalece, podemos vivir para hacer bien a otros, y de esta manera rehuir el mal del egoísmo. No necesitamos ir a tierras paganas para manifestar nuestros deseos de consagrarlo todo a Dios en una vida útil y abnegada. Debemos hacer esto en el círculo del hogar, en la iglesia, entre aquellos con quienes tratamos y con aquellos con quienes hacemos negocios. En las mismas vocaciones comunes de la vida es donde se ha de negar al yo y mantenerlo en sujeción. Pablo podía decir: “Cada día muero”. 1 Corintios 15:31. Es esa muerte diaria del yo en las pequeñas transacciones de la vida lo que nos hace vencedores. Debemos olvidar el yo por el deseo de hacer bien a otros. A muchos les falta decididamente amor por los demás. En vez de cumplir fielmente su deber, procuran más bien su propio placer. 2TI 120.1

Dios impone positivamente a todos los que le siguen el deber de beneficiar a otros con su influencia y recursos, y de procurar de él la sabiduría que los habilitará para hacer todo lo que esté en su poder para elevar los pensamientos y los afectos de aquellos sobre quienes pueden ejercer su influencia. Al obrar por los demás, se experimentará una dulce satisfacción, una paz íntima que será suficiente recompensa. Cuando estén movidos por un elevado y noble deseo de hacer bien a otros, hallarán verdadera felicidad en el cumplimiento de los múltiples deberes de la vida. Esto les proporcionará algo más que una recompensa terrenal; porque todo cumplimiento fiel y abnegado del deber es notado por los ángeles, y resplandece en el registro de la vida. En el cielo nadie pensará en sí mismo, ni buscará su propio placer; sino que todos, por amor puro y genuino, procurarán la felicidad de los seres celestiales que los rodeen. Si deseamos disfrutar de la sociedad celestial en la tierra renovada, debemos ser gobernados aquí por los principios celestiales. 2TI 120.2

Cada acto de nuestra vida afecta a otros para bien o para mal. Nuestra influencia tiende hacia arriba o hacia abajo; los demás la sienten, obran de acuerdo con ella, y la reproducen en mayor o menor grado. Si por nuestro ejemplo ayudamos a otros a adquirir buenos principios, les impartimos poder de obrar el bien. A su vez, ellos ejercen la misma influencia benéfica sobre otros, y así ejercemos sobre centenares y millares de personas nuestra influencia inconsciente. Pero, si por nuestros actos fortalecemos o ponemos en actividad las malas facultades que poseen los que nos rodean, participamos de su pecado, y tendremos que dar cuenta por el bien que podríamos haberles hecho y que no les hicimos, porque no hallamos en Dios nuestra fortaleza, nuestro guía, nuestro consejero. 2TI 121.1

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