Testimonios para la Iglesia, Tomo 2

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La maledicencia

El hermano F ama la causa de Dios, pero la ha tomado demasiado a pecho, y ha asumido muchas responsabilidades que no debería haber tomado. Por causa de esto, su salud se ha resentido. A veces ha considerado ciertos asuntos en forma muy intensa, y ha deseado con demasiada vehemencia y ansiedad que todos los consideraran de la misma manera; y puesto que no estaban dispuestos a hacerlo se ha sentido casi aplastado. Es profundamente sensible y está en peligro de insistir con demasiada fuerza en sus opiniones. 2TPI 46.2

La hermana F quiere ser cristiana, pero no ha cultivado la discreción y la verdadera cortesía. Es de temperamento optimista, ardiente y confiada en sí misma. Muestra el aspecto áspero de su carácter y aparentemente no ha ganado mucho con ello. Ha obrado basándose en sus impulsos, tal como lo sentía y a veces sus sentimientos han sido muy exagerados e intensos. Es muy definida con respecto a lo que le gusta o le disgusta, y ha permitido que se desarrollara mucho este desgraciado rasgo de carácter, para gran perjuicio de su propio progreso espiritual y para daño de la iglesia. Ha hablado demasiado, imprudentemente, tal como lo sentía. Esta circunstancia ha ejercido una fuerte influencia sobre su esposo, y lo ha inducido a veces a actuar impulsado por sus sentimientos exacerbados cuando, si hubiera esperado, y examinado las cosas con calma habiéndolas considerado adecuadamente, habría sido mejor para él y para la iglesia. Nada se gana cuando se avanza apresuradamente, sobre la base de los impulsos y los sentimientos fuertes. 2TPI 46.3

La hermana F obra por impulso, busca faltas y ha tenido demasiado que decir de sus hermanos y hermanas. Esta conducta es capaz de producir confusión en cualquier iglesia. Si pudiera dominar su genio, ganaría una gran victoria. Si procurara el adorno celestial, el ornamento de un espíritu humilde y tranquilo, que Dios, el Creador de los cielos y la tierra, considera de gran valor, entonces sería de verdadero valor para la iglesia. Si albergara el espíritu de Cristo, y se convirtiera en pacificadora, su propia alma florecería y sería una bendición para la iglesia dondequiera fuera a vivir. A menos que se convierta, y se produzca un cambio total en ella, a menos que se eduque a sí misma para no hablar apresuradamente y para no enojarse con rapidez, y cultive la verdadera cortesía cristiana, su influencia resultará perjudicial, y la felicidad de los que se relacionan con ella sufrirá. Manifiesta una independencia que la perjudica y la aleja de sus amistades. Esta independencia le ha causado muchas dificultades y ha herido a sus mejores amigos. 2TPI 47.1

Si los que disponían de medios económicos fueron exigentes en su trato con su esposo, y no lo favorecieron más que los mundanos en las transacciones comerciales, ella se resintió y habló, y suscitó sentimientos de insatisfacción donde no los había antes. Este mundo, en el mejor de los casos, es egoísta. Muchos de los que profesan la verdad no han sido santificados por ella, y no están dispuestos a hacer la más mínima rebaja en el precio de sus productos cuando tratan con un hermano pobre, en circunstancias que sí lo harían con un mundano acomodado. No aman a su prójimo como a sí mismos. Agradaría más a Dios si hubiera menos egoísmo y más generosidad desinteresada. 2TPI 47.2

Puesto que la Hna. F ha visto manifestarse un espíritu egoísta entre los hermanos en los tratos comerciales, ha cometido un pecado mayor al reaccionar y al hablar del asunto en la forma como lo ha hecho. Se ha equivocado al esperar demasiado. Su lengua ha sido verdaderamente un miembro ingobernable, un mundo de iniquidad, encendido por el infierno, indomado e indomable. La Hna. F ha manifestado un espíritu de represalia, evidente por su conducta al sentirse ofendida. Todo eso está mal. Ha albergado sentimientos de amargura, totalmente ajenos al espíritu de Cristo. La ira, el resentimiento y toda clase de actitudes poco amables encuentran expresión al hablar en contra de aquellos con quienes estamos disgustados, y al recitar la lista de errores, fallas y pecados de los vecinos. De ese modo se satisfacen los deseos concupiscentes. 2TPI 48.1

Hna. F: si usted se siente herida porque sus amigos o vecinos están obrando mal en perjuicio propio, si son sorprendidos en falta, siga la regla bíblica: “Repréndele estando tú y él solos”. Mateo 18:15. Y al hablar con el que usted supone que está en error, procure hacerlo con humildad; porque la ira del hombre no da como resultado la justicia de Dios. La única manera de restaurar a los que han cometido errores es por medio de un espíritu de humildad, bondad y tierno amor. Sea cuidadosa con sus modales. Evite todo lo que en la apariencia y en el gesto, en la palabra o el tono de voz, cause la impresión de orgullo o suficiencia propia. Evite toda palabra o mirada que podría exaltarla, o establecer un contraste entre su bondad y justicia y las fallas de ellos. Aléjese lo más que pueda del desdén, el insulto o el desprecio. Evite cuidadosamente toda apariencia de enojo; y aunque su lenguaje sea claro, que no haya en él ni reproches, ni acusaciones injuriosas, ni señal de ira, sino más bien de sincero amor. Sobre todo, que no haya ni sombra de odio ni mala voluntad, ni amargura en la expresión. Nada fuera de la bondad y la amabilidad pueden fluir de un corazón lleno de amor. Sin embargo, ninguno de esos preciosos frutos puede impedirle hablar en la forma más seria y solemne, como si los ángeles la estuvieran escuchando, y usted estuviera actuando con relación al juicio venidero. Recuerde que el éxito de la reprensión depende en gran medida del espíritu con que se la da. No descuide la oración ferviente para que pueda poseer una mente humilde, y los ángeles de Dios puedan ir delante de usted para obrar en los corazones que usted está tratando de alcanzar, con el fin de suavizarlos mediante impresiones celestiales, de modo que sus esfuerzos puedan dar resultados. Si algún bien se hace, no se adjudique el crédito. Sólo Dios debe ser exaltado. Sólo Dios lo ha hecho todo. 2TPI 48.2

Usted ha defendido su actitud de hablar mal de su hermano o hermana o vecino delante de los demás antes de ir a hablar con ellos, y de dar los pasos que Dios ha señalado definidamente que se deben dar. Ha dicho: “¡Pero! ¡Si yo no hablé con nadie hasta que me sentía tan agobiada que no lo pude impedir!” ¿Qué la agobiaba? ¿No era acaso el claro descuido de su propio deber, de un “Así dice Jehová”? Usted cometió un pecado porque no fue a hablar con el ofensor para ventilar su falta entre usted y él solos. Si no lo hizo, si desobedeció a Dios, ¿cómo no se habría de sentir abrumada, a menos que su corazón se hubiera endurecido, puesto que estaba pisoteando el mandamiento de Dios y en su corazón estaba aborreciendo a su hermano o vecino? ¿Y de qué modo trató de librarse de esa carga? ¡Dios la reprende por su pecado de olvido, al no hablar con su hermano acerca de su falta, y usted se disculpa y se consuela con un pecado de comisión, es a saber, hablar de las faltas de su hermano con otra persona! ¿Es ésta la forma adecuada de obtener tranquilidad, cometiendo un pecado? 2TPI 49.1

Todos sus esfuerzos por salvar a los que están equivocados pueden resultar infructuosos. Pueden pagarle mal por bien. Tal vez se enojen en vez de convencerse. ¿Qué pasará si escuchan sin resultados, y prosiguen la mala conducta que comenzaron? Esto va a suceder con frecuencia. A veces la reprensión más suave y tierna no produce buenos resultados. En ese caso la bendición que usted deseaba que otro recibiera al comportarse justamente, al dejar de hacer el mal y al aprender a hacer el bien, volverá a su propio pecho. Si el que está en error persiste en el pecado, trátelo bondadosamente, y déjelo con su Padre Celestial. Ha librado su alma; el pecado de ellos ya no descansa sobre usted; ya no participa más del pecado de ellos. Si perecen, su sangre caerá sobre sus propias cabezas. 2TPI 49.2

Querida amiga: Debe producirse en usted una transformación completa, o en caso contrario será pesada en la balanza y hallada falta. En la Iglesia de _____, especialmente las mujeres que hablan mucho, tienen una lección que aprender. “Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana”. Santiago 1:26. Muchos serán pesados en la balanza y hallados faltos en este asunto de tan gran importancia. ¿Dónde están los cristianos que se van a someter a esta regla; que se van a poner de parte de Dios contra los que practican la maledicencia; que van a complacer a Dios y poner guardia, una guardia continua delante de su boca, y van a guardar la puerta de sus labios? No hable mal de nadie. No escuche ningún mal informe acerca de nadie. Porque si no hubiera oyentes, no habría maledicentes. Si alguien habla mal de otro en su presencia, no se lo permita. Rehuse escucharlo, aunque sus modales sean suaves y su voz dulce. Esa persona puede profesar aprecio, no obstante lo cual puede lanzar insinuaciones encubiertas para apuñalar el carácter en medio de la oscuridad. 2TPI 50.1

Evite resueltamente escuchar, aunque el murmurador insista en que se sentirá abrumado hasta que pueda hablar. ¡Abrumado, por cierto! por un secreto maldito capaz de separar a los mejores amigos. Vayan, ustedes los abrumados, y libérense de su carga en la forma en que Dios lo indicó. Primeramente vayan y hablen con su hermano acerca de su falta entre ustedes y él solos. Si esto falla, lleven a dos amigos y háblenle en su presencia. Si estos pasos no dan resultados, entonces díganlo a la iglesia. Ni un solo incrédulo debe estar al tanto del más mínimo detalle del asunto. Comunicarlo a la iglesia es el último paso que se debe dar. No lo publiquen entre los enemigos de nuestra fe. Estos no tienen derecho a estar enterados de los asuntos de la iglesia, no sea que las debilidades y los errores de los seguidores de Cristo queden en evidencia. 2TPI 50.2

Los que se están preparando para la venida de Cristo deberían ser sobrios y velar en oración, porque nuestro adversario el diablo anda alrededor como león rugiente buscando a quién devorar; pero tenemos que resistirlo firmes en la fe. “Porque: el que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones”. 1 Pedro 3:10-12. 2TPI 50.3

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