Testimonios para la Iglesia, Tomo 2

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Número 20—Testimonio para la iglesia

Las reuniones sociales

Recibí hace poco una carta de un hermano a quien respeto en gran manera, en la cual me preguntaba cómo deben dirigirse las reuniones. Deseaba saber si se deben ofrecer muchas oraciones en sucesión, y luego descansar unos momentos, y hacerse otra vez unas cuantas oraciones. 2TI 511.1

Por la luz que he recibido al respecto, he decidido que Dios no exige que, cuando nosotros nos reunimos para rendirle culto, hagamos tediosos y cansadores estos momentos, permaneciendo de rodillas largo tiempo, escuchando varias largas oraciones. Aquellos cuya salud es débil no pueden soportar este recargo sin agotarse y cansarse hasta el extremo. El cuerpo se cansa al permanecer postrado demasiado tiempo; y lo peor es que la mente se cansa de tal manera por el ejercicio continuo de la oración, que no se obtiene ningún refrigerio espiritual y el tiempo pasado en las reuniones está más que perdido. Los asistentes se cansan mental y físicamente, y no obtienen fortaleza espiritual. 2TI 511.2

Las reuniones para el público y las de oración no deben ser tediosas. Si es posible, todos deben llegar puntualmente a la hora señalada; y a los morosos que lleguen con media hora o quince minutos de atraso no se los debe esperar. Aun cuando no haya más de dos presentes, ellos pueden pedir el cumplimiento de la promesa. La reunión debe iniciarse a la hora señalada, si es posible, sean pocos o muchos los presentes. Debe ponerse a un lado la formalidad y la fría rigidez, y todos deben cumplir puntualmente con su deber. En las ocasiones comunes, no debe hacerse oración durante más de diez minutos. Después que ha habido un cambio de posición y el ejercicio del canto o de la exhortación ha aliviado la monotonía, entonces si algunos se sienten inducidos a hacerlo, permítaseles orar. 2TI 511.3

Todos debieran considerar como un deber cristiano el hacer oraciones cortas. Presentad al Señor exactamente lo que queréis, sin recorrer todo el mundo. En la oración privada, todos tienen el privilegio de orar todo el tiempo que deseen, y de ser tan explícitos como quieran. Pueden orar por todos sus parientes y amigos. La cámara secreta es el lugar donde se han de contar todas las dificultades, pruebas y tentaciones particulares. La reunión para adorar a Dios en conjunto no es el lugar donde se hayan de revelar las cosas privadas del corazón. 2TI 512.1

¿Cuál es el objeto que se tiene al reunirse? ¿Es para informar a Dios, instruirle, diciéndole en oración todo lo que sabemos? Nos reunimos para edificarnos unos a otros mediante el intercambio de pensamientos y sentimientos, para obtener fuerza, luz y valor al conocer mejor nuestras esperanzas y aspiraciones mutuas; y al elevar con fe nuestras oraciones fervientes y sentidas, recibimos refrigerio y vigor de la fuente de nuestra fuerza. Estas reuniones deben ser momentos muy preciosos y deben ser hechas interesantes para todos los que tienen placer en las cosas religiosas. 2TI 512.2

Temo que algunos no presentan sus dificultades a Dios en oración particular, sino que las reservan para la reunión de oración, y allí elevan sus oraciones de varios días. A los tales se los puede llamar asesinos de reuniones públicas y de oración. No emiten luz; no edifican a nadie. Sus oraciones heladas y sus largos testimonios de apóstatas arrojan una sombra. Todos se alegran cuando han terminado, y es casi imposible desechar el enfriamiento y las tinieblas que sus oraciones y exhortaciones imparten a la reunión. Por la luz que he recibido, entiendo que nuestras reuniones deben ser espirituales, sociales y no demasiado largas. La reserva, el orgullo, la vanidad y el temor del hombre deben quedar en casa. Las pequeñas diferencias y los prejuicios no deben ir con nosotros a estas reuniones. Como en una familia unida, la sencillez, la mansedumbre, la confianza y el amor deben reinar en el corazón de los hermanos y las hermanas que se reúnen para ser refrigerados y vigorizados al unir sus luces. 2TI 512.3

“Vosotros sois la luz del mundo,” dice el Maestro celestial. No todos tienen la misma experiencia en su vida religiosa. Pero si se reúnen los que han pasado por diversas circunstancias, pueden hablar con sencillez y humildad de lo que han experimentado. Todos los que prosiguen adelante en la carrera cristiana, deben tener y tendrán una experiencia viva, nueva e interesante. Una experiencia viva se compone de pruebas diarias, conflictos y tentaciones, arduos esfuerzos y victorias y mucha paz y gozo obtenidos mediante Jesús. Un simple relato de estas cosas da luz, fuerza y conocimiento que ayudarán a otros en su progreso en la vida cristiana. El culto de Dios debe ser interesante e instructivo para los que aman las cosas divinas y celestiales. 2TI 513.1

Jesús, el Maestro celestial, no se mantenía alejado de los hijos de los hombres, sino que, a fin de beneficiarlos, vino del cielo a la tierra, donde estaban, para que la pureza y la santidad de su vida resplandeciesen sobre la senda de todos e iluminasen el camino del cielo. El Redentor del mundo procuró hacer claras y sencillas sus lecciones de instrucción, a fin de que todos las comprendiesen. Generalmente prefería dar sus discursos al aire libre. No había paredes que pudiesen contener la multitud que le seguía; pero tenía razones especiales por recurrir a los huertos y las playas a fin de dar allí sus instrucciones. Podía contemplar el panorama y hacer uso de objetos y escenas familiares para los de humilde condición, a fin de ilustrar con ellas las verdades importantes que les hacía conocer. A estas lecciones asociaba las obras de Dios en la naturaleza. Las aves que gorjeaban sus cantos sin preocupación, las flores del valle que resplandecían de hermosura, el nenúfar que lucía su pureza en el seno del lago, los altos árboles, la tierra cultivada, los ondeantes cereales, el suelo árido, el árbol que no daba fruto, las colinas eternas, el burbujeante arroyo, el sol poniente que teñía y doraba los cielos, todas estas cosas las empleaba para grabar en la mente de sus oyentes la verdad divina. Relacionaba las obras puestas por la mano de Dios en los cielos y sobre la tierra con las palabras que deseaba grabar en sus mentes, a fin de que mientras mirasen las obras admirables de Dios en la naturaleza, sus lecciones se mantuviesen frescas en su recuerdo. 2TI 513.2

En todos sus esfuezos Cristo procuraba hacer interesantes sus enseñanzas. Sabía que una muchedumbre cansada y hambrienta no podía obtener beneficio espiritual, y no olvidaba sus necesidades corporales. En cierta ocasión realizó un milagro para alimentar a cinco mil personas que se habían reunido para escuchar las palabras de vida que brotaban de sus labios. Jesús tenía en cuenta los alrededores cuando daba su preciosa verdad a las multitudes. El panorama era de tal naturaleza que atraía los ojos y despertaba admiración en el pecho de los que amaban lo bello. Podía ensalzar la sabiduría de Dios en las obras que había creado, y podía vincular estas lecciones sagradas dirigiendo sus mentes de la naturaleza al Dios de ella. 2TI 514.1

Así el panorama, los árboles, las aves, las flores del valle, las colinas, el lago y los hermosos cielos, se asociaban en su recuerdo con las verdades sagradas que serían santificadas en su memoria cuando mirasen aquellas cosas después de la ascensión de Cristo al Cielo. 2TI 514.2

Cuando enseñaba a la gente, no dedicaba el tiempo a la oración. No les imponía, como los fariseos, largas y tediosas ceremonias y oraciones. Enseñó así a orar a sus discípulos: “Y cuando oras, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pie, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo, que ya tienen su pago. Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público. Y orando, no seáis prolijos, como los gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosa tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”. Mateo 6:5-9. 2TI 514.3

Cristo inculcó en sus discípulos la idea de que sus oraciones debían ser cortas y expresar exactamente lo que querían, y nada más. Le indicó la longitud y el contenido que debían caracterizar sus oraciones; debían expresar sus deseos de bendiciones temporales y espirituales, y su gratitud por las mismas. ¡Cuán abarcante es esta oración modelo! Se refiere a la necesidad real de todos. Uno o dos minutos bastan para cualquier oración común. Hay casos en que la oración nos es dictada en una forma especial por el Espíritu de Dios, cuando se eleva la súplica en el Espíritu. El alma anhelante siente agonía y gime en busca de Dios. El espíritu lucha como luchó Jacob, y no quiere descansar sin manifestaciones especiales del poder de Dios. Así quiere Dios que sea. 2TI 514.4

Pero muchos elevan oraciones áridas como si fueran sermones. Oran a los hombres y no a Dios. Si estuvieran orando a Dios, y comprendiesen realmente lo que están haciendo, se alarmarían por su audacia; porque dirigen un discurso al Señor a modo de oración, como si el Creador del universo necesitase información especial sobre temas generales relacionados con las cosas que suceden en el mundo. Tales oraciones son todas como metal que resuena y címbalo que retiñe. No son anotadas en el Cielo. Los ángeles de Dios se cansan de ellas, tanto como los mortales que están obligados a escucharlas. 2TI 515.1

A Jesús se le encontraba a menudo en oración. Se retiraba a los huertos solitarios o a las montañas para dar a conocer sus peticiones a su Padre. Cuando había terminado los quehaceres y los cuidados del día, y los cansados buscaban reposo, Jesús dedicaba el tiempo a la oración. No quisiéramos desalentar el espíritu de oración; porque no se ora ni se vela bastante. Y menos aún se ora con el Espíritu y también con comprensión. La oración ferviente y eficaz es siempre oportuna, y nunca cansará. Una oración tal interesa y refrigera a todos los que tienen amor por la devoción. 2TI 515.2

Se descuida la oración secreta, y ésta es la razón por la cual muchos hacen oraciones tan largas, tediosas y sin valor cuando se reúnen para adorar a Dios. Repasan en sus oraciones una semana de deberes descuidados y oran en círculo, esperando compensar su negligencia y apaciguar su conciencia. Esperan ganar por su oración el favor de Dios. Pero con frecuencia estas oraciones logran solamente hacer bajar a otros al nivel de las tinieblas espirituales en que está la persona que las hace. Si los cristianos quisieran apropiarse las enseñanzas de Cristo acerca de velar y orar, rendirían un culto más inteligente a Dios. 2TI 515.3