Primeros Escritos

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La codicia

Vi que Satanás ordenaba a sus ángeles que dispusieran sus asechanzas especialmente para los que están esperando la segunda aparición de Cristo y guardando todos los mandamientos de Dios. Dijo Satanás a sus ángeles que las iglesias estaban durmiendo. El iba a aumentar su propio poder y sus prodigios mentirosos, a fin de retenerlas. “Pero—dijo—odiamos a la secta de los observadores del sábado; están trabajando de continuo contra nosotros, y quitándonos súbditos, para que observen la odiada ley de Dios. Id, emborrachad de cuidados a los poseedores de tierras y dinero. Si lográis que pongan sus afectos en estas cosas, serán nuestros todavía. Pueden profesar lo que quieran, con tal que consigáis que se interesen más en el dinero que en el éxito del reino de Cristo o la difusión de las verdades que aborrecemos. Presentadles el mundo de la manera más atrayente, para que lo amen y lo idolatren. Debemos conservar en nuestras filas todos los recursos cuyo control podamos obtener. Cuanto más sean los recursos que los seguidores de Cristo dediquen a su servicio, tanto más perjudicarán a nuestro reino quitándonos súbditos. Cuando ellos convocan reuniones en diferentes lugares, estamos en peligro. Sed vigilantes, por lo tanto. Si os es posible, provocad disturbios y confusión. Destruid el amor que los miembros tengan el uno por el otro. Desalentad a sus ministros; porque los aborrecemos. Presentad toda excusa plausible a los que tienen recursos, no sea que ellos los entreguen. Ejerced, si podéis, el control de los asuntos monetarios, y procurad que sus ministros sean angustiados por la escasez. Esto debilitará su valor y celo. Pelead por toda pulgada de terreno. Haced que la codicia y el amor de los tesoros terrenales sean los rasgos sobresalientes de su carácter. Cuando estos rasgos los dominan, la salvación y la gracia pierden importancia. Rodeadlos de toda clase de atracciones, y serán nuestros. Y no sólo nos los aseguraremos, sino que su odiosa influencia no será ejercida para conducir a otros al cielo. Cuando algunos intenten dar, poned en ellos una disposición mezquina, para que lo que den sea poco.” PE 266.1

Vi que Satanás ejecuta bien sus planes. Cuando los siervos de Dios convocan reuniones, Satanás está en el terreno con sus ángeles para impedir la obra. Está constantemente implantando sugestiones en la mente de los hijos de Dios. Conduce a algunos de una manera y a otros de otra, valiéndose siempre de los malos rasgos que hay en el carácter de los hermanos y las hermanas, y excitando sus tendencias naturales al mal. Si están dispuestos a ser egoístas y codiciosos, Satanás se sitúa a su lado, y con todo su poder procura inducirlos a ceder a los pecados que los tientan de costumbre. La gracia de Dios y la luz de la verdad pueden disipar por un corto tiempo sus sentimientos de codicia y egoísmo, pero si no obtienen una victoria completa, Satanás entra cuando no están bajo una influencia salvadora y marchita todo principio noble y generoso, y ellos piensan que se exige demasiado de ellos. Se cansan de hacer el bien y olvidan el gran sacrificio que Jesús hizo para redimirlos del poder de Satanás y de la miseria desesperada. PE 267.1

Satanás se valió de la disposición codiciosa y egoísta de Judas y le indujo a murmurar cuando María derramó el costoso ungüento sobre Jesús. Judas consideró esto como un gran desperdicio, y declaró que se podría haber vendido el ungüento y dado a los pobres el producto de la venta. No le interesaban los pobres, pero consideraba excesiva la ofrenda liberal otorgada a Jesús. Judas apreció a su Señor tan sólo lo suficiente para venderlo por unas pocas monedas de plata. Y vi que había algunos como Judas entre los que profesan esperar a su Señor. Satanás los domina, pero no lo saben. Dios no puede aprobar el menor grado de codicia o egoísmo, y aborrece las oraciones y exhortaciones de aquellos que cultivan estos malos rasgos. Al ver Satanás que su tiempo es corto, induce a los hombres a ser cada vez más egoístas y codiciosos, y luego se regocija cuando los ve dedicados a sí mismos, mezquinos y egoístas. Si los ojos de los tales pudiesen abrirse, verían a Satanás en triunfo infernal, regocijándose acerca de ellos y riéndose de la locura de aquellos que aceptan sus sugestiones y caen en sus lazos. PE 268.1

Satanás y sus ángeles toman nota de todos los actos mezquinos y codiciosos de aquellas personas y los presentan a Jesús y a sus santos ángeles, diciendo en tono oprobioso: “¡Estos son seguidores de Cristo! ¡Se están preparando para ser trasladados!” Satanás compara la conducta de ellos con pasajes de la Escritura en los cuales se reprende tal conducta, y luego desafía así a los ángeles celestiales: “¡Estos están siguiendo a Cristo y su Palabra! ¡Estos son los frutos del sacrificio de Cristo y de la redención!” Los ángeles se desvían con desagrado de la escena. Dios requiere de los suyos que obren constantemente; y cuando se cansan de hacer el bien, él se cansa de ellos. Vi que le desagrada mucho la menor manifestación de egoísmo de parte de quienes profesan ser su pueblo, de aquellos por quienes Jesús no escatimó su preciosa vida. Toda persona egoísta y codiciosa caerá al lado del camino. Como Judas, que vendió a su Señor, traicionarán los buenos principios y una buena disposición noble y generosa por una pequeña porción de las ganancias terrenales. Todos los tales serán eliminados del pueblo de Dios. Los que quieran entrar en el cielo, deberán, con toda la energía que posean, alentar los principios del cielo. En vez de marchitarse en el egoísmo, sus almas se expanderán en la benevolencia. Es necesario aprovechar toda oportunidad de hacer bien unos a otros y cultivar así los principios del cielo. Jesús me fué presentado como el dechado perfecto. Su vida fué sin intereses egoístas, y siempre hubo en él manifestaciones de benevolencia desinteresada. PE 268.2

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