Obreros Evangélicos

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Unidad en la diversidad

Dios tiene diferentes modos de obrar, y diferentes obreros a quienes confía diversos dones. Un obrero puede tener facilidad para hablar; otro, para escribir; puede ser que otro tenga el don de la oración sincera, ardorosa y ferviente; otro, el don de cantar; otro puede tener poder especial para explicar la Palabra de Dios con claridad. Y cada don ha de llegar a ser un poder para Dios, porque él obra con el que trabaja. A uno Dios da la palabra de sabiduría, a otro conocimiento, a otro fe; pero todos han de trabajar bajo la misma Cabeza. La diversidad de los dones da por resultado una diversidad de operación; pero “el mismo Dios es el que obra todas las cosas en todos.”1 OE 498.1

El Señor desea que sus siervos escogidos aprendan a unirse en esfuerzo armonioso. Puede ser que a algunos les parezca que el contraste entre sus dones y los de algún colaborador suyo es demasiado grande para permitirles unirse en un esfuerzo armonioso; pero cuando recuerden que hay diversas mentes que alcanzar, y que algunos rechazarán la verdad según la presente un obrero, tan sólo para abrir su corazón a la verdad de Dios según la presente de diferente manera otro obrero, procurarán con esperanza trabajar juntos en unidad. Sus talentos, por diversos que sean, pueden hallarse todos bajo la dirección del mismo Espíritu. En cada palabra y acto, se revelarán bondad y amor; y al desempeñar fielmente cada obrero el cargo que le ha sido señalado, la oración de Cristo por la unidad de sus discípulos quedará contestada, y el mundo sabrá que son discípulos suyos. OE 498.2

Con amante simpatía y confianza, han de unirse los obreros de Dios. El que dice o hace cualquier cosa que tienda a separar los miembros de la iglesia de Cristo, está contrarrestando el propósito del Señor. Las luchas y disensiones en la iglesia, el estimular las sospechas y la incredulidad, son cosas que deshonran a Cristo. Dios desea que sus siervos cultiven el afecto cristiano mutuo. La religión verdadera une los corazones, no sólo con Cristo, sino unos con otros, en una unión muy tierna. Cuando sepamos lo que significa estar así unidos con Cristo y con nuestros hermanos, una fragante influencia acompañará nuestra obra dondequiera que vayamos. OE 499.1

Los que trabajan en las ciudades grandes deben desempeñar sus diversos cargos, esforzándose cuanto puedan por producir los mejores resultados. Deben hablar con fe y obrar de manera que impresionen a la gente. No deben limitar la obra a sus propias ideas particulares. En lo pasado nuestro pueblo lo ha hecho con demasiada frecuencia, y esto ha sido un impedimento para el éxito de la obra.... OE 499.2

Ningún ser humano ha de tratar de ligar a sí otros seres humanos, como si hubiese de dominarlos, diciéndoles que hagan esto, y prohibiéndoles que hagan aquello, ordenando, dictando, obrando como un oficial lo hace con una compañía de soldados. Así obraban los sacerdotes y príncipes en los días de Cristo, pero ésta no es la manera correcta. Después que la verdad haya hecho impresión en los corazones, y hombres y mujeres hayan aceptado sus enseñanzas, deben ser tratados como propiedad de Cristo, no como propiedad del hombre. Al sujetar las mentes a vosotros mismos, las inducís a apartarse de la Fuente de sabiduría y suficiencia. Deben depender enteramente de Dios; únicamente así pueden crecer en la gracia. OE 499.3

Por mucho alarde que haga un hombre de tener conocimiento y sabiduría, a menos que se halle bajo la enseñanza del Espíritu Santo, será excesivamente ignorante de las cosas espirituales. Necesita sentir su peligro y su ineficiencia, y depender completamente de Aquel que es el único que puede conservar las almas a él confiadas, que puede impartirles su Espíritu, y llenarlas de amor mutuo desinteresado, habilitándolas así para dar testimonio de que Dios envió su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. Los que estén verdaderamente convertidos se juntarán en unidad cristiana. No debe haber división en la iglesia de Dios, ni debe ejercerse imprudente autoridad sobre los que aceptan la verad. La mansedumbre de Cristo ha de manifestarse en todo lo que se diga y haga. OE 500.1

Cristo es el fundamento de toda iglesia verdadera. OE 500.2

Tenemos su promesa inmutable de que su presencia y protección serán dadas a sus fieles que anden en su consejo. Hasta el fin del tiempo Cristo ha de ser el primero. El es la fuente de vida y fuerza, de justicia y santidad. Y él es todo esto para los que lleven su yugo y aprendan de él a ser mansos y humildes. OE 500.3

El deber y deleite de todo servicio consiste en ensalzar a Cristo ante la gente. Tal es el fin de toda verdadera labor. Que aparezca Cristo, que el yo esté escondido detrás de él. Tal es la abnegación que vale la pena.—Testimonies for the Church 9:144-147. OE 500.4