Obreros Evangélicos

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El trabajo en las ciudades

En relación con la proclamación del mensaje en las grandes ciudades, hay muchas clases de trabajo que deben ser hechas por obreros de diversos dones. Algunos han de trabajar de una manera, otros de otra. El Señor desea que las ciudades sean amonestadas por los esfuerzos unidos de obreros de diferentes capacidades. A fin de no ser extraviados, todos han de mirar a Jesús para ser dirigidos, y no depender del hombre para obtener sabiduría. Como colaboradores de Dios deben tratar de estar en armonía unos con otros. Deben celebrar frecuentes consejos, y prestarse ferviente y cordial cooperación. Sin embargo, todos han de buscar sabiduría en Jesús, sin depender únicamente de los hombres para ser dirigidos. OE 358.1

El Señor ha dado a algunos predicadores la capacidad para congregar y cautivar grandes auditorios. Esto requiere que se ejerza tacto y habilidad. En las ciudades modernas, donde hay tanto para atraer y agradar, no se puede interesar a la gente mediante esfuerzos comunes. Los ministros designados por Dios encontrarán necesario hacer esfuerzos extraordinarios para atraer la atención de las multitudes. Y cuando logren congregar gran número de gente, deberán dar mensajes de un carácter tan diferente de lo común que la gente quede despertada y advertida. Deben emplear todos los medios que puedan idear para hacer que la verdad se destaque clara y distintamente. El mensaje de prueba para este tiempo ha de ser proclamado tan clara y decididamente que alarme a los oyentes, y los induzca a desear estudiar las Escrituras. OE 358.2

Los que hacen la obra del Señor en las ciudades deben hacer esfuerzos serenos, constantes y consagrados para la educación de la gente. Al paso que han de trabajar fervorosamente para interesar a los oyentes, y conservar este interés, deben cuidarse mucho de cuanto raye en lo sensacional. En esta época de extravagancias y ostentación externa, cuando los hombres creen necesario hacer un gran despliegue de apariencia para obtener éxito, los mensajeros elegidos por Dios deben demostrar la falacia de gastar innecesariamente medios para lograr efectos. Mientras trabajen con sencillez, humildad y dignidad llena de gracia, evitando todo lo que sea de índole teatral, su obra hará una impresión duradera para el bien. OE 359.1

Es cierto que es necesario gastar juiciosamente dinero para anunciar las reuniones, y para llevar a cabo la obra de una manera sólida. Sin embargo, se notará que la fuerza de cada obrero reside, no en estos agentes externos, sino en una confiada dependencia de Dios, en la ferviente oración por ayuda, en la obediencia a su Palabra. Debe introducirse en la obra del Señor mucho más oración, mucho más semejanza a Cristo, mucho más conformidad a la voluntad de Dios. La apariencia externa y el despliegue extravagante de recursos no cumplirán la obra que ha de hacerse. OE 359.2

La obra de Dios se ha de llevar a cabo con poder. Necesitamos el bautismo del Espíritu Santo. Necesitamos comprender que Dios añadirá a las filas de su pueblo hombres de capacidad e influencia que desempeñarán su parte en amonestar al mundo. No todos los habitantes del mundo están sin ley y en pecado. Dios tiene muchos millares que no han doblegado la rodilla ante Baal. Hay, en las iglesias caídas, hombres y mujeres que temen a Dios. Si no fuese así, no se nos ordenaría proclamar el mensaje: “Caída es, caída es la grande Babilonia.... Salid de ella, pueblo mío.”1 Muchos de los que tienen corazón sincero anhelan tener un poco del aliento de la vida celestial. Reconocerán el Evangelio cuando les sea presentado con la belleza y sencillez con que lo presenta la Palabra de Dios.... OE 359.3