Obreros Evangélicos

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La palabra de Dios nuestra salvaguadia

Nuestro santo y seña ha de ser: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.”5 Tenemos una Biblia llena de la verdad más preciosa. Contiene el Alfa y la Omega del saber. Las Escrituras, dadas por inspiración de Dios, son útiles “para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra.”6 Tomad la Biblia como libro de estudio. Todos pueden comprender su instrucción. OE 324.1

Cristo pide a su pueblo que crea y practique su Palabra. Los que reciban y asimilen esta Palabra, dándole parte en cada acción, en cada atributo del carácter, se fortalecerán en la fuerza de Dios. Se verá que su fe es de origen celestial. No errarán por sendas extrañas. Sus mentes no se desviarán hacia una religión de sentimentalismo y excitación. Delante de los ángeles y de los hombres, estarán como quienes tienen caracteres cristianos fuertes y consecuentes. OE 324.2

En el áureo incensario de la verdad, según está presentado en las enseñanzas de Cristo, hallamos lo que convencerá y convertirá las almas. Proclamad, con la misma sencillez que Cristo, las verdades que él vino a proclamar a este mundo, y el poder de vuestro mensaje se hará sentir. No defendáis teorías ni aduzcáis pruebas que Cristo no mencionó nunca, y que no tienen fundamento en la Biblia. Tenemos grandes y solemnes verdades para la gente: “Escrito está,” es la prueba a que debe someterse a toda alma en busca de dirección. OE 324.3

Acudamos a la Palabra de Dios en busca de dirección. Busquemos un “así dice Jehová.” Ya hemos tenido bastantes métodos humanos. Una mente educada únicamente en la ciencia mundana no podrá comprender las cosas de Dios; pero la misma mente, convertida y santificada, verá el poder divino de la Palabra. Únicamente la mente y el corazón que hayan sido purificados por la santificación del Espíritu pueden discernir las cosas celestiales. OE 325.1

Hermanos, en el nombre del Señor, os llamo a despertaros y a ver vuestro deber. Entregad vuestros corazones al poder del Espíritu Santo y ellos serán hechos susceptibles a las enseñanzas de la Palabra. Entonces podréis discernir las cosas profundas de Dios. OE 325.2

¡Quiera Dios poner a su pueblo bajo las profundas influencias de su Espíritu y despertarlo para que vea su peligro, y se prepare para lo que está por sobrevenir a la tierra! OE 325.3

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No debemos pensar ni por un momento que no hay más luz, ni más verdad para sernos reveladas. Corremos el peligro de volvernos descuidados y de perder por nuestra indiferencia el poder santificador de la verdad, consolándonos con el pensamiento: “Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa.”7 Al paso que debemos retener firmemente las verdades que ya hemos recibido, no debemos considerar como sospechosa cualquiera nueva luz que Dios envíe. OE 325.4