Obreros Evangélicos

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Desvío de las mentes del deber actual

El enemigo está tratando de apartar las mentes de nuestros hermanos y hermanas de la obra de preparar a un pueblo que pueda subsistir en estos últimos días. Sus sofismas están destinados a apartar las mentes de los peligros y deberes de la hora. Atribuyen poco valor a la luz que Cristo vino del cielo para dar a Juan en favor de su pueblo. Enseñan que los acontecimientos que nos confrontan no tienen importancia suficiente para recibir atención especial.* Anulan la verdad de origen celestial, y despojan al pueblo de Dios de su experiencia pasada, reemplazándola por una falsa ciencia. “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él.”3 OE 321.2

No trate nadie de deshacer los cimientos de nuestra fe, los cimientos que fueron echados al principio de nuestra obra, por oración y estudio de la Palabra de Dios y por revelación. Sobre estos cimientos hemos estado edificando durante más de cincuenta años. Los hombres pueden suponer que han encontrado un camino nuevo, que pueden echar un cimiento más fuerte que el que fué echado; pero éste es un gran engaño. “Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto.”4 En lo pasado, muchos han emprendido la obra de levantar una nueva fe, de establecer nuevos principios; pero ¿cuánto tiempo duró su edificación? No tardó en caer; porque no estaba fundada sobre la Roca. OE 322.1

¿No tuvieron los primeros discípulos que hacer frente a los dichos de los hombres? ¿No tuvieron que oír falsas teorías; y luego, habiendo hecho todo, permanecer firmes, diciendo: “Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto”? Así también nosotros hemos de retener firme hasta el fin el principio de nuestra confianza. OE 322.2

Palabras de poder han sido enviadas por Dios y por Cristo a su pueblo, para sacarlo del mundo, y llevarlo, punto por punto, a la clara luz de la verdad presente. Con labios tocados por el fuego santo, los siervos de Dios han proclamado el mensaje. La expresión divina ha puesto su sello sobre la veracidad de la verdad proclamada. OE 322.3