Obreros Evangélicos

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La cortesía en el hogar

Existe el peligro de no dar la debida atención a las cosas pequeñas de la vida. El predicador no debe descuidar el decir palabras bondadosas y alentadoras en el círculo de la familia. Hermanos míos en el ministerio, ¿demostráis en el círculo del hogar brusquedad, dureza, descortesía? Si lo hacéis, no importa cuán sublime sea lo que profeséis, estáis violando los mandamientos. No importa cuán fervientemente prediquéis a otros, si dejáis de manifestar el amor de Cristo en vuestra vida en el hogar, quedáis por debajo de la norma fijada para vosotros. No penséis que es representante de Cristo el hombre que al bajar del púlpito incurre en observaciones duras y sarcásticas, o en chistes y bromas. El amor de Dios no está en él. Su corazón está lleno de amor hacia sí mismo, de engreimiento, y demuestra que no tiene verdadera estimación por las cosas sagradas. Cristo no está en él, y no siente el peso del solemne mensaje de la verdad para este tiempo. OE 216.3

En algunos casos, los hijos de los predicadores son los niños a quienes más se descuida en el mundo, por la razón de que el padre está poco con ellos, y se les deja elegir sus ocupaciones y diversiones. Si el predicador tiene una familia de varones, no debe abandonarlos enteramente al cuidado de la madre. Esta es una carga demasiado pesada para ella. El debe hacerse compañero y amigo de ellos. Debe esforzarse por apartarlos de las malas compañías, y cuidar de que tengan trabajo útil que hacer. Puede ser difícil para la madre ejercer dominio propio. Si el esposo nota que tal es el caso, debe encargarse de la mayor parte de la responsabilidad, y hacer cuanto pueda para conducir a sus muchachos a Dios. OE 217.1

Recuerde la esposa del predicador que tiene hijos, que ella tiene en su hogar un campo misionero en el cual debe trabajar con energía incansable y celo invariable, sabiendo que los resultados de su trabajo perdurarán por toda la eternidad. ¿No son las almas de sus hijos de tanto valor como las de los paganos? Atiéndalos, pues, con amante cuidado. Le ha sido encargada la responsabilidad de demostrar al mundo la fuerza y excelencia de la religión en el hogar. Ella ha de ser regida por los principios, no por los impulsos, y ha de trabajar con el sentimiento de que Dios es quien le ayuda. No debe permitir que nada la aparte de su misión. OE 217.2

La influencia de la madre que tiene íntima relación con Cristo es de valor infinito. Su ministerio de amor hace del hogar un Betel. Cristo obra con ella, transformando el agua común de la vida en el vino del cielo. Sus hijos se criarán para serle una bendición y honra en esta vida y en la venidera. OE 217.3

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Desde la niñez, Timoteo había conocido las Escrituras; y este conocimiento le fué una salvaguardia contra las malas influencias que lo rodearan, y contra la tentación de elegir el placer y la complacencia egoísta antes que el deber. Todos nuestros hijos necesitan una salvaguardia semejante; y debe ser parte del trabajo de los padres y de los embajadores de Cristo mirar por que los niños reciban la debida instrucción en la Palabra de Dios.—Testimonies for the Church 4:398. OE 218.1