Notas biográficas de Elena G. de White

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Natanael y Ana White

Después que regresamos del viaje del este, se me mostró que estábamos en peligro de asumir cargas que Dios no exigía que lleváramos. Teníamos que hacer una parte en la causa de Dios, y no debíamos recargarnos aumentando nuestra familia para gratificar los deseos de algunos. Vi que con el propósito de salvar almas debemos estar dispuestos a llevar responsabilidades; y que debíamos abrir la puerta para que el hermano de mi esposo, Natanael, y su hermana Ana, vinieran a vivir con nosotros. Ambos eran inválidos, y sin embargo, les extendimos una cordial invitación para venir a nuestro hogar. Ellos aceptaron la invitación. NBEW 160.2

Apenas vimos a Natanael, temimos que la tuberculosis lo llevara a la tumba. El color rojo propio de la tisis estaba ya en sus mejillas, y sin embargo esperábamos y orábamos que el Señor le salvara la vida, y que sus talentos fueran empleados en la causa de Dios. Pero el Señor vio bueno obrar de otra manera. NBEW 161.1

Natanael y Ana aceptaron la verdad lentamente pero con mucha comprensión. Ponderaron las evidencias de nuestra posición, y en forma concienzuda se decidieron por la verdad. El 6 de mayo de 1853 le preparamos la cena a Natanael, pero pronto él dijo que se estaba desmayando, y que sabía que estaba por morir. Mandó a buscarme, y tan pronto como yo entré en la habitación, supe que se estaba muriendo. Le dije: “Querido Natanael, confía en Dios. El te ama, y tú lo amas a él. Confía en él como un hijo confía en sus padres. No te aflijas. El Señor no te abandonará”. El contestó: “Sí, sí”. Oramos, y él respondió: “Amén, ¡alabado sea el Señor!” No parecía sentir dolor, no gimió ni una sola vez, ni luchó, ni movió un músculo de su cara, sino que su respiración se fue haciendo más y más corta, hasta que cayó dormido, a los 22 años de edad. NBEW 161.2