Mensajes Selectos Tomo 2

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21—Los obreros de nuestras instituciones

En procura de los más capaces

DE TIEMPO en tiempo me he sentido instada por el Espíritu del Señor a dar testimonio a nuestros hermanos concerniente a la necesidad de conseguir a las personas más capacitadas para que trabajen en nuestras diversas instituciones y en los numerosos departamentos de nuestra causa. Los que se relacionen de esta manera con la causa, deben ser hombres preparados, personas a quienes Dios pueda enseñar y a quienes pueda honrar como a Daniel, con sabiduría y entendimiento. Deben ser pensadores, hombres que lleven la impronta de Dios, y que progresen constantemente en santidad, en dignidad moral y en la excelencia con que realizan su trabajo. Si son hombres que crecen, si poseen mentes razonadoras e inteligencia santificada, si escuchan la voz de Dios y procuran captar cada rayo de luz que procede del cielo, avanzarán, tal como el sol, en un curso constante, y aumentarán en sabiduría y en favor con Dios... 2MS 217.1

Los administradores de nuestras instituciones deberían ser hombres de suficiente amplitud mental como para saber respetar a los obreros de intelecto cultivado y recompensarlos proporcionalmente a las responsabilidades que desempeñan. Pero los que trabajan en la obra de Dios no deberían hacerlo sólo por el sueldo que reciben, sino para honrar a Dios, para promover su causa y obtener riquezas imperecederas. Al mismo tiempo, no deberíamos esperar que aquellos que son capaces de realizar una obra que requiere pensamiento y fatigoso esfuerzo, y que pueden hacerla con exactitud y perfección, reciban menos compensación que el obrero menos calificado. Hay que estimar correctamente el talento. Los que no puedan apreciar el trabajo y la habilidad mentales genuinos, no deberían ocupar la posición de dirigentes de nuestras instituciones, porque su influencia tenderá a limitar la obra, a levantar barreras que impidan su progreso, y a llevarla a un nivel más bajo. 2MS 217.2

Si queremos que nuestras instituciones sean tan prósperas como Dios quiere que sean, debería haber más cuidado y oración más fervorosa, unidos a un celo incansable y a un trabajo hábil. Para relacionar a estos obreros con la causa puede requerirse un gran desembolso de recursos. Pero si bien es cierto que es esencial economizar en todo lo que sea posible, se encontrará que los esfuerzos realizados por algunas mentes estrechas para ahorrar fondos empleando a personas que realizan un trabajo barato, y cuya labor corresponde en carácter con lo reducido de sus sueldos, con el tiempo llegará a constituir una pérdida. Se retardará el progreso de la obra y se rebajará la causa.—Carta 63, 1886. 2MS 218.1