Reina Valera 1989

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Job 39

1 ¿Conoces tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿Has observado el parto de las gacelas?

2 ¿Has contado los meses que cumplen? ¿Conoces el tiempo cuando han de parir?

3 Se encorvan, expulsan sus crías y luego se libran de sus dolores.

4 Sus hijos se fortalecen y crecen en campo abierto; luego se van y no vuelven más a ellas.

5 ¿Quién dejó libre al asno montés? ¿Quién soltó las ataduras del onagro?

6 Yo puse el Arabá como su casa, y las tierras saladas como su morada.

7 Se burla del bullicio de la ciudad; no escucha los gritos del arriero.

8 Explora los montes tras su pasto, y busca todo lo que es verde.

9 ¿Consentirá en servirte el toro salvaje y pasar la noche junto a tu pesebre?

10 ¿Atarás al toro salvaje con coyundas para el surco? ¿Rastrillará los valles tras de ti?

11 ¿Confiarás en él, por ser grande su fuerza, y descargarás sobre él el peso de tu labor?

12 ¿Crees que él ha de regresar para recoger el grano de tu era?

13 Se agitan alegremente las alas del avestruz; ¿pero acaso sus alas y su plumaje son los de la cigüeña?

14 Porque ella abandona sus huevos en la tierra, y sobre el polvo los deja calentarse.

15 Y se olvida que un pie los puede aplastar o que los animales del campo los pueden pisotear.

16 Trata con dureza a sus hijos, como si no fueran suyos, sin temor de que su trabajo haya sido en vano.

17 Es que Dios le hizo olvidar la sabiduría y no le repartió inteligencia.

18 Pero cuando levanta las alas para correr, se ríe del caballo y del jinete.

19 ¿Diste bravura al caballo? ¿Engalanaste de crines su cuello?

20 ¿Lo harás brincar como a una langosta? El resoplido de su nariz es temible.

21 Escarba en el valle y se regocija con fuerza; sale al encuentro de las armas.

22 Se ríe del miedo y no se espanta; no vuelve atrás ante la espada.

23 Sobre él resuenan la aljaba, la hoja de la lanza y la jabalina.

24 Con estrépito y furor devora la distancia y no se detiene aunque suene la corneta.

25 Relincha cada vez que suena la corneta, y desde lejos olfatea la batalla, la voz tronadora de los oficiales y el grito de guerra.

26 ¿Es por tu inteligencia que el halcón emprende el vuelo y extiende sus alas hacia el sur?

27 ¿Es por tu mandato que el águila se eleva y pone en lo alto su nido?

28 En las peñas habita y pernocta en la cumbre de la peña, en lugar inaccesible.

29 Desde allí acecha la presa; sus ojos la observan de muy lejos.

30 Luego sus polluelos chupan la sangre. Donde haya cadáveres, allí estará ella.