La Historia de la Redención

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La fe que prevalece

La fe perseverante de Jacob por fin prevaleció. Se aferró con firmeza del ángel hasta que obtuvo la bendición que deseaba, y la seguridad del perdón de sus pecados. Su nombre cambió entonces de Jacob, el suplantador, a Israel, que significa príncipe de Dios. “Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”. Era Cristo quien estuvo con Jacob aquella noche; con él luchó; a él retuvo con perseverancia hasta que éste lo bendijo. HR 97.2

El Señor escuchó las súplicas de Jacob y cambió los propósitos del corazón de Esaú. No sancionó, sin embargo, su conducta equivocada. Su vida estuvo llena de dudas, perplejidades y remordimientos por causa de su pecado, hasta el momento cuando luchó fervientemente con el ángel, y tuvo la evidencia de que Dios lo había perdonado. HR 98.1

“Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Betel le halló, y allí habló con nosotros. Mas Jehová es Dios de los ejércitos; Jehová es su nombre”. Oseas 12:4, 5. HR 98.2

Esaú marchaba entretanto frente a un ejército contra Jacob, con el propósito de darle muerte. Pero mientras éste luchaba con el ángel aquella noche, otro ángel fue enviado para tocar el corazón de Esaú mientras dormía. En su sueño vio a su hermano exiliado por veinte años de la casa de su padre, porque temía por su vida. Y notó su dolor al enterarse de que su madre había muerto. Vio la humildad de Jacob y a los ángeles de Dios que lo rodeaban. Soñó que cuando lo encontrara ya no tendría la intención de causarle daño. Cuando despertó contó su sueño a sus cuatrocientos hombres y les dijo que no le hicieran mal, pues el Dios de su padre estaba con Jacob. Y cuando se encontraran con él, ninguno de ellos debería hacerle daño. HR 98.3

“Alzando Jacob sus ojos, miró, y he aquí que venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él... Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. Pero Esaú corrió a su encuentro y lo abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron”. Jacob insistió para que Esaú aceptara una ofrenda de paz, pero él la rechazó. Jacob lo instó diciéndole: “Acepta, te ruego, mi presente que te he traído, porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío. E insistió con él, y Esaú lo tomó”. HR 98.4