Testimonios Selectos Tomo 4

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Una distinción injustificada

Algunos han asumido la actitud de que las amonestaciones, cauciones y reproches dados por el Señor mediante su sierva, a menos que vengan por medio de una visión especial para algún caso individual, no deben tener más peso que los consejos y amonestaciones de otras fuentes. En algunos casos se ha dicho que al dar un testimonio para las iglesias o las personas, yo había escrito inducida por cartas recibidas de miembros de la iglesia. Ha habido quienes sostenían que los testimonios que pretendían ser dados por el Espíritu de Dios eran simplemente la expresión de mi propio juicio, basado en información obtenida en fuentes humanas. Esta declaración es completamente falsa. No obstante, si en respuesta a alguna pregunta, declaración o pedido de las iglesias o personas, se escribe un testimonio presentando la luz que Dios ha dado concerniente a ellas, el hecho de que haya surgido de esta manera no le resta en forma alguna validez ni importancia. He transcripto del Testimonio 31 algunos párrafos que tratan directamente de este punto: 4TS 232.2

“¿Qué sucedía con el apóstol Pablo? Las noticias que recibió de la casa de Cloe acerca de la condición de la iglesia de Corinto fueron las que le indujeron a escribir su primera epístola a aquella iglesia. Le habían llegado cartas privadas declarando los hechos tales como existían, y en respuesta trazó los principios generales que, si se seguían, corregirían los males existentes. Con gran ternura y sabiduría, exhortó a todos a hablar las mismas cosas a fin de que no hubiese divisiones entre ellos. 4TS 232.3

“Pablo era un apóstol inspirado; sin embargo el Señor no le reveló en todas las ocasiones la condición de su pueblo. Los que se interesaban en la prosperidad de la iglesia, y veían penetrar los males, le presentaron el asunto, y gracias a la luz que había recibido previamente, él estaba preparado para juzgar el verdadero carácter de esos sucesos. Los que estaban buscando realmente la luz no rechazaron su mensaje como si fuese una carta común, porque el Señor no le había dado una nueva revelación para aquel tiempo especial. De ningún modo. El Señor le había mostrado las dificultades y peligros que se levantarían en las iglesias, para que cuando surgiesen, supiese tratarlos. 4TS 233.1

“Había sido designado para defender la iglesia; debía velar por las almas como quien debía dar cuenta a Dios; ¿no debiera haber prestado atención a los informes concernientes a su estado de anarquía y división? Por cierto que sí; y el reproche que él les mandó fué escrito bajo la inspiración del Espíritu de Dios tanto como cualquiera de sus epístolas. Pero cuando estos reproches vinieron, algunos no quisieron ser corregidos. Asumieron la actitud de que Dios no les había hablado por medio de Pablo, que él les había dado simplemente su opinión como hombre, y consideraron su propio juicio tan bueno como el de Pablo. Así también sucede con muchos de nuestros hermanos que se han apartado de los antiguos hitos, y que han seguido su propio sentimiento.” 31 4TS 233.2

Cuando nuestro pueblo asume esa actitud, las amonestaciones y consejos especiales de Dios por medio del espíritu de profecía no pueden tener influencia en ellos para obrar una reforma en la vida y el carácter. El Señor no da una visión para hacer frente a cada emergencia que se levante en las diferentes actitudes de su pueblo en el desarrollo de su obra. Pero él me ha mostrado que fué la manera de tratar con su iglesia en las edades pasadas, impresionar la mente de sus siervos escogidos con las necesidades y peligros de su causa y de las personas, e imponerles la carga del consejo y la amonestación. 4TS 233.3

Así en muchos casos Dios me ha dado luz acerca de defectos peculiares de carácter en miembros de la iglesia, y de los peligros que corre la persona y la causa si estos defectos no se suprimen. En ciertas circunstancias hay peligro de que se desarrollen fuertemente y se confirmen malas tendencias, perjudicando la causa de Dios, y arruinando a la persona. A veces, cuando peligros especiales amenazan la causa de Dios o a individuos en particular, me llega una comunicación del Señor, en un sueño o una visión de la noche, y estos casos me son presentados vívidamente. Oigo una voz que me dice: “Levántate y escribe; estas almas están en peligro.” Obedezco al impulso del Espíritu de Dios, y mi pluma traza su verdadera condición. Mientras viajo, y estoy delante de los hermanos en diferentes lugares, el Espíritu del Señor me recuerda claramente los casos que me han sido mostrados, reviviendo el asunto que me fué mostrado anteriormente. 4TS 234.1

Durante los últimos cuarenta y cinco años el Señor me ha estado revelando las necesidades de su causa, y los casos de diferentes personas en todos los aspectos de la vida, mostrando dónde y cómo habían dejado de perfeccionar el carácter cristiano. Me ha sido presentada la historia de centenares de casos, indicándoseme claramente lo que Dios aprueba, y lo que Dios condena. Dios me ha mostrado que si se sigue cierta conducta, o se albergan ciertos rasgos de carácter, se producirán ciertos resultados. Así me ha estado preparando y disciplinando a fin de que pudiese ver los peligros que amenazan a las almas, e instruir y amonestar a sus hijos, renglón tras renglón, precepto tras precepto, a fin de que no ignorasen los designios de Satanás y pudiesen escapar a sus trampas. 4TS 234.2

La obra que el Señor me ha impuesto especialmente, consiste en instar a jóvenes y ancianos, sabios e ignorantes a escudriñar las Escrituras por sí mismos; inculcar en todos el hecho de que el estudio de la Palabra de Dios expandirá la mente y fortalecerá toda facultad, haciendo idóneo el intelecto para luchar con los problemas de la verdad, profundos y abarcantes; asegurar a todos que el claro conocimiento de la Biblia supera a todo otro conocimiento en cuanto a hacer del hombre lo que Dios quería que fuese. “El principio de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.” 32 Con la luz comunicada por el estudio de su Palabra, con el conocimiento especial dado de los casos individuales entre su pueblo bajo todas las circunstancias y en todas las fases de la vida ¿puedo yo estar ahora en la misma ignorancia, la misma incertidumbre mental y ceguera espiritual que al principio de mi ministerio? ¿Dirán mis hermanos que la Hna. White ha sido una alumna tan torpe que su juicio en esta dirección no es mejor que antes de que entrase en la escuela de Cristo, para ser preparada y disciplinada para una obra especial? ¿No soy más inteligente acerca de los deberes y peligros del pueblo de Dios que aquellos a quienes nunca han sido presentadas estas cosas? No quisiera deshonrar a mi Hacedor admitiendo que toda esta luz, toda la manifestación de su gran poder en mi obra y experiencia ha sido inútil, que no ha educado mi juicio ni me ha preparado para su obra. 4TS 235.1

Cuando veo a hombres y mujeres que adoptan la conducta, o albergan los mismos rasgos que han puesto en peligro a otras almas y herido la causa de Dios, y que el Señor ha reprendido vez tras vez, ¿cómo puedo sino sentir alarma? Cuando veo almas tímidas cargadas con el sentimiento de sus imperfecciones, y sin embargo luchando concienzudamente para hacer lo que Dios ha dicho que es correcto, y sé que el Señor aprueba sus fieles esfuerzos, ¿no hablaré una palabra de aliento a esos pobres corazones temblorosos? ¿Callaré porque cada caso individual no me ha sido señalado en visión directa? 4TS 235.2

Dios me ha dado una notable y solemne experiencia en relación con su obra; podéis tener la seguridad de que mientras tenga vida, no cesaré de elevar una voz de amonestación según sea impresionada por el Espíritu de Dios, quieran o no los hombres oírla o tolerarla. No tengo sabiduría especial en mí misma; soy tan sólo un instrumento en las manos del Señor para hacer la obra que él me ha asignado. Las instrucciones que he dado por pluma o voz han sido una expresión de la luz que Dios me ha dado. He presentado los principios que el Espíritu de Dios ha estado impresionando durante años en mi mente y escribiendo en mi corazón. 4TS 236.1

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Y ahora, hermanos os suplico que no os interpongáis entre mí y el pueblo, para desviar la luz que Dios quiere que llegue a él. No quitéis por vuestras críticas toda la fuerza, toda la agudeza y poder de los Testimonios. 4TS 236.2