Testimonios Selectos Tomo 3

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Calificaciones para el ministerio

Con frecuencia se perjudica grandemente a nuestros jóvenes permitiéndoles que comiencen a predicar cuando no tienen suficiente conocimiento de las Escrituras para presentar nuestra fe de una manera inteligente. Algunos de los que entran en el campo son meros novicios en las Escrituras. En otras cosas, son también incompetentes y deficientes. No pueden leer las Escrituras sin vacilar, equivocar las palabras, y mezclarlas de una manera que maltrata a la Palabra de Dios. Los que no están calificados para presentar la verdad debidamente deben preocuparse de su deber. Les corresponde el puesto de discípulos y no el de maestros. Los jóvenes que deseen prepararse para el ministerio quedarán grandemente beneficiados por asistir a nuestros colegios; pero necesitan aun otras ventajas para calificarse como oradores aceptables. Debe emplearse un maestro que enseñe a los jóvenes a hablar sin cansar los órganos vocales. Sus modales también deben recibir atención. 3TS 327.4

Algunos jóvenes que entran en el campo no tienen éxito en enseñar la verdad a otros porque no han sido educados ellos mismos. Los que no pueden leer correctamente deben aprender, y deben poder enseñar antes de intentar ponerse delante del público. Los maestros de nuestras escuelas están obligados a aplicarse detenidamente al estudio, a fin de estar preparados para instruir a otros. Estos maestros no son aceptados hasta que hayan pasado un examen crítico y su capacidad de enseñar haya sido probada por jueces competentes. No deben emplearse menos precauciones para examinar los predicadores; los que están por entrar en la obra sagrada de enseñar la verdad bíblica al mundo deben ser examinados cuidadosamente por personas fieles y de experiencia. 3TS 328.1

Después que estos jóvenes han tenido cierta experiencia, queda aún otra obra que hacer para ellos; deben ser presentados delante del Señor en ferviente oración para que él indique por su Espíritu Santo si son aceptables para él. El apóstol dice: “No impongas de ligero las manos a ninguno.” En los días de los apóstoles, los ministros de Dios no se atrevían a confiar en su propio juicio para elegir o aceptar hombres que debían asumir la solemne y sagrada posición de portavoces de Dios. Elegían a los hombres que su juicio aceptaba, y luego los presentaban al Señor para ver si él aceptaba que ellos saliesen como representantes suyos. No debiera hacerse menos hoy. 3TS 328.2

En muchos lugares encontramos hombres que han sido puestos apresuradamente en posiciones de responsabilidad como ancianos de la iglesia, cuando no estaban calificados para dicho puesto. No tienen el debido gobierno sobre sí mismos. Su influencia no es buena. La iglesia está continuamente en dificultades como consecuencia del carácter deficiente de su director. Se ha impuesto las manos a estos hombres con excesiva premura. 3TS 329.1

Los ministros de Dios deben ser de buena reputación, capaces de manejar discretamente un interés después que lo han despertado. Tenemos mucha necesidad de hombres competentes que reporten honor en vez de vergüenza a la causa que representan. Los ministros deben ser examinados especialmente para ver si tienen una comprensión inteligente de la verdad para este tiempo, de manera que puedan dar un discurso bien hilvanado acerca de las profecías o de temas prácticos. Si no pueden presentar con claridad los temas bíblicos, necesitan ser todavía oyentes y aprendices. Deben escudriñar las Escrituras con fervor y oración, y familiarizarse con ellas a fin de poder enseñar la verdad bíblica a otros. Todas estas cosas deben considerarse con cuidado y oración antes que se envíe con premura a los hombres al campo de labor. 3TS 329.2