Testimonios Selectos Tomo 1

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Tiempo de preparación

Cada momento me parecía de extrema importancia. Comprendía que estábamos trabajando para la eternidad y que los descuidados e indiferentes corrían gravísimo peligro. Mi fe era clara y me apropiaba las preciosas promesas de Jesús, que había dicho a sus discípulos: “Pedid, y se os dará.” Creía yo firmemente que cuanto pidiera en armonía con la voluntad de Dios se me concedería sin duda alguna, y así me postraba humildemente a los pies de Jesús con mi corazón armonizado con su voluntad. 1TS 51.2

A menudo visitaba diversas familias, y oraba fervorosamente con aquellos que se sentían oprimidos por temores y desaliento. Mi fe era tan fuerte que ni por un instante dudaba de que Dios iba a contestar mis oraciones. Sin una sola excepción, la bendición y paz de Jesús descendían sobre nosotros en respuesta a nuestras humildes peticiones, y la luz y esperanza alegraban el corazón de quienes antes desesperaban. 1TS 51.3

Confesando humildemente nuestros pecados, después de examinar con todo escrúpulo nuestro corazón, y orando sin cesar, llegamos al tiempo de la expectación. Cada mañana era nuestra primera tarea asegurarnos de que andábamos rectamente a los ojos de Dios, pues teníamos por cierto que de no adelantar en santidad de vida, sin remedio retrocederíamos. Aumentaba el interés de unos por otros, y orábamos mucho en compañía y cada uno por los demás. Nos reuníamos en los huertos y arboledas para comunicarnos con Dios y ofrecerle nuestras peticiones, pues nos sentíamos más plenamente en su presencia al vernos rodeados de sus obras naturales. El gozo de la salvación nos era más necesario que el alimento corporal. Si alguna nube obscurecía nuestra mente, no descansábamos ni dormíamos hasta disiparla con el convencimiento de que el Señor nos había aceptado. 1TS 52.1