Servicio Cristiano

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El ministerio de la página impresa

Una obra de primera importancia

Si hay una obra más importante que otra, es la de presentar al público nuestras publicaciones, induciéndolo así a escudriñar las Escrituras. La obra misionera—que consiste en introducir nuestras publicaciones en el seno de las familias, conversar y orar con ellas,—es una obra buena.—El Colportor Evangélico, 14. SC 181.1

Que cada adventista se pregunte: “¿Qué puedo hacer yo para proclamar el mensaje del tercer ángel?” Cristo vino a este mundo para dar su mensaje a su siervo a fin de que éste lo transmitiera a las iglesias. Ha de ser proclamado a toda nación, tribu, lengua y pueblo. ¿Cómo hemos de darlo? La distribución de nuestras publicaciones es un medio por el cual el mensaje ha de proclamarse. Que cada creyente disemine folletos y libros que contienen el mensaje para este tiempo. Se necesitan colportores que salgan para hacer circular nuestras publicaciones por doquier.—The Southern Watchman, 5 de junio de 1904. SC 181.2

Los libros y periódicos son los medios dispuestos por el Señor para mantener constantemente el mensaje para este tiempo delante de la gente. En cuanto a iluminar y confirmar a la gente en la verdad, las publicaciones harán una obra mayor que el solo ministerio de la palabra hablada. Los mensajeros silenciosos que son colocados en los hogares de la gente por la obra del colportor, fortalecerán la obra del ministerio evangélico de todas maneras, porque el Espíritu Santo impresionará la mente de los que lean los libros, como impresiona la mente de los que escuchan la predicación de la Palabra. El mismo ministerio de los ángeles que acompaña a la obra del predicador, acompaña también a los libros que contienen la verdad.—Joyas de los Testimonios 2:534, 535. SC 181.3

No dejéis que languidezca la obra del colportaje. Que los libros que contienen la luz de la verdad presente sean colocados ante tantas personas como sea posible. Los presidentes de nuestras asociaciones y otros que ocupan puestos de responsabilidad tienen un deber en este asunto.—The Southern Watchman, 25 de abril de 1905. SC 182.1

El mundo debe recibir la luz de la verdad por el ministerio evangelizador de la Palabra, efectuado por nuestros libros y periódicos. Nuestras publicaciones deben mostrar que el fin de todas las cosas está próximo.—Joyas de los Testimonios 3:311. SC 182.2

Dios llama a sus hijos a actuar como hombres vivos, y a no ser indolentes, perezosos e indiferentes. Debemos llevar las publicaciones al pueblo y urgirlo a aceptarlas.—The Southern Watchman, 25 de abril de 1905. SC 182.3

Nuestras publicaciones están sembrando ahora la simiente evangélica, y son los instrumentos para atraer a tantas almas a Cristo como la palabra predicada. Iglesias enteras han sido suscitadas como resultado de su circulación. En esta obra puede tomar parte todo discípulo de Cristo.—The Review and Herald, 10 de junio de 1880. SC 182.4

Un mensajero celestial estaba en nuestro medio, y pronunció palabras de advertencia y de instrucción. Nos hizo comprender con toda claridad que el Evangelio del reino es el mensaje por cuya falta el mundo perece, y que este mensaje, contenido en nuestras publicaciones ya existentes y en aquellas que aún han de aparecer debería hacerse circular entre la gente de cerca y lejos,—Joyas de los Testimonios 3:317. SC 182.5

La obra con nuestros libros debe ser el medio de dar rápidamente la sagrada luz de la verdad presente al mundo.—Testimonies for the Church 9:69. SC 183.1

Satanás está ocupado en este departamento de su obra, difundiendo publicaciones que están degradando la moral y emponzoñando las mentes de los jóvenes. Las publicaciones ateas son diseminadas por todo el país. ¿Por qué no debiera cada miembro de la iglesia estar tan profundamente interesado en enviar publicaciones que eleven las mentes de la gente y le presenten directamente la verdad? Estas hojas impresas y folletos son para iluminar al mundo, y siempre han sido instrumentos en la conversión de almas.—The Review and Herald, 10 de junio de 1880. SC 183.2

Hemos permanecido como adormecidos en lo que atañe a la obra que puede ser cumplida por la difusión de libros bien preparados. Prediquemos ahora mismo la Palabra con energía resuelta, por el uso juicioso de periódicos y libros, de manera que el mundo comprenda el mensaje que Jesús dió a Juan en la isla de Patmos.—Joyas de los Testimonios 3:311, 312. SC 183.3

Miembros de iglesia, despertaos a la importancia de la circulación de nuestras publicaciones, y dedicad más tiempo a esta obra. Colocad en los hogares de la gente revistas, folletos y libros que prediquen el Evangelio en sus diversos aspectos. No hay tiempo que perder. Que muchos se consagren voluntariamente y en forma abnegada a la obra del colportaje, y así ayuden a hacer resonar la advertencia que tanto se necesita. Cuando la iglesia se haga responsable de la obra que se le ha señalado, saldrá “hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden”.—The Southern Watchman, 20 de noviembre de 1902. SC 183.4

La luz de la verdad está derramando sus brillantes rayos sobre el mundo por medio del esfuerzo misionero. La prensa es un instrumento por medio del cual son alcanzados muchos que sería imposible alcanzar por el esfuerzo ministerial.—Joyas de los Testimonios 2:129. SC 184.1

La noche de la prueba va llegando a su fin. Satanás recurre a toda su potencia porque sabe que le queda poco tiempo. Dios castiga al mundo para invitar a todos los que conocen la verdad a esconderse en la Roca y a contemplar la gloria de Dios. No es el momento de encubrir la verdad. Deben hacerse declaraciones positivas. La verdad debe ser expuesta sin disfraz en folletos y libritos, y éstos deben esparcirse como caen las hojas de los árboles en el otoño.—Joyas de los Testimonios 3:394. SC 184.2

Se necesitan colportores para realizar la tarea de llevar estos mensajeros silenciosos de la verdad a la gente: colportores que sientan una responsabilidad por las almas, que puedan hablar palabras en sazón a los que buscan la luz. Algunos pueden decir: “Yo no soy predicador; no puedo predicar al pueblo.” Es probable que no podáis predicar, pero podéis ser evangelistas ministrando a las necesidades de los que se relacionan con vosotros; podéis ser la mano ayudadora de Dios, trabajando como lo hicieron los discípulos; podéis preguntar a aquellos con quienes os encontráis si aman al Señor Jesús.—The Southern Watchman, 20 de noviembre de 1902. SC 184.3