Nuestra Elevada Vocacion

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Cultivando el jardín de Dios, 10 de abril

Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2. NEV 108.1

El hombre, el hombre caído, puede ser transformado por la renovación de la mente, para que pueda experimentar “cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. ¿Cómo puede experimentar esto? Mediante el Espíritu Santo que toma posesión de su mente, espíritu, corazón y carácter.—Manuscrito 1a, 1890, pp. 9. NEV 108.2

La escoria de los principios y las prácticas dudosos, debe ser barrida. El Señor quiere que la mente se renueve, y que el corazón sea lleno de los tesoros de verdad.—Manuscrito 24, 1901, pp. 12, 13. NEV 108.3

La verdad tiene la facultad de elevar al que la recibe. Tiene una influencia santificadora sobre la mente y el carácter. ... Únicamente a través del mejoramiento continuo de las facultades intelectuales y morales, podemos esperar responder a los propósitos de nuestro Creador. ... NEV 108.4

El cristiano debe poseer una inteligencia mayor y un discernimiento más agudo que el mundano. El estudio de la Palabra de Dios expande continuamente la mente, y fortalece el intelecto. No hay nada que eleve y refine el carácter como ello, y que vigorice cada facultad, como el ejercicio continuo de la mente para posesionarse y comprender las nobles e importantes verdades. La mente humana se empequeñece y debilita cuando se espacia únicamente en las cosas comunes, sin levantarse nunca por encima del nivel del tiempo y los sentidos para apoderarse de los misterios de lo invisible. El entendimiento es llevado gradualmente al nivel de las cosas con las cuales se familiariza constantemente. ... El hombre no necesita dejar de crecer intelectual ni espiritualmente durante toda su vida.—Manuscrito 59, 1897, pp. 1, 2. NEV 108.5

Hemos de cultivar los talentos que Dios nos ha dado. Son sus dones, y deben utilizarse en la debida relación unos con otros, para configurar un todo perfecto. Dios da los talentos, las facultades de la mente; el hombre hace el carácter. La mente es el jardín de Dios, el hombre debe cultivarla cuidadosamente a fin de formar un carácter a la semejanza divina.—Carta 73, 1889, pp. 4. NEV 108.6