Nuestra Elevada Vocacion

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El peligro de la prosperidad, 2 de julio

Si se aumentare la hacienda, no pongáis el corazón en ella. Salmos 62:10. NEV 191.1

Entre los peligros más grandes que amenazan a la iglesia, está el amor al mundo. De él surgen los pecados del egoísmo y la codicia. Es el caso de muchos, que cuanto más obtienen de los tesoros mundanales tanto más fijan sus afectos en ellos, y todavía buscan más. ... NEV 191.2

Satanás utiliza todo medio que puede inventar para descarriar a los seguidores de Cristo. Con una maravillosa habilidad y astucia él adapta sus tentaciones al temperamente particular de cada uno. Los que son naturalmente egoístas y codiciosos, a menudo son tentados por él al arrojarles la prosperidad en su camino. El sabe que si no vencen su temperamento natural, el amor a Mammón los hará tropezar y caer. A menudo se cumple su propósito. Cuando se les ofrecen las riquezas del mundo, muchos se apoderan ansiosamente del tesoro y piensan que son admirablemente prosperados. El fuerte amor al mundo pronto ahoga el amor a la verdad. ... NEV 191.3

Si aquellos que así son prosperados pusieran sus posesiones sobre el altar de Dios, podrían vencer su espíritu egoísta y codicioso, y desbaratar de esta manera los designios de Satanás. NEV 191.4

Las riquezas mundanas pueden transformarse en una bendición si son usadas correctamente. Todos los que las poseen debieran comprender que les son prestadas por Dios, para ser empleadas en su servicio. Dando abundantemente para el avance de la causa de la verdad y para aliviar las necesidades de los pobres, podrían ser el medio para salvar a otros, y así proporcionar bendición a sus propias almas aquí, y hacer en el cielo un tesoro que será suyo en el más allá. ... NEV 191.5

Sin embargo, muchos ignoran en qué consiste esa abnegación, o en qué consiste el sacrificio por la verdad. Pero nadie entrará al cielo sino por el mismo camino de la humillación, de la abnegación, y de llevar la cruz, que el Señor recorrió. Sólo aquellos que están deseando sacrificarlo todo por la vida eterna, lo conseguirán; pero es digna de que se sufra por ella, de que se crucifique el yo, y de que se sacrifique todo ídolo por ella. El eterno peso de gloria excederá todo tesoro terrenal y eclipsará toda atracción terrena.—The Review and Herald, 4 de septiembre de 1883. NEV 191.6